Educar para Transformar: El Latido Pedagógico de Chihuahua desde la Trinchera de la UPNECH

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Por: Dr. Héctor Alejandro Navarro Barrón

Asumir el grado de Doctor en Educación por la Universidad Pedagógica Nacional del Estado de Chihuahua (UPNECH) no es un mero trámite académico; es, ante todo, un pacto ético con el porvenir de nuestra tierra. Al mirar el camino recorrido por nuestra alma mater, es inevitable reflexionar sobre cómo una red de unidades federales nacidas originalmente para profesionalizar al magisterio nacional transitó, en aquel histórico agosto de 2011, hacia un Organismo Público Descentralizado con voz y patrimonio propios. Esta descentralización no representó solo un cambio administrativo, sino la conquista de una soberanía pedagógica que ha permitido diseñar respuestas con pertinencia biocultural, adaptadas a la geografía y a los profundos contrastes de la entidad.

Como egresado, he vivido de cerca la riqueza de un modelo educativo que desafía de raíz la centralización del conocimiento. Mientras la academia tradicional suele concentrarse de manera exclusiva en las urbes, la UPNECH late con fuerza en doce unidades de atención distribuidas de manera estratégica a lo largo del vasto territorio chihuahuense.

Su presencia se siente lo mismo en el entorno fronterizo e industrial de Ciudad Juárez que en el corazón de la Sierra Tarahumara, como en Creel, Guachochi y Guadalupe y Calvo. No es una universidad de escritorio; es una institución de territorio.

Esta vocación de arraigo se manifiesta con especial nitidez en el compromiso con los pueblos originarios de Chihuahua. El esfuerzo permanente por dignificar la educación indígena a través de la Licenciatura en Educación Preescolar y Primaria para el Medio Indígena (LEPEPMI) o la sistematización del patrimonio biocultural de las comunidades rarámuri, pima y ódami demuestra que la pedagogía debe hablar la lengua de las comunidades para ser verdaderamente emancipadora.

Hitos como la publicación del programa y libro de texto bilingüe Benériba ralámuli ra’íchika no son meras medallas de papel, sino herramientas de resistencia cultural diseñadas para combatir de forma activa el rezago escolar desde las aulas de la serranía.

Por otro lado, la formación doctoral en la UPNECH rompe los moldes de la cátedra vertical y solitaria. Quienes transitamos por sus aulas experimentamos la riqueza de los seminarios flexibles y modulares, donde múltiples académicos dialogan de manera colegiada para enriquecer nuestra mirada investigadora. Este rigor integra a los doctorantes activamente a redes fundamentales de generación de conocimiento, tales como la Red de Investigadores Educativos Chihuahua (REDIECH) y el Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), evidenciando que la investigación científica que se produce en Chihuahua tiene un impacto de escala nacional.

Incluso más allá de nuestras fronteras, la UPNECH ha sabido construir puentes científicos en una época marcada por las narrativas divisorias. El convenio de colaboración con la Western New Mexico University (WNMU), que ha propiciado el desarrollo de publicaciones binacionales sobre justicia social y la revitalización de lenguas originarias como el rarámuri, ratifica que nuestro compromiso con la diversidad no conoce límites geopolíticos.

Hoy, al ostentar con orgullo el título de Doctor en Educación, asumo el llamado del lema fundacional: Educar para Transformar. La educación en Chihuahua se encuentra ante retos demográficos, sociales y tecnológicos formidables, pero contamos con una base sólida.

Nos corresponde a nosotros, los egresados, honrar la herencia humanista, incluyente e intercultural de la UPNECH. Debemos seguir investigando bajo un enfoque participativo «sujeto-sujeto», garantizando que el conocimiento continúe siendo la herramienta más potente de justicia social y equidad para Chihuahua y para todo México.