FAISPIAM-FAIS y los programas del INPI: Cuando el apoyo se aleja de quienes lo sienten

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Por: Profr. Marcos Noel Rodríguez Corredor

Arisiachi, Municipio de Guerrero, Chihuahua.-

Desde el pensamiento y la forma de ver la vida de las comunidades ralámuli, el conflicto que se vive con el programa FAISPIAM-FAIS y con los programas que coordina el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) no es solo un problema de números o de reglas: es un problema de respeto, de raíz y de reconocimiento.

La voz que viene de la tierra

Para nosotros, el apoyo que llega como programas federales no es un favor, ni un regalo de fuera. Es un reconocimiento a que esta tierra, esta cultura y esta lengua han estado aquí desde antes.

Cuando se permite que personas ajenas a la comunidad entren a administrar, a decidir y a poner condiciones sin entender nuestra forma de vivir, se nos dice con hechos:

“Su manera de pensar, de organizarse y de decidir no vale”.

Nosotros no somos solo un número en una lista para recibir recursos. Somos gente que tiene una forma de caminar, de reunirse y de cuidar lo que es de todos.

Lo que está pasando, visto desde adentro

Se administra desde fuera, no desde la comunidad. Las decisiones las toman quienes no viven aquí, no hablan nuestra lengua ni conocen nuestros usos y costumbres. El apoyo es para nosotros, pero nosotros no mandamos.

Se nos culpa por no llegar a las asambleas, pero no se pregunta por qué. Cuando se nos margina, cuando se nos impone, cuando se nos rechaza lo nuestro, ¿cómo vamos a participar? La baja asistencia no es falta de interés: es una respuesta a la exclusión.

Se habla de respeto a la cultura, pero se actúa al revés. Mientras se pide que seamos comunidad indígena para recibir el apoyo, en la práctica se nos dice que nuestra cultura, nuestra lengua y nuestras formas de organizarnos no sirven para administrar ni para decidir.

Se crean conflictos donde debería haber ayuda. Las diferencias no nacen de la comunidad: nacen cuando se mezclan formas de pensar ajenas con necesidades propias, sin buscar el entendimiento desde nuestra manera de ver la vida.

Desde el pensamiento indígena, ¿qué se pide?

No se pide solo dinero ni obras. Se pide algo más profundo:

Que se reconozca que quienes viven aquí tienen derecho a decidir, porque el conocimiento de la vida en esta tierra no se aprende de fuera.

Que las asambleas no sean solo para firmar listas, sino espacios donde se escuche de verdad a los ancianos, a las familias y a quienes conocen la historia de este lugar.

Que el respeto a nuestra cultura no sea solo palabras en papeles, sino que se vea en quién administra, quién decide y cómo se trabaja.

Que el INPI y las autoridades federales entiendan: no se puede ayudar a una comunidad indígena ignorando su pensamiento.

Nuestra cultura no es solo fiesta o vestimenta. Es también cómo nos reunimos, cómo decidimos y cómo cuidamos lo que es de todos.

Si eso no se respeta, por más obras que haya, no hay verdadero apoyo.

Principio ralámuli

Si quieres, también puedo hacer una segunda versión con un tono más periodístico y contundente, pero sin perder la voz ralámuli del texto.