Prueba PISA 2025: El colapso educativo, el espejismo de Chihuahua y las raíces de la crisis

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Por: Dr. Héctor Alejandro Navarro Barrón

Los recientes resultados de la prueba PISA 2025 han confirmado nuestros peores temores: el sistema educativo mexicano atraviesa una crisis estructural profunda. Con 388 puntos en matemáticas, 408 en lectura y 414 en ciencias, nos situamos drásticamente por debajo del promedio internacional. Sin embargo, el verdadero drama no radica solo en la frialdad de los números, sino en las causas profundas que los especialistas han comenzado a diseccionar.

Detrás del retroceso histórico de 22 puntos en matemáticas y 15 en lectura respecto a 2015 se esconde una dolorosa paradoja. En matemáticas, la caída nacional fue impulsada porque nuestros alumnos de mayor desempeño perdieron su nivel de excelencia; mientras que en lectura, el retroceso se debió a que los estudiantes con los resultados más bajos se hundieron aún más. Estamos perdiendo talento en la cima y abandonando a los más vulnerables en la base.

¿Qué nos llevó a este punto? Los expertos de la OCDE señalan que, si bien México hizo un esfuerzo loable por ampliar la cobertura en la última década integrando a adolescentes de poblaciones históricamente marginadas, el sistema fracasó en brindarles los recursos necesarios para aprender. Hoy, el origen socioeconómico es un lastre implacable que explica casi el 12% de la variación en los resultados. La desigualdad es evidente: existe una brecha de 68 puntos entre los alumnos más ricos y los más pobres, y apenas un 11.6% de los estudiantes en situación de pobreza logra sobreponerse a su contexto para ser «académicamente resiliente». A esto se suman otras barreras invisibles, como la condición migratoria, donde los estudiantes inmigrantes obtienen 49 puntos menos en ciencias que los nativos.

Dado que el 93.1% de la matrícula acude a escuelas públicas, es evidente que el Estado no está logrando compensar las carencias del entorno familiar.

Para entender cómo esta tragedia estadística aterriza en la realidad, basta observar a Chihuahua. Solemos enorgullecernos de ser una potencia exportadora y un imán de inversiones. Sin embargo, detrás del ruido de las fábricas, el estado registra una alarmante tasa de abandono escolar del 29.2% en educación media superior y mantiene a más de 700,000 chihuahuenses atrapados en el rezago educativo.

Las consecuencias de esta hemorragia de talento son inmediatas. Apostamos nuestro futuro económico al fenómeno de relocalización o nearshoring. Pero, ¿cómo vamos a atraer empleos de alta tecnología o centros de investigación si el 73% de las empresas en el país reporta dificultades insuperables para encontrar talento especializado? Al fallar en dotar a nuestros jóvenes de habilidades analíticas, corremos el riesgo de marginarlos a la maquila de bajo valor agregado y salarios precarios.

PISA 2025 representa, además, la primera evaluación internacional bajo el modelo de la Nueva Escuela Mexicana. Ante la persistencia del bajo desempeño, los especialistas advierten que las autoridades tienen la obligación ineludible de evaluar este paradigma sin sesgos políticos, para identificar qué políticas no están funcionando y corregirlas de inmediato.

Es momento de dejar atrás la autocomplacencia. La educación ha dejado de ser el gran motor de movilidad social para convertirse en un mecanismo que reproduce y congela la desigualdad de origen. Revertir esta tendencia exige asumir un compromiso pedagógico y financiero férreo, o seguiremos siendo simples espectadores del desarrollo, condenando a toda una generación a la pobreza de aprendizajes.