¿Vuelve a planear el fantasma del cierre de los vespertinos en Chihuahua? Docentes advierten que el descenso de la matrícula podría abrir la puerta a cierres progresivos y temen que el 2026-2027 sea el último ciclo regular para algunos planteles
Otra vez comienza a rondar entre las escuelas secundarias de Chihuahua el fantasma del posible cierre de grupos y turnos vespertinos bajo el argumento del descenso de la matrícula derivado de la disminución en la natalidad. Y aunque oficialmente no existe, hasta ahora, un anuncio general de la autoridad educativa en ese sentido, entre docentes comienza a circular la versión de que en algunos planteles ya se habría dejado entrever que el actual ciclo escolar 2026-2027 podría ser el último con operación regular del turno de la tarde, para posteriormente iniciar un proceso de cierre progresivo.
El comentario ha vuelto a generar inquietud entre maestras y maestros, muchos de los cuales, dicen, continúan prefiriendo no pronunciarse públicamente por temor a posibles repercusiones. Desde las propias escuelas se insiste en que el eventual cierre de un vespertino no puede reducirse a una simple cuestión de números, pues detrás de cada grupo existen horas docentes, plantillas, estudiantes y, particularmente, una población que en muchos casos encuentra en el turno de la tarde la única posibilidad de permanecer dentro del sistema educativo.
El planteamiento, además, contrasta con los mensajes que han venido sosteniendo el secretario de Educación y Deporte, así como los secretarios generales de las Secciones 8 y 42 del SNTE, en el sentido de que la disminución de la matrícula no necesariamente tendría que traducirse en el cierre de grupos, sino que podría convertirse en una oportunidad para mejorar la atención educativa mediante una menor cantidad de alumnos por salón. Por eso, entre el magisterio surge la pregunta de qué ocurriría si la reducción de estudiantes termina utilizándose precisamente para justificar la desaparición de turnos completos.
Y es que, según explican docentes, el problema tampoco se limita a que una escuela tenga menos alumnos. Un ejemplo que comparten desde dentro de una de las escuelas es que desaparecer el vespertino implicaría concentrar en el turno matutino alrededor de 40 estudiantes por grupo, con el consecuente impacto en las condiciones para atenderlos. Para los maestros, no se trata entonces de que simplemente «sobren alumnos», sino de que éstos terminarían siendo concentrados en determinados espacios mientras se reduce progresivamente la oferta educativa de la tarde.
También está el asunto de las horas docentes. Un maestro de secundaria no necesariamente pierde una «plaza vespertina», sino horas frente a grupo que forman parte de su carga laboral. Si desaparecen determinados grupos, esas horas tendrían que reubicarse y, de acuerdo con las versiones que circulan entre el personal, algunos docentes podrían terminar completando su carga en otros planteles, incluso con traslados considerables. Se rompería así una plantilla que ya conoce a sus alumnos, su comunidad y las dinámicas particulares de la escuela.
Y si el esquema fuera el de un cierre progresivo, advierten, tampoco sería necesario bajar la cortina de un día para otro. Podría comenzar con la desaparición de primeros grados, continuar posteriormente con segundos y concluir con terceros, en un proceso que podría prolongarse durante varios ciclos escolares. El resultado sería una escuela que durante dos años, o más, viviría con grupos cada vez más reducidos, incertidumbre para madres y padres de familia y docentes que no sabrían cuál será el destino de sus horas y de su centro de trabajo.
Pero quizá el punto más delicado, apuntan atinadamente, sea preguntarse quiénes son los estudiantes que acuden al vespertino. Desde las escuelas se recuerda que no necesariamente son jóvenes que «nadie quiere». Hay alumnos que trabajan durante la mañana, que ayudan en talleres o negocios familiares, que cuidan a hermanos menores, que no alcanzaron un espacio en el turno matutino o que por distintas circunstancias académicas o de conducta no permanecieron en él. También existen adolescentes cuyas condiciones personales hacen que el horario de la tarde les permita desenvolverse mejor que una jornada que comienza a las siete de la mañana. ¿A dónde irán esos estudiantes si desaparece el turno vespertino?
Porque una cosa es ajustar estadísticas y otra muy diferente es cerrar una puerta de acceso al sistema educativo. Desde esta perspectiva, docentes señalan que la llamada «baja matrícula» podría convertirse en un argumento circular: si se dejan de autorizar inscripciones en determinados grados del vespertino, naturalmente la matrícula disminuirá y posteriormente esa misma disminución podrá utilizarse como argumento para justificar el cierre. Para algunos maestros, sería un cierre inducido más que una consecuencia inevitable de la dinámica demográfica.
Y aquí aparece también la dimensión sindical. El eventual cierre de los vespertinos adquiere especial relevancia después de los compromisos asumidos durante el conflicto por las plazas de Admisión, cuando maestras y maestros bloquearon el proceso de asignaciones y tomaron el edificio Héroes de la Revolución. En aquella negociación se habló de buscar alternativas para generar más plazas definitivas y también se planteó hacia adelante la posibilidad de impulsar esquemas de «horarios extendidos» en determinados planteles. De ahí que entre el magisterio resulte difícil conciliar aquel compromiso con la eventual desaparición de turnos completos.
Además, algunos docentes advierten que el cierre de los vespertinos de las secundarias federales no solamente tendría una consecuencia laboral o administrativa. Una vez que un edificio queda prácticamente vacío durante buena parte de la jornada, surge inevitablemente la pregunta sobre qué destino tendría esa infraestructura educativa. En el caso de planteles ubicados en zonas céntricas, no falta quien vea con preocupación que un inmueble con menor utilización pueda terminar destinado a otros fines mediante convenios, comodatos o algún otro esquema.
Así que el asunto vuelve a estar sobre la mesa. ¿Se trata únicamente de una reordenación derivada del descenso demográfico o realmente comienza a perfilarse una reducción progresiva de los turnos vespertinos? ¿Se buscará aprovechar la menor matrícula para reducir el número de alumnos por grupo o para desaparecer grupos y trasladar docentes? Y, sobre todo, ¿qué pasará con los estudiantes que precisamente necesitan que exista una escuela por la tarde?
Porque desde el escritorio puede parecer un ajuste de cifras y grupos; desde dentro de las escuelas, docentes advierten que eliminar un turno vespertino significa mucho más: es modificar la plantilla, mover horas, concentrar alumnos, alterar dinámicas familiares y, en algunos casos, quitar una segunda oportunidad a adolescentes que podrían quedar más cerca de abandonar el sistema educativo.



