Veinte días que conmovieron a México

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Por: Rosalio Morales Vargas

          I

Ni la euforia de un mundial de futbol mercantilizado hasta la náusea, ni las andanadas admonitorias emitidas cotidianamente desde el escaparate de las “mañaneras”, ni las campañas de virulencia verbal atizadas por la derecha fundamentalista, ni los gritos estentóreos descalificantes del magisterio en lucha, ni los denuestos lanzados por el sector más dogmático de la 4T, ni la acción conjunta de Tláloc, Eolo y Vulcano; pudieron agrietar la dignidad y el empuje de miles de trabajadores y trabajadoras de la educación encabezados por la CNTE (Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación) que se declararon en huelga y movilización en buena parte del país del 1 al 20 de junio del presente año.

No fue un acontecimiento repentino, apresurado o producto de caprichos, sino una acción planificada, consensada y anunciada desde el repliegue táctico de 2025. Pero además representó la continuidad de una brega antigua que se remonta a dos décadas atrás, durante la cual se ha combatido sin tregua a la imposición de una reforma profundamente neoliberal, urdida y aprobada en el oscuro sexenio de Felipe Calderón: la ley del ISSSTE de 2007, que despojó a millones de trabajadores del sector público de la posibilidad de una pensión digna al final de su vida laboral. La abrogación de dicha ley esta en el centro del combate actual del magisterio agrupado en la CNTE, pero cuya influencia trasciende sus estructuras organizativas.

La CNTE desde su fundación en 1979, a mitad del sexenio “de la administración de la abundancia” presidido por José López Portillo, no ha tenido punto de reposo en la pelea de masas por un mejor reparto del producto social. No otra cosa es la actual batalla por el salario y las pensiones, en confrontación abierta con los parasitarios banqueros dueños de las Afores. Si pudiéramos caracterizar a al CNTE en unas cuantas líneas, diríamos, que representa la revuelta popular prolongada cuyo objetivo es recuperar los derechos conculcados por un acto de despojo; una voz contra el saqueo de las condiciones de vida y de trabajo; una rebelión de las conciencias por un futuro digno; un faro de esperanza para las nuevas generaciones condenadas a la miseria y un símbolo de la resistencia popular contra un sistema inicuo de expolio y explotación.

       II

La CNTE no es perfecta, la perfección, parafraseando a Eduardo Galeano, “es el atributo aburridísimo de los dioses”; pero sí muestra los rasgos de los movimientos sociales antisistémicos: arremete contra las burocracias y el autoritarismo, desarrolla modos de contrapoder de base, diversifica las formas de lucha y utiliza métodos de acción colectiva no convencionales (consultas asamblearias, acotamiento de dirigencias, tácticas que combinan movilización y negociación). A contrapelo de quienes la consideran instalada en el gremialismo perenne; al tiempo de reclamar sus demandas propias, la CNTE se manifiesta contra el imperialismo y el fascismo, se solidariza con los pueblos de Palestina, Cuba y Venezuela, respalda al normalismo y exige verdad y justicia por los 43 de Ayotzinapa. Simultáneamente edifica en las aulas y comunidades una educación democrática, crítica y popular y emprende jornadas de concientización y formación política al lado de intelectuales de avanzada.

A partir del 1 de junio numerosos actores incrementaron su actividad, ya sea apoyando o criminalizando al movimiento magisterial. Del bando conservador, independientemente de la retórica utilizada, se articulan en sus diatribas los magnates de las finanzas, los poderes del Estado movidos entre contradicciones, los charros sindicales mutantes de colores partidarios, una abigarrada y dispar clase media pretenciosa y aspiracionista que se irrita ante las demostraciones de descontento, y los jilgueros de los medios de comunicación tradicionales, entre otros. Todos ellos escurriendo rencor, clamando por el desalojo de los profesores del zócalo capitalino. Lo triste es ver sumarse a ese coro a una franja de militantes de Morena y la 4T, que pronto olvidaron cuando en el 2006, a días del fraude electoral calderonista ocuparon la Plaza de la Constitución y bloquearon el Paseo de la Reforma durante un mes y medio. Por cierto, a ese llamado acudimos miles de maestros del país. Pero a menudo, para algunos, la memoria es flaca, discriminatoria e interesada.

Apoyando con presencia física, avituallamiento y opiniones favorables a la huelga magisterial se encuentra una amalgama de organizaciones, frentes de lucha, movimientos populares, partidos de izquierda no registrados, sectores de Morena, intelectuales progresistas, centrales de trabajadores, grupos rebeldes de ambientalistas, de mujeres, de solidaridad internacional; que observan en el movimiento democrático del magisterio una posibilidad de articular luchas contra los efectos nocivos del sistema capitalistas y sus relaciones sociales. En un mundo donde el belicismo imperialista se exacerba, se confiscan los bienes de los pueblos pobres por el nuevo colonialismo depredador y se despoja al mundo del trabajo de sus derechos laborales, conquistados por las generaciones precedentes; es gratificante participar en las luchas emancipatorias de nuestro tiempo, las cuales representan la llave para arribar a otra manera de ser y estar sobre la tierra.

         III

No es que no tengamos limitaciones e incluso errores, ni que nos sintamos depositarios de la verdad absoluta, estamos en un proceso inacabado en el que, aun haciendo gala de todo el heroismo, entrega y espíritu solidario, en la CNTE es urgente que perfeccionemos y pulamos nuestros dispositivos estratégicos, tácticos y éticos. En un planeta en llamas y en un país azotado por la violencia criminal es preciso ensayar con mayor profusión y continuidad diversas modalidades de resistencia civil pacífica, practicar la no violencia activa, que no quiere decir pasividad o resignación, dar saltos en la convivialidad democrática y revolucionaria, extender la pedagogía del ejemplo como educadores -educandos por una sociedad nueva sin explotación, abusos ni privilegios, construir trincheras de ideas liberadoras y sólidas barricadas de argumentos, derruir en la lucha por la vida, a la internacional del odio y la devastación y reinventarnos constantemente al perseguir sin descanso el lejano horizonte de la utopía, pasando de la teoría y práctica de la guerra justa a la de la paz con justicia, igualdad y dignidad; dejando aquélla para casos extremos de acoso de las mafias o invasión del territorio, pero siempre con aquiescencia comunitaria.

Es de vital importancia mostrarle al pueblo de México que la lucha del magisterio insurgente no esta disociada de la de las capas más necesitadas de la población y la asumimos, haciendo efectiva en los hechos, la demanda urgente, necesaria y posible de primero los pobres, pero no como demagogia discursiva ni como dádiva clientelar, sino como un derecho irrenunciable. Desde el gobierno se ha gritado hasta el cansancio, que no es falta de voluntad sino limitación del presupuesto lo que impide cumplir la exigencia de abrogación de la ley del ISSTE del 2007. Entonces un punto medular de las próximas movilizaciones es reclamar otro presupuesto y que se modifique de tajo la manera de recaudar y repartir, poniendo el acento en no postergar hasta las calendas griegas una reforma fiscal radical y una renegociación de la deuda publica, a fin de dotar de recursos a la hacienda nacional, para atender los problemas inaplazables y necesidades prioritarias del pueblo mexicano, para esto se necesita romper con el cordón umbilical que une al gobierno con el gran capital.

Necesitamos mayores niveles de unidad y compromiso político con organizaciones autónomas y revolucionarias, y arrebatarles a los charros sindicales el timón de nuestra organización gremial desde las bases. Otra posibilidad de desarrollo consiste en fundir nuestra actual lucha con el Encuentro por el Diálogo Nacional de Organizaciones y Movimientos Sociales, con el EZLN y las comunidades indígenas que luchan por sus derechos humanos y ambientales (Ohuira, Ostula, la Montaña Baja de Guerrero). Ahora más que nunca es un imperativo ético y una necesidad política enarbolar la consigna de Lucio Cabañas “ser pueblo, hacer pueblo y estar con el pueblo”. Esto se logra luchando por los más desprotegidos, por los condenados de la tierra, acompañarles en sus luchas, lo mismo en el país que en escala internacional. En lo estratégico tenemos que definir con claridad cuál es el enemigo principal a vencer en cada periodo de la lucha, conocer la fuerza del adversario y la propia e intentar comprender la totalidad de los factores que inciden en la situación concreta; en lo táctico encontrar soluciones en cada paso que demos, aprovechando nuestras ventajas, saber elegir el momento y comprender las peculiaridades del combate social en curso; en lo ético, apoyarnos en la certeza de nuestras demandas y la capacidad persuasiva con otros sectores del pueblo explotado.

De esta forma podemos atajar y vencer a la contrarrevolución fascista y el entronizamiento de la ultraderecha y a la vez, entender que las grandes transformaciones no provendrán de ningún gobierno por progresista que se diga, se necesita del concurso de un pueblo organizado y demandante de cambios no cosméticos ni superficiales, sino de fondo,que en vez de beneficiar a las castas avariciosas lo hagan con el pueblo marginado. El mérito de la CNTE en esta coyuntura y otras anteriores es haber colocado en su flanco a lo mejor de la intelectualidad y el periodismo crítico, cuestionar el monólogo disfrazado de las instancias oficiales, exhibir la falsedad de un gobierno con fraseología de izquierda pero neoliberal en sus políticas fundamentales, mostrar los despojos de un charrismo sindical camaleónico y oportunista, desplegar una energía social inusitada, potenciar alianzas estratégicas con otras organizaciones combativas, tremolar la bandera de quien gobierne quien gobierne los derechos se defienden. A pesar de no alcanzar en esta etapa los objetivos centrales, en la CNTE no hay derrota porque su moral se mantiene incólume. La CNTE vive, la lucha sigue.