Por: Profr. José Luis Fernández Madrid
Es en verdad divertido escuchar y leer a muchos «Villalvazos» que, con espuma en la boca, externan su molestia por los días de asueto de los que goza el personal docente y de asistencia a la educación.
Hilarante verlos vociferar de rabia ante los descansos que, dicho sea de paso y solo para recordarles, no los establecen los docentes sino la propia autoridad educativa, así que, por ello, resultan aún más risibles los adjetivos lanzados en contra del personal magisterial.
Desde seudocomunicadores de medios nacionales televisivos y radiofónicos hasta profesionistas frustrados, se encargan de desatar su ira peleando contra molinos de viento mientras que los afortunados profesionales educativos los oyen y leen divertidos y apacibles desde la comodidad de sus hogares u observando amaneceres y puestas del sol en algún lugar de acogedor reposo.
Quizá los «Villalvazos» se dieron cuenta muy tarde que se equivocaron al elegir sus respectivos trabajos o profesiones, pero es muy sencillo recapacitar y así dejar de supurar, ¡Presenten el examen de ingreso a la función docente! Acredítenlo y de ahí adhiéranse al tortuoso y difícil proceso de asignación; tal vez, pero solo tal vez así su envidia merme.
Laborar en el sector educativo dadas las circunstancias actuales, en donde la dinámica social es radicalmente opuesta a las características de antaño, no solo merece estos días de sosiego sino que amerita el reconocimiento general.
Mientras, a sacar las palomitas para seguir observando, gustosos, el colérico show de los Villalvazos.



