El estatuto no se interpreta: se respeta

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Por: Prof. José Gpe. Olivas Olivas (Maestro frente a grupo y responsable de la Secretaría de la Contraloría de la sección 42 del SNTE)

Con respecto a darle más alargue a las renovaciones seccionales del SNTE en el país.

EL ESTATUTO NO SE INTERPRETA: SE RESPETA.

Firme en la postura de defender y respetar el máximo ordenamiento que rige la vida sindical. Sostengo que el Estatuto no puede estar sujeto a interpretaciones convenientes, coyunturales o de grupo. Es la norma que obliga por igual a quienes ocupan una responsabilidad sindical y a quienes representamos la base trabajadora.
Considero que quien desde una función sindical guarda silencio cuando se vulneran las reglas estatutarias no puede considerarse ajeno a esa violación. La responsabilidad sindical no solamente consiste en ocupar un cargo o ejercer una representación; implica también defender los principios, derechos y procedimientos que nuestra propia organización se ha dado.

MAESTRO ALFONSO CEPEDA SALAS, respetuosamente lo invito a realizar un ejercicio de introspección y a revisar con seriedad los argumentos que hoy se presentan en torno al proceso electoral. No debemos olvidar que usted mismo asumió públicamente compromisos con el Gobierno Federal en turno, entre ellos la incorporación de millones de trabajadores de la educación al proyecto de Morena y el uso de la estructura del SNTE para alcanzar ese objetivo. Precisamente por ello, considero indispensable distinguir entre la responsabilidad institucional del Sindicato y los intereses políticos de cualquier gobierno, partido, grupo o dirigente.

El SNTE pertenece a sus trabajadores y a su base, no a una administración en turno ni a un proyecto político determinado.

Ser Secretario General del SNTE conlleva una enorme responsabilidad: hacer valer el Estatuto por encima de cualquier interés personal, de grupo de poder o de factores externos al propio Sindicato. La dirigencia sindical debe ser la primera en garantizar que las reglas que rigen nuestra organización sean respetadas, especialmente cuando se trata de procesos que determinan la representación y la voluntad de miles de trabajadores.

Porque si el Estatuto solamente se invoca cuando resulta conveniente y se deja de lado cuando representa un obstáculo para determinados intereses, entonces ¿qué certeza puede tener la base trabajadora de que su voto, su participación y sus derechos serán respetados?

Hoy no se trata de confrontar personas ni de construir adversarios. Se trata de defender instituciones, reglas y principios. Desde mi posición, considero que quien ocupa una responsabilidad sindical tiene la obligación de garantizar piso parejo, transparencia y respeto irrestricto a la voluntad de los trabajadores. La unidad sindical no se construye pidiendo silencio ante las irregularidades; se construye respetando la legalidad interna y escuchando a la base.

Mi postura es clara: nadie está por encima del Estatuto. Ningún dirigente, ningún grupo de poder y ningún interés político puede estar por encima de las reglas que democráticamente nos hemos dado.

Defender el Estatuto no es un acto de confrontación; es un acto de responsabilidad sindical.
Cuando se defiende la norma, se defiende al Sindicato.
Cuando se defiende el voto, se defiende a la base.
Y cuando se defiende la democracia sindical, se defiende la dignidad de los trabajadores de la educación.

Ejerciendo mi derecho a una opinión personal respetuosa.