«Nadie patea a un perro muerto»

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Por: Profr. José Luis Fernández Madrid

Así expresa un viejo dicho mexicano el significado que alude a que las críticas, los ataques o la envidia de los demás son una señal de que se está haciendo algo relevante, exitoso o que genera un impacto positivo.

Precisamente en estos tiempos de polarización, de toma de partido, de definición de opciones en el ámbito político, social o sindical cobra relevancia el saber que cualquier aseveración falsa en contra de alguien, no necesariamente es un insulto sino un indicador de que está haciendo algo relevante.

Ser el blanco de difamación o calumnia es, por tanto, para quien ocupa su espacio y función, un injusto, pero al fin, parámetro que mide su eficiencia y sus resultados, un termómetro de medición, por lo que resulta inútil gastar energía en responder a ataques estériles, porque a nadie le toma tiempo ni esfuerzo molestar a alguien que es intrascendente en sus acciones o atribuciones.

Tratar de desmentir adjetivaciones lanzadas desde lo más profundo del complejo de inferioridad o bien, motivadas por la secreción de la vesícula biliar, es darle importancia a quien, probablemente, busca reflectores desde el éxito ajeno.

Si se vive en el ostracismo, en la insignificancia o tal vez desde fallidas pretensiones o rotundas frustraciones, será fácil externar sus sesgadas expresiones.

Mientras, ¡Que el perro siga vivo!; muchos desde sus respectivos ámbitos lo agradecerán.