Por: Dr. Héctor Alejandro Navarro Barrón
Hoy, 13 de octubre de 2026, se marca un hito invaluable en la historia cultural de Chihuahua: el 50 aniversario de la fundación del Centro de Educación Artística (CEDART) «David Alfaro Siqueiros». En un estado históricamente volcado hacia el desarrollo agroindustrial y manufacturero, este recinto emplazado en la Calle 4a del centro de nuestra capital se ha erigido, contra viento y marea, como un contrapeso humanístico y la única opción educativa a nivel medio superior en su tipo en todo el territorio chihuahuense.
Escribo estas líneas atravesado por la nostalgia y el orgullo, pues tengo el honor de ser egresado de la primera generación de su bachillerato en arte, y el enorme privilegio de haber regresado a sus aulas, tiempo después, para ejercer como docente. Quienes hemos caminado por esos pasillos sabemos que el CEDART no es una preparatoria cualquiera; es un laboratorio vivo donde el rigor científico y analítico converge de manera indisoluble con la pasión estética y la sensibilidad humana.
Nacido a finales de 1976 bajo el impulso del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) en un loable esfuerzo por descentralizar la cultura en el país, el plantel adoptó con inmensa justicia el nombre del gigante muralista camarguense, David Alfaro Siqueiros. Fieles a su epónimo, en la escuela aprendimos tempranamente que el arte no debe ser un adorno elitista, sino una herramienta de transformación crítica y social. Ese es el mandato que el CEDART ha cumplido a cabalidad a través de su Bachillerato de Arte y Humanidades, un modelo exigente que forja a los estudiantes amalgamar disciplinas como las matemáticas, la química y la filosofía, con talleres intensivos de danza, teatro, artes plásticas, literatura y música.
A lo largo de estas cinco décadas, la aportación del CEDART a la formación de artistas ha sido simplemente monumental. Como exalumno y exprofesor, he atestiguado cómo nuestra institución nutre de manera orgánica y vigorosa a las instituciones de educación superior, destacando su profunda simbiosis histórica con la Facultad de Artes de la UACH. De nuestros salones han egresado generaciones de creadores que hoy definen el rumbo cultural del norte de México. Pienso en plumas galardonadas a nivel nacional como Alejandra Torres García, en talentos musicales como Cristian Olivares, y en los incansables baluartes de la docencia y la escena local como Sagrario Silva Vélez, Elsa Sáenz Trillo y Georgina Graciela Ayub Chávez.
Llegar a este medio siglo de vida, sin embargo, no ha sido tarea fácil. La comunidad escolar —estudiantes, docentes y personal administrativo— ha tenido que resistir estoicamente los embates crónicos de la austeridad presupuestal, defendiendo el derecho a la educación integral, manifestándose contra la precarización y exigiendo constantemente la dignificación de sus espacios e infraestructura.
Hoy, al conmemorar medio siglo de aquel 13 de octubre de 1976, brindo no solo por mi alma mater, sino por cada joven chihuahuense que sigue encontrando en el CEDART un refugio, una vocación y una voz. Larga vida al CEDART «David Alfaro Siqueiros», el semillero inagotable e indispensable de las artes en Chihuahua.



