El Padre Óscar y las carretas atascadas

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Por: Víctor M. Quintana S. 

Cuando repaso la historia del Padre Oscar Enríquez, recuerdo la anécdota de San Demetrio que Albert Camus relata en su magistral drama “Los Justos”: 

(San Demetrio)” Tenía cita en la estepa con el mismo Dios, y allá iba de prisa cuando encontró a un campesino con la carreta atascada. Entonces San Demetrio lo ayudó. El barro era espeso, el bache profundo. Hubo que luchar durante una hora. Y al terminar, San Demetrio corrió a la cita, pero Dios ya no estaba.”

La vida pastoral de Óscar es la historia de San Demetrio, pero con otro final:

Ya casi era sacerdote cuando su tierra, Ciudad Madera y el país entero fueron sacudidos por la gesta del grupo guerrillero comandado por Arturo Gámiz y Pablo Gómez. Si Óscar hubiera estado ahí no hubiera negado el responso a los guerrilleros masacrados, como lo hizo el párroco de entonces.  Luego fue vicario en Nuevo Casas Grandes, donde aun no se extinguía la polvareda de las tomas de tierras de la UGOCM. 

Las carretas atascadas comenzaban a aparecer…

Ya en Ciudad Juárez, Óscar aceptó gustosamente la parroquia de San Pedro y San Pablo, en la periferia norponiente. Ahí encontró las carretas atascadas de las familias recién migradas a la ciudad, con techo y trabajo precarios; de las madres solas y las y los jóvenes excluidos de la educación y empleo. Con ellas comenzó una labor de toma de conciencia y organización, inspirado  por el Concilio Vaticano II y el Documento del Episcopado Latinoamericano de Medellín. 

El Padre Óscar inició el movimiento de Comunidades Eclesiales de Base en la diócesis de Juárez: grupos de personas de clase trabajadora que se reúnen para ver su realidad problemática, analizarla críticamente y actuar colectivamente para transformarla en un sentido de justicia y dignidad evangélicas. Estas comunidades fueron también sujeto de solidaridad con las luchas y movimientos que emergían en esta frontera: estudiantes, obreras de maquiladoras, transportistas, y campesinos. 

De ese ver, pensar y actuar con la gente de las colonias populares surgió la Organización Popular Independiente, movimiento de base, orientado no sólo a las reivindicaciones inmediatas, también a la formación de la conciencia y construcción cotidiana de una utopía justiciera y solidaria.

Sacando del fango estas carretas fue donde el Padre Óscar y las comunidades de Juárez, de todo México y Nuestramérica se encontraron con otras muchas personas, que no eran religiosas, pero compartían el mismo compromiso e ideales.  Óscar se convirtió en un referente, un enlace confiable para los movimientos, las personas y organizaciones de izquierda, para intelectuales y periodistas que ven en él un signo eficaz de la Teología de la Liberación. Primero liberación y luego teología, diría Don Sergio Méndez Arceo.

Ese liderazgo reconocido afuera de la Iglesia también fue reconocido dentro: el ejemplo y la palabra sustantiva del Padre Óscar atrajeron un buen grupo de sacerdotes, religiosas y laicos, sobre todo jóvenes. Así se fue conformando en esta amada frontera ese movimiento que el sociólogo marxista Michael Löwy llama “Cristianismo de Liberación”: la opción por los pobres, acompañada de la acción concreta en su lucha por la igualdad, la dignidad y la justicia

De San Pedro y San Pablo Óscar pasó a otra parroquia de la periferia marginada de Juárez: Jesús Obrero.  A principios de los años dos mil, como si no fueran suficientes las carretas atascadas en la exclusión, Óscar tornó sus ojos al mundo de los atropellos a los derechos humanos, de la tortura. la represión policíaca y la militarización omnipresentes. No lo dudó:  se sumergió en ese fango denso que ahoga a las víctimas de la violencia, criminal y policíaca. Para eso fundó el Centro de los Derechos Humanos Paso del Norte. 

Desde entonces, con la dirección e inspiración del Padre Óscar el Centro Paso del Norte ha sido faro en los episodios más violentos en esta frontera. El equipo formado por él e integrado mayoritariamente por mujeres competentes y valerosas, ha hecho frente a situaciones tan injustas y dolorosas como la Masacre de Villas de Salvárcar, la fabricación de culpables por las autoridades, la desaparición de personas, los feminicidios, la tortura y la militarización, las detenciones ilegales y el mal trato a migrantes. 

Esta práctica cristiana de liberación le valió a Óscar ser de los pocos sacerdotes invitados a la Conferencia del Episcopado Latinoamericano de Aparecida, Brasil en 2007, cuyo relator fue el entonces Cardenal Jorge Mario Bergoglio.

Volvamos a San Demetrio, quien, por ayudar al campesino de la carreta atascada, ya no encontró a Dios. 

Creo que el Padre Óscar Enríquez nunca estuvo en esa situación: o pensó que, si Dios no lo esperaba porque estaba ayudando al campesino en apuros, no sería el Dios en que él cree. O, lo más seguro es que haya pensado que su cita con Dios no está allá muy lejos, sino precisamente ahí donde los pobres de este mundo luchan contra el fango de la injusticia y la violencia.

Gracias, Padre Óscar Gracias por enseñarnos con tu vida a ser de los que siempre llegarán tarde a la cita porque hay demasiadas carretas atascadas y demasiados hermanos que socorrer. Por enseñarnos a amar la justicia con ternura, para a citar de nuevo a Camus.