La Presidenta viene a Juárez; la Torre puede esperar

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Por: Patricio Rodríguez Palma

Hay visitas presidenciales que incomodan más que otras. Y la de Claudia Sheinbaum a Ciudad Juárez parece haber provocado, cuando menos, cierta inquietud en Palacio de Gobierno.

Porque la Presidenta viene a Juárez a encontrarse con la gente. Y mientras tanto, desde el Gobierno del Estado apareció una invitación muy peculiar: que Claudia Sheinbaum aprovechara su visita para conocer la Torre Centinela.

Qué coincidencia.

Después de todo, si uno ha gastado miles de millones de pesos en una torre de seguridad, ha soportado retrasos, cuestionamientos y una interminable discusión sobre su costo, ¿qué mejor oportunidad para presumirla que tener enfrente a la Presidenta de México?

Pero Sheinbaum dijo que no.

Y ahí terminó el paseo turístico.

La Presidenta tendrá reunión con la gobernadora, como corresponde entre autoridades. Pero no aceptó convertir su agenda en una presentación de la obra consentida del Gobierno panista.

Y quizá la pregunta sea bastante sencilla: ¿por qué tendría que hacerlo?

La Torre Centinela tiene un contrato por alrededor de 4 mil 710 millones de pesos y, además, todavía existen pagos pendientes. El proyecto acumula retrasos y ha sido objeto de cuestionamientos públicos por su costo, funcionamiento y resultados.

Así que no deja de resultar curioso que, justo cuando llega la Presidenta, desde Chihuahua quieran ponerle alfombra roja a la torre.

Como si Sheinbaum necesitara que le explicaran dónde está el edificio.

Como si no supiera cuánto cuesta.

Como si una fotografía desde el helipuerto pudiera resolver las preguntas que durante años ha generado el proyecto.

Y mientras tanto, la administración estatal ha tenido recursos suficientes para otra cosa: publicidad.

De acuerdo con información obtenida mediante transparencia y difundida por La Jornada, el Gobierno de Chihuahua había ejercido en 2025 más de 837 millones de pesos en comunicación y publicidad oficial, cifra que una diputada de Morena señaló equivalía a 378 por ciento del presupuesto aprobado para ese concepto.

Ochocientos treinta y siete millones.

Con semejante presupuesto de comunicación, uno esperaría que hasta la Torre Centinela tuviera su propia alfombra roja, banda sonora y documental de Netflix.

Pero la Presidenta no necesita propaganda para llenar una plaza.

La gente sale a verla.

Eso es precisamente lo que distingue una visita presidencial de una gira publicitaria. Sheinbaum llega a Ciudad Juárez y encuentra una ciudadanía que quiere escucharla, verla y acompañarla. La Presidencia informó además que ésta será una nueva visita de la mandataria a la frontera, dentro de una agenda de trabajo con la población.

Y hay otro detalle que resulta difícil ignorar.

Hace apenas unas semanas, Maru Campos decidió no acudir al Segundo Informe de Gobierno de Claudia Sheinbaum. Después explicó que no se había sentido invitada “por consideración” y que su presencia habría resultado incómoda.

Perfecto.

La gobernadora tenía derecho a decidir no asistir.

Pero entonces resulta inevitable la comparación: cuando la Presidenta convoca, no vamos; cuando la Presidenta viene a Chihuahua, le pedimos reunión; y ya que viene, también queremos llevarla a conocer nuestra torre.

¿Quién diría que la política podía tener sentido del humor?

Sheinbaum, por su parte, no necesita entrar en ese juego.

Tiene una responsabilidad nacional y una relación institucional que mantener con Chihuahua. Puede reunirse con la gobernadora, escucharla y trabajar con ella sin prestarse a una operación de relaciones públicas.

Eso también es ejercer el poder.

La Presidenta no vino a Juárez para inaugurar el ego de nadie.

Vino a Juárez.

Y Juárez, que conoce demasiado bien la diferencia entre una obra monumental y una solución real, sabrá recibirla.

Que la Torre Centinela espere.

Ya tuvo bastante publicidad.

Tónachi Guachochi Chih a 19 de Septiembre del 2026