Por: Dr. Héctor Alejandro Navarro Barrón
Hace un año, inicié el trayecto de publicar semanalmente en este espacio. Cincuenta y cuatro semanas en las que hemos diseccionado, debatido y reflexionado sobre las realidades que cruzan a nuestro estado de Chihuahua y a nuestro país. Escribir una columna periodística cada semana es un ejercicio de rigor y disciplina, pero sobre todo, es un acto de fe en el diálogo público y en la capacidad que tenemos como sociedad para mirarnos en el espejo, por más incómoda que en ocasiones resulte la imagen que este nos devuelva.
Durante este primer año, hemos abordado la realidad desde sus cimientos: analizamos la crisis estructural de nuestro sistema educativo y las asimetrías jurídicas de nuestro magisterio; denunciamos el colonialismo burocrático sobre nuestras comunidades indígenas; expusimos el fracaso de las políticas de seguridad basadas en el miedo, y auditamos el pulso político rumbo a un decisivo 2027. Ninguno de estos textos se escribió desde el vacío; todos nacieron de la convicción de que la crítica fundamentada es una herramienta indispensable para el cambio.
En este empeño, he encontrado en este portal informativo el ecosistema ideal para el debate libre. El Puntero ha demostrado ser más que un medio de comunicación; se ha consolidado como un espacio que busca poner en el centro a la ciudadanía, señalando, cuestionando y aportando a la construcción de una sociedad mejor informada.
Este primer aniversario no sería posible sin la visión y el respaldo institucional de quienes hacen posible este esfuerzo diario. Quiero expresar mi más profundo y sincero agradecimiento a Francisco Milla, director de El Puntero, por abrirme las puertas de esta plataforma. Gracias, Paco, por la confianza, por el respaldo incondicional a la libertad de expresión y por sostener un medio donde el pensamiento crítico y la pluralidad de ideas se fomentan de manera decidida.
Pero mi gratitud mayor es, indudablemente, para ustedes, los lectores. Gracias a quienes dedican unos minutos de su semana para leer, analizar y reflexionar sobre estas líneas. Gracias a los docentes, a los servidores públicos, a los padres de familia y a los ciudadanos que comparten, comentan, retroalimentan e incluso discrepan con lo aquí expuesto. Es en el disenso respetuoso y en el intercambio de ideas donde esta columna cobra su verdadero sentido; una opinión no busca imponer verdades absolutas, sino detonar conversaciones que nos saquen de la apatía.
Cerramos un ciclo, pero el tintero sigue lleno. Los retos sociales, educativos y políticos de Chihuahua nos exigen mantener una mirada aguda, seguir auditando el discurso público y exigir que la dignidad y los derechos humanos dejen de ser letra muerta para convertirse en realidades palpables.
Aquí seguiremos, semana a semana, con el mismo compromiso del primer día. Gracias totales por acompañarme en este primer año.



