La CNTE: espejo de resistencias

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Por: Rosalío Morales Vargas

La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), es una corriente democrática al interior del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE); pero representa mucho más que eso. Conforma un movimiento social emancipador y antisistémico y lo que podríamos llamar, un partido en sentido histórico. No el que se agrupa en determinados colores y siglas, sino el que sabe en qué lugar de la barricada colocarse y lo hace al lado de las luchas de los oprimidos. Su fundación data de la tercera semana de diciembre de 1979 en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.

Ha definido su ideario en 22 principios los cuales van desde la defensa de los derechos de las y los trabajadores de la educación hasta asumirse como anticapitalista y practicante del internacionalismo proletario, pasando por el rescate por su materia de trabajo; esto es, la educación. Pero no una instrucción gerencial o bancaria cuyo objetivo es obedecer, sino una educación liberadora y de pensamiento crítico. Utiliza métodos de lucha no convencionales como la acción directa, acampadas pedagógicas, toma de oficinas públicas, protestas masivas y huelgas, entre otros.

Es el movimiento social más extendido del país y uno de los más longevos, en unos meses cumplirá 47 años de existencia. El nacimiento de la CNTE se da en un momento difícil, después de la derrota de la Tendencia Democrática de los electricistas, de la presencia sombría del gansterismo sindical con Carlos Jungitud Barrios como “El Padrino”; y la precarización del trabajo docente a raíz del desenfrenado encarecimiento de la vida, la inflación y la devaluación del peso, durante la “borrachera petrolera” y la “administración de la abundancia” lopezportillista.

No es de extrañar, por tanto, que las demandas centrales de la CNTE en ese período fueran aumento salarial de emergencia y democracia sindical. Como todo movimiento social, su accionar no discurre sin contradicciones. Encontramos en su seno herencias ideológicas y prácticas políticas entreveradas: resistencia heroica y juicios inquisitoriales, valentía ejemplar y encono discursivo, pensamiento lúcido y dogmatismo empecinado, generosidad sin limite y sectarismo corrosivo. Sin embargo, las discordancias se superan por la intransigencia de refrendar paso a paso las decisiones colectivas de carácter asambleario.

Desde su fundación han actuado en la CNTE grupos políticos de izquierda; al inicio, referentes como el Movimiento Revolucionario del Magisterio (MRM) de orientación comunista, el Frente Magisterial Independiente Nacional (FMIN) con su legado espartaquista-maoísta y la Corriente Sindical Democrática (COSID) de inspiración trotskista; por poner solo algunos ejemplos. En la actualidad se visibilizan en sus actividades numerosas tendencias comunistas y socialistas, pero éstas no determinan ni las decisiones ni el derrotero de la Coordinadora, ya que ellas descansan en sus instancias de dirección y la vigilancia permanente de las bases, lugar donde radica su vitalidad y capacidad para sobrevivir a los más violentos vendavales de la reacción patronal, gubernamental y charril.

En estas más de cuatro décadas y media, la CNTE ha formado filas junto a las organizaciones antineoliberales y solidarizado con las justas exigencias de las y los de abajo. Al tiempo que no abandona la brega por reivindicaciones inmediatas, no ha vacilado en apoyar protestas y propuestas como las caravanas nacionales en 2003. Importante fue su participación en la Promotora por la Unidad Nacional contra el Neoliberalismo y el Primer Dialogo Nacional, el apoyo a la APPO, al SME, al EZLN, al Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, al YoSoy132, a la lucha de Atenco, lo mismo que a las madres y padres de Ayotzinapa y a la solidaridad con Cuba, Palestina y Venezuela. La CNTE se reclama antimperialista y antifascista.

Su trayectoria no ha sido tersa ni cursada sin contratiempos. El enfrentamiento con la derecha conservadora es permanente, de igual manera, la resistencia ante el acoso del charrismo y el gobierno. En el plano interno los desacuerdos y los desencuentros se manifiestan de manera reiterada y retornan con un nuevo ropaje. Los debates más agudos, gestados desde los comienzos, pero aún presentes giran en torno a democratizar el SNTE o formar otro sindicato; el peso de los grupos y corrientes en la conducción del movimiento o las decisiones emanadas de la base, el contar con una estructura centralizada, o inclinada hacia las autonomías regionales, el carácter clasista o democrático-popular de la organización. El asunto es que estas dicotomías incluso con lo ácido de la discusión tienen una conexión interna, no son excluyentes.

Muchos son los aportes de la CNTE en estos años turbulentos, de ascensos y reflujos del movimiento social: instaló en la sociedad el tema de la educación publica y la necesidad de un nuevo sistema pensionario y de seguridad social no solo para los maestros; evidenció la creciente crisis de representatividad de los aparatos corporativos del sindicalismo oficial; puso de manifiesto que desde los sectores populares se puede construir una red beligerante en la disputa de sentido; desnudó las limitaciones y demagogia del progresismo gobernante; desplegó como poca pocas organizaciones una energía social consistente y enfrentó con valor y decoro los embates del conservadurismo reinventándose constantemente en el ejercicio de la democracia participativa.

La agudización de las contradicciones de clase en el país, el injerencismo belicoso del imperialismo, el fortalecimiento de la ultraderecha, la ausencia de soluciones de fondo a los grandes problemas nacional, el explosivo entorno internacional, la rampante amenaza de las guerras, la criminal depredación de la naturaleza; interpelan a los organismo democráticos como la CNTE a realizar una revisión de su acción, una critica y autocritica fecundas a fin de organizar las campañas que vienen, esclarecer sus objetivos a corto y largo plazo y los medios para lograrlos, comprender sin lugar a dudas, cual es enemigo principal en cada fase de la lucha y como obtener aliados para los combates sociales que se avecinan.

El sujeto social de los cambios no proviene de un designio determinista infalible, se construye en la práctica cotidiana, no sin errores, ni resistencias de lo viejo, que impiden apreciar los brotes de lo nuevo. La CNTE ha aprendido que sin movilización popular las transformaciones son un espejismo, que la voluntad de lucha debe ser alimentada con triunfos, así sean parciales, que es preciso articular la iniciativa audaz con la disciplina consciente, que los métodos de lucha varían con el contexto, que la verdadera radicalidad consiste en hacer propuestas alternativas, que frente a los desplantes de autosuficiencia de los magnates es necesario reconocer los aliados presentes, probables y potenciales. No debemos olvidar que merced a los fraudes, represiones e intrigas del charrismo la CNTE sólo cuenta con reconocimiento oficial en 4 de las 61 secciones del país.

La justísima consigna de “gobierne quien gobierne, los derechos se defienden” no contiene todos los elementos de la táctica, no podemos enfrentar a los distintos gobiernos de la misma manera, ni responder igual a la represión física y a la simbólica, el PRI y el PAN privilegiaron la agresión y los desalojos llegando al asesinato de compañeros; la 4T se decantó hacia la estigmatización y enlodamiento de la movilización magisterial con la cantaleta de “le hacen el juego a la ultraderecha” y “los extremos se juntan”. Es imperativo valorar y optar por la resistencia civil y pacífica acorde con el momento que vivimos en un mundo llameante de violencia. Se necesitan construir instancias mediadoras con el gobierno compuestas por intelectuales, académicos, activistas, artistas, como en su tiempo lo hicieron el EZLN y el EPR.

Los congresos tanto políticos como pedagógicos nombrados así solamente para poner los énfasis a los puntos a discutir ya que lo pedagógico es político y viceversa, han avanzado en poner las piedras angulares en los rubros sindical y educativo pero se trastabilla en la idea de cómo concebir la democratización del país. Para lo inmediato es menester que la CNTE erija un mayor consenso social en torno a sus demandas medulares, profundice su alianza con los marginados del país, se involucre en mayor medida en el Dialogo de Organizaciones y Movimientos Sociales, concurra al Encuentro de Resistencias y Rebeldías convocado por el EZLN para la última semana de agosto, apoye las luchas socioambientales en curso, como la que se desarrolla en la Bahía de Ohuira. La divisa para el futuro es incrementar la democracia desde abajo y oponerse a la llamada “revolución pasiva” o “desde arriba”.

La CNTE es una organización de lucha por sus demandas gremiales, pero también las de los desheredados del país y establece el compromiso de respaldo al pueblo explotado. No se ufana de ser un monolito en el terreno ideológico; sería erróneo hacer una apología de su desempeño o considerarla “inmaculada” o “pura”, tiene en su historial momentos oscuros: cooptaciones, traiciones, divisiones; azuzadas y nutridas por las manzanas envenenadas del poder de arriba; pero esto no es la regla sino la excepción. En ocasiones se alza en su seno el fantasma del dogmatismo de cofradías, la sospecha y la desconfianza entre algunos de sus integrantes no le es ajena, como tampoco cierta decantación a convertir las contradicciones fructíferas en antagonismos estériles.

Con todo, la CNTE ha podido evitar las tentaciones del caudillismo, el jefismo, el burocratismo y desalentar a los «guías morales» con el instrumento de la democracia de base y el impulso a la dimensión ética como la honradez personal y la honestidad intelectual. La CNTE es imperfecta e inacabada, pero paso a paso construye el ideal de una sociedad emancipada, fortalece su autonomía y pone cerco al individualismo pernicioso; comprende a cabalidad, de que cuando las y los oprimidos se organizan la utopía se acerca y el amanecer deja de ser una quimera inalcanzable.

Chihuahua, Chih. Julio de 2026.