Por: Víctor M. Quintana S.
Buenas noticias para el mundo; malas noticias para México. Así podríamos resumir la coyuntura de esta semana.
Por fin se logró un acuerdo de paz entre Irán y los Estados Unidos. Es una buena noticia en dos sentidos: en primer lugar, porque con este acuerdo cesa la matanza de inocentes, al menos en esta región del planeta. En segundo lugar, es buena noticia porque Trump no pudo arrasar como había alardeado a la República Islámica, ni pudo imponer todas sus condiciones, por más que quiera hacer esto como una victoria, ni siquiera a pírrica llega, si la midiéramos con las ambiciones trumpianas.
Y es precisamente este revés a Donald Trump lo que se convierte en una mala noticia para América Latina y en especial para México. El objetivo político de los ataques armados de Trump es ganar a su base electoral, al menos mantenerla, para las elecciones legislativas de noviembre próximo y conservar la mayoría en las dos cámaras del Congreso. Por eso, al fracasar su “Plan A”, va a intensificar la operación de su “Plan B” que consiste en aniquilar lo que él y sus electores consideran un peligro terrorista o comunista o una entrada para los chinos en América Latina. De acuerdo a la actualización de la Doctrina Monroe, ahora Donroe, América (de Alaska a la Tierra del Fuego) debe ser para los (norte) americanos, para los Estados Unidos, no debe permitirse la entrada ni de China, ni de Rusia, ni la existencia de gobiernos cercanos a ellos.
Por eso, al retirarse con la cola entre las patas de Irán, Trump va a intensificar su ofensiva contra Cuba, Venezuela, Colombia y México, por ser regímenes no subordinados a él algunos cercanos a China y a Rusia.
El Plan B de Trump en México lo han revelado con mucha claridad esta misma semana él mismo y varios funcionarios de su administración:
La nueva Fiscal Antidrogas, Sarah Carter, al dar a conocer la nueva estrategia contra los cárteles en América Latina destaca como puntos principales: se acabó la era de “contención” a los cárteles y ahora se va a buscar su total aniquilación, por los medios que sean y, además se va a intensificar la denuncia y acciones judiciales contra funcionarios corruptos que protejan cárteles, no del gobierno de Trump, obviamente. Para compensar un poco la dureza de su trancazo reconoce la cooperación mexicana en esta materia.
El Secretario de Defensa Peter Hegseth, refuerza las declaraciones de la zarina antidrogas y afirma que Washington va a intensificar las operaciones contra las organizaciones criminales en América Latina y formará una alianza con los gobiernos de la región para combatir a los cárteles y los grupos terroristas.
Donald Trump, por su parte acaba de declarar que los cárteles controlan México y que la Presidenta Sheinbaum es una buena mujer, pero está asustada. Por otra parte, señala que Estados Unidos no necesita el T-MEC precisamente cuando se está en pláticas para renegociarlo.
Los signos son muy claros: la estrategia de Trump y sus halcones es intensificar su ofensiva política, económica e incluso militar contra México para lograr ventajas de todo tipo: subordinar al Gobierno de México a sus intereses; acabar con los cárteles , pero sólo los que no le resultan funcionales a sus intereses, impedir que la Presidenta Sheinbaum emprenda políticas públicas y acciones de gobierno consideradas como populistas o “peligrosas” para la derecha norteamericana, y mantener la espada de Damocles de una eventual intervención armada en todo momento. Con una ofensiva multimodal como ésta, de acciones, de discursos y de amenazas continuas, Trump quiere presentar al electorado norteamericano la cabeza del régimen mexicano en bandeja para asegurar la mayoría en las cámaras el próximo 3 de noviembre.
Serán poco más de 130 días clave para el gobierno de Claudia Sheinbaum y para todo el país. Resistir con unidad y con un patriotismo inteligente es la única opción ante el Plan B de Trump.



