Por: Víctor M. Quintana S.
Mientras escribo estas líneas, con cierto malestar en la cabeza, por cierto, me doy cuenta que están reportando que hay mala calidad del aire en Chihuahua capital y recomiendan no realizar actividades al aire libre, debido a la contaminación con polvo y partículas en el ambiente. El problema se agrava con el calor y se atenúa en los días de lluvia que son los menos. Y seguirá agravándose.
Al mismo tiempo repaso algunas de las notas periodísticas que me están haciendo llegar por las redes sociales: destacan las encuestas de preferencias electorales para 2027 y los remezones locales del carro completo -muy cuestionado-del PRI en las elecciones de Coahuila.
Si uno juzgara por la proporción de contenido de los medios informativos digitales, impresos, radiofónicos y televisivos, así como los innumerables espectaculares -de funcionarios y diputados panistas, por cierto- diríase que el asunto más importante para la ciudadanía chihuahuense son las elecciones legislativas y municipales de 2027.
No sólo notas y columnas de opinión, sino también los debates públicos tienen como principal contenido y protagonistas las elecciones y los partidos. O sea, los intereses de la clase política, primero que nada.
Hablando en términos pictóricos hay una especie de punto de fuga de la realidad actual en el proceso electoral de 2027 que invisibiliza todo lo demás, o lo pospone o lo subordina al interés de partidos y las y los candidatos.
Sin embargo, hay graves problemas actuales, inmediatos que urge sean considerados, reflexionados, debatidos, y, sobre todo, solucionados o comenzar a ser solucionados, más allá de coyunturas electorales, que parecen no estar en el consciente -a propósito, no digo “en la conciencia”- de los actores políticos:
El ya galopante cambio climático. El invierno que acaba de pasar fue demasiado corto y benigno. Les faltaron horas frío a los árboles frutales. No hubo temperaturas tan bajas como para acabar con las plagas de bosques, pastos y suelos y los incendios forestales se multiplican. Aunque el año pasado llovió más que en 2024 y 2023, nuestros ríos y presas están muy lejos de recuperarse. En las ciudades hay una escalada de calor alimentada por la saturación de vehículos de motor y la falta de árboles.
Muy relacionado con el cambio climático está el proceso aparentemente imparable de devastación de la naturaleza en nuestro estado: se siguen perforando sin control pozos agrícolas y agotando de manera irreversible los acuíferos; la tala clandestina arrasa nuestra sufrida sierra abatida ya por la falta de lluvia; el sobrepastoreo está pelonando nuestros ya muy sufridos pastizales. Menos cubierta vegetal, más polvo, más calor, menos agua, un ciclo infernal.
La violencia cambia, pero no desaparece: si bien puede ser cierto que están bajando las cifras de homicidios dolosos, los “otros datos” son muy preocupantes: Chihuahua ocupa el primer lugar en delitos de alto impacto como homicidios dolosos, violaciones y secuestros.
Hay otras formas de violencia que pocas veces se consideran y tienen consecuencias letales en el desgarramiento de personas humanas, familias y comunidades: la desaparición forzada de personas persiste y se incrementa: ya son alrededor cuatro mil casos los que se presentan desde 1972 a la fecha. Otra forma de violencia poco considerada es el desplazamiento forzado de personas de sus lugares de origen. Los ataques y amenazas de los grupos criminales han hecho que cientos de familias sobre todo de los municipios serranos tengan que abandonar sus hogares y patrimonio y se refugien en las ciudades donde no tienen asegurados sus derechos fundamentales a la salud, a la vivienda digna, al trabajo y a la educación.
La falta de perspectivas de vida, la pobreza, la falta de cuidados hacen que en Chihuahua se incrementen las adicciones: figuramos entre los primeros cinco estados con mayor porcentaje de población que ha consumido estupefacientes por lo menos una vez en la vida.
La impunidad sigue siendo no sólo un lastre sino un aliciente para que en Chihuahua se sigan cometiendo delitos, ya sea comunes, ya sea delitos “de cuello blanco”, es decir, de corrupción de funcionarios públicos. Somos la séptima entidad federativa del país con mayor porcentaje de delitos que quedan impunes con el 86.98%.
Aquí cortaríamos este primer recuento de problemáticas graves en el estado de Chihuahua. Esperamos luego abordar lo referente a la economía, la pobreza, la desigualdad, la educación, la cultura y los valores de nuestra sociedad.
Y, sin embargo, pareciera que todos estos problemas no son lo más importante. Lo que cuenta son las elecciones de 2027, ahí parecen concentrarse buena parte de las energías políticas, por más que diversos sectores sociales se movilicen y exijan soluciones prontas y efectivas a problemas como los anteriores.
Nada de esto es importante para quienes pretenden gobernar o representar a las y los chihuahuenses.
Que nos esperemos al 2027 cuando ya estén en el poder. Para que en 2027 vuelvan a posponer las soluciones a los ya muy agravados problemas para 2030, si es que estamos sanos y vivimos para entonces.



