Por: Dr. Héctor Alejandro Navarro Barrón
La educación en Chihuahua necesita a sus mentes más brillantes en la toma de decisiones. Sin embargo, la reciente salida de la Mtra. Armida Lizbeth Guerrero Lara como titular del Departamento Académico de Educación Primaria nos demuestra, de manera amarga, que en nuestro sistema educativo el rigor técnico y la innovación siguen siendo rehenes de las viejas prácticas sindicales.
Si analizamos el perfil de la maestra Armida, nos encontramos con una profesional de excelencia. Egresada con el mejor promedio de su generación y galardonada con la Medalla al Mérito Normalista, su trayectoria se fundamenta en la especialización y la vocación. Fue ella la arquitecta que logró democratizar el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA) en nuestras escuelas, combatiendo la exclusión de raíz. Además, demostró una visión vanguardista innegable al llevar herramientas de Inteligencia Artificial al personal docente de escuelas multigrado en comunidades de la sierra como Creel, Bocoyna, buscando siempre aligerar la carga burocrática del magisterio rural.
Puedo dar testimonio personal de este impacto. En 2015, tras concursar por una dirección bajo la entonces Ley del Servicio Profesional Docente y alcanzar el sexto lugar en prelación, asumí las riendas de la Secundaria Estatal 3032 en la ciudad de Camargo. Nuestro primer diagnóstico escolar nos exigió tres acciones concretas: mejorar el aprendizaje para evitar la deserción, sanar la convivencia entre los actores educativos y recuperar nuestra matrícula escolar, la cual iba en declive debido a la estigmatización que sufría el plantel. El colectivo decidió emprender un proyecto ambicioso: convertir a «La Casa de los Jaguares» en un auténtico centro educativo inclusivo, con todos los retos que ello implicaba. Al no contar en ese entonces con un equipo de USAER que facilitara el proceso, me di a la tarea de gestionar una capacitación urgente. El objetivo era sensibilizar al personal y dotarlo de herramientas pedagógicas básicas para la atención de niñas, niños y adolescentes neurodivergentes o con alguna discapacidad. La responsable de impartir dicha capacitación fue la maestra Armida Guerrero. El resultado fue simplemente sorprendente: el personal docente, que en un principio se mostraba temeroso y renuente, terminó plenamente convencido y comprometido con la causa. Desde aquella experiencia en Camargo he seguido de cerca la trayectoria de la Mtra. Armida, y sus contribuciones a la educación en Chihuahua nunca han dejado de sorprender por su pertinencia y efectividad.
Este es el tipo de liderazgo pedagógico que verdaderamente transforma las aulas. Lamentablemente, todo este andamiaje académico y de trabajo de campo se topó con el muro de acero del sindicalismo. ¿Cuál fue el motivo real de su caída en el nivel estatal? Un simple mensaje de WhatsApp dirigido a supervisores, donde la funcionaria defendió que el complejo trabajo estadístico para lograr la homologación de matrícula era resultado del esfuerzo técnico de la Secretaría, y no un logro exclusivo que la Sección 42 del SNTE debiera adjudicarse mediáticamente.
Este lamentable episodio nos obliga a plantear una pregunta crítica y urgente: ¿Cuáles son verdaderamente las funciones y el alcance de los miembros de un comité seccional sindical? El 21 de octubre de 2026, una comitiva de la Sección 42, se presentó en las oficinas de la SEyD para increpar a la funcionaria y reclamarle por sus palabras. ¿Desde cuándo las estructuras de representación laboral tienen la facultad de irrumpir en oficinas gubernamentales para amedrentar a las autoridades académicas por disputas de protagonismo institucional?
La misión histórica del sindicato es la defensa legítima de los derechos de los trabajadores, no la coacción ni el control político de la agenda educativa. Apenas ocho días después de esta inaceptable muestra de fuerza y coerción gremial, la maestra Guerrero Lara fue cesada de su cargo de forma fulminante, en un acto donde la autoridad estatal optó por claudicar ante la presión sindical en lugar de respaldar a su propia experta.
Cuando las instituciones deciden entregar la cabeza de sus cuadros más preparados con tal de evitar fricciones y mantener contentos a los comités seccionales, el mensaje que se envía a la sociedad es desolador: importa más la sumisión política que los resultados. La destitución de la Mtra. Armida no es solo una injusticia laboral; es un retroceso para los miles de estudiantes chihuahuenses a quienes se les arrebata el derecho de tener a los mejores perfiles liderando su educación.
Por todo lo anterior, me sumo de manera contundente a las múltiples muestras de apoyo y solidaridad que supervisoras, ATP, directivos, docentes de base y personal de diversas escuelas han expresado públicamente hacia la Mtra. Armida Lizbeth Guerrero Lara tras conocerse su remoción. Quienes hemos atestiguado su capacidad organizativa y su genuino compromiso con la educación sabemos que su salida es una pérdida invaluable para el sistema. Alzamos la voz para exigir que en Chihuahua prevalezca el mérito académico y el bienestar de los estudiantes por encima de cualquier conveniencia política o presión gremial.



