Quien polariza paraliza

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Por: Pbro. Camilo Daniel Pérez

Esta frase que incidentalmente escuché a Porfirio Muñoz Ledo me parece que tiene mucho de realidad. Desafortunadamente nuestro País actualmente está muy polarizado. El gobierno federal por un lado, los empresarios(as) por el suyo, un congreso sin oposición cuya aplastante mayoría impone su agenda, partidos desprestigiados que difícilmente pueden asumir conjuntamente las causas del pueblo y de la ciudadanía en general, anestesiados por las ansias de poder, organismos de la sociedad civil venidos a menos e incluso organismos del mismo gobierno desplazados o suprimidos, gobernadores “descalificados” por disidentes, fuentes alternas de energía suprimidas, el País pensado y partido en dos, progresistas y conservadores. Todo es blanco o negro. No hay matices. Solamente hay buenos de un lado y los malos están del otro lado. Un síntoma de esta polarización son algunas posturas tan extremistas como verdaderamente irracionales.

Como cereza de este pastel está la pandemia del corona virus covid-19, nos toma totalmente desprevenidos, con un sistema de salud en crisis, con un programa no de contención de la propagación del virus, ni de defunciones, sino de mitigación solamente para que no haya sobresaturación en los hospitales. Por si fuera poco, sigue incontenible la otra pandemia a la que nos hemos acostumbrado, la pandemia de la violencia elevada a la quinta potencia, ya sea la violencia machista, la violencia delincuencial, la de cuello blanco, la callejera y sin faltar la violencia institucional que se ha vuelto rijosa y peleonera en las ya muy famosas “mañaneras”.

En un País como el nuestro en el que todos nos echamos la culpa de todo, es un País paralizado en temas que importan al pueblo. Como decía mi abuelo, “la carreta no se mueve mientras cada buey jala pa’ su lado”.

Para decirlo de una vez: Las desconfianzas mutuas son las que polarizan y paralizan a todo el mundo. Así como la corrupción se barre de arriba para abajo, así también la confianza se siembra de arriba para abajo. Es cierto que en un País donde ha campeado la corrupción y el fraude en todos los órdenes y el abuso de confianza ha estado a flor de tierra, difícilmente se puede recuperar la confianza. Como muy bien lo expresa San Agustín en su obra “La Ciudad de Dios”: Un Estado que no se rija según la justicia se reducirá a una gran banda de ladrones (“Remota itaque justitia, quid sunt regna nisi magna latrocinia?” d.c.d. iv.4); Sin embargo, lo que hay que mandar al diablo, lo que hay que tirar por la borda son los fraudes, la corrupción, el latrocinio y no las instituciones. Es bueno el propósito de lograr la 4ª.T; pero recordar que el País no nació ayer. Ya hemos tenido tres T. que han costado mucho y muchas vidas humanas, pero que nos han dejado herencias muy positivas e importantes en todos los aspectos de la vida nacional.

Un País no avanza, ni permanece unido si falta la confianza, la credibilidad. La bolsa de valores, los créditos, el valor de la moneda, las inversiones nacionales y extranjeras y hasta el mismo PIB y el Bienestar dependen y están alimentados de la credibilidad que tenga un gobierno y la confianza que les dé a inversionistas y a la ciudadanía en general. Un gobierno antes de repartir dinero, de ofrecer bienestar, de hacer obras, debe sembrar confianza. Es el primero que deberá creer en el INE, en CONAPRED, INEGI, CONEVAL, CAV, COFEPRE, CREE, IFT, FONAC, en las instituciones bancarias, en las empresas y empresarios(as), en las Estancias Infantiles, en los Refugios para mujeres en situación de violencia, etc.

El gobierno, en otras palabras, no necesita meterse de banquero, ni el ejército como constructor de obras, ni acumular de responsabilidades a la Secretaría de Gobernación. Siempre es muy válido el principio universal de subsidiaridad: Tanto gobierno cuanto sea necesario y tanta sociedad cuanta sea posible. Además, para un verdadero y legítimo avance democrático es necesario plantearnos y darle forma al quinto poder, la participación ciudadana, al lado de los poderes ejecutivo, legislativo, judicial y medios de comunicación.

Bien hecho por parte del gobierno federal que termine con el huachicoleo “callejero” y de “cuello blanco”, que termine con empresas factureras, que ponga fin a la corrupción e impunidad. Por otra parte, es de reconocer que para el actual gobierno federal sean primero los pobres. En este sentido, en buena parte la Iglesia Latinoamericana tiene una amplia experiencia en la práctica y en la reflexión sobre la opción preferencial por los pobres, la cual nunca deberá ser exclusiva ni excluyente. No deberá ser exclusiva, pues sólo le va bien a los pobres si a los demás sectores de la sociedad le va bien y si éstos, a su vez, apoyados por el gobierno, incorporan a los pobres en una economía humana, solidaria y con sentido social. Nunca hay que ver a los pobres como una carga, sino como una oportunidad de un verdadero desarrollo humano. Tampoco la opción preferencial deberá ser excluyente. Es y deberá ser una convocatoria abierta, nacida de la convicción de que mirando por el bien de los pobres necesariamente miramos por el bien de todos, buscando un desarrollo humano integral que consiste en pasar de situaciones menos humanas a situaciones más humanas. De esta manera nos enfocaremos en la búsqueda del bienestar espiritual y material creciendo como personas y como comunidad.

Nada de esto es posible si no dejamos a un lado las polarizaciones y entre todos los sectores elaboramos una carta de intención para trabajar solidariamente por la Nación, por el pueblo que como nunca está devastado en todos los aspectos. Urge un pacto de solidaridad social, así como un pacto político, económico y de participación fiscal. Mucho lo agradecerán las futuras generaciones. Estamos en un parte aguas de la humanidad entera y, por tanto, de la Nación. Debemos repensarla entre todos y todas.