Las raíces de una transformación

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Por: Patricio Rodriguez Palma

Hay personajes cuya importancia histórica trasciende los cargos que ocuparon. Benito Juárez y el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas pertenecen a épocas distintas y enfrentaron circunstancias muy diferentes, pero ambos representan momentos fundamentales en la transformación política y social de México.

Juárez nació en 1806 en San Pablo Guelatao, Oaxaca, en una familia indígena zapoteca. Su infancia transcurrió en condiciones de pobreza y lejos de los privilegios de las élites de su tiempo. Llegó a convertirse en presidente de México y encabezó una profunda transformación del Estado mexicano. Las Leyes de Reforma, la defensa de la soberanía nacional y la consolidación de las instituciones republicanas marcaron su legado. Su historia representa también la llegada de un hombre indígena a los espacios de poder de una sociedad profundamente desigual.

Más de un siglo después, Cuauhtémoc Cárdenas protagonizaría otro capítulo decisivo. En 1987 encabezó la Corriente Democrática y, con su candidatura presidencial de 1988, contribuyó a articular una amplia movilización social que cuestionó el sistema político de partido hegemónico. Su trayectoria fue fundamental para la construcción de una izquierda democrática organizada en México.

Juárez transformó las instituciones de un país que buscaba consolidarse como nación independiente. Cárdenas contribuyó a abrir una ruta para democratizar un sistema político que necesitaba escuchar otras voces. Ambos nos recuerdan que las grandes transformaciones comienzan cuando alguien se atreve a cuestionar el orden establecido.

Tengo un recuerdo personal del ingeniero Cárdenas que conservo con especial cariño.

En 1994, después de realizar una gira por el noroeste del estado, el ingeniero transitaba por Temosáchic, un pueblo que atraviesa la carretera y por el que necesariamente hay que pasar para continuar hacia otros destinos. De manera bastante improvisada, reuní alrededor de cien personas para recibirlo y saludarlo a su paso.

La intención era sencilla: hacerle saber que en aquel pequeño pueblo había gente que compartía sus ideales y respaldaba su proyecto. Aquella recepción terminó comprometiéndolo a detenerse y dirigir unas palabras a quienes nos habíamos reunido para verlo.

Éramos pocos. El PRD municipal apenas comenzaba a organizarse y quienes participábamos en aquella causa sabíamos que el camino sería largo. Sin embargo, nunca decayó el ánimo ni la esperanza de ver triunfar a la izquierda mexicana.

En aquellos años pensábamos que sería Cuauhtémoc Cárdenas quien llegaría a la Presidencia. La historia tomó otro rumbo y años después sería Andrés Manuel López Obrador quien encabezaría esa transformación. Lo recuerdo con satisfacción, sin ninguna nostalgia por lo que pudo haber sido: cada etapa tuvo sus protagonistas y todas forman parte de una misma historia de lucha democrática.

También pienso en mis propias raíces. Crecí en Tónachi, una comunidad indígena de Guachochi, y cursé mis primeros estudios en una escuela indígena. Después me trasladé a la cabecera municipal para estudiar secundaria y preparatoria. La vida me llevó a Temosáchic, donde viví doce años, y me permitió conocer prácticamente todo Chihuahua, municipio por municipio.

Ese recorrido ha fortalecido mi interés por las causas sociales y mi convicción de que las comunidades deben tener oportunidades reales de participar en las decisiones que determinan su futuro.

Hoy, cuando hablamos de transformación, debemos recordar a quienes comenzaron estas luchas cuando parecían lejanas sus posibilidades de triunfo. También debemos mirar hacia nuestras comunidades indígenas, donde existen generaciones de hombres y mujeres preparados que merecen ocupar espacios de representación y gobierno.

Los movimientos políticos necesitan conservar sus principios y cuidar a las personas que los representan. La honra y la honestidad deben ser los faros morales de cualquiera que aspire a un cargo público. La confianza de la gente se construye con años de trabajo y se honra con cada decisión.

Desde Guelatao hasta Tónachi, desde las luchas de Juárez hasta aquellas pequeñas reuniones que hicieron posible el crecimiento de la izquierda mexicana, existe una historia de personas que se negaron a aceptar que su origen o sus circunstancias determinaran su destino.

Porque ninguna transformación comienza siendo grande. A veces comienza con un puñado de personas reunidas a la orilla de una carretera, esperando a alguien en quien han depositado sus esperanzas.

Tónachi Guachochi Chih a 2 de Noviembre del 2026