ASEDIO PSICOLÓGICO GRUPAL LABORAL
¿Roce profesional o castigo disciplinario?
A quien corresponda:
Mi nombre es Susana N, trabajadora de intendencia en la Escuela Primaria Glafira
Chávez Fernández.
Hace aproximadamente un año sufrí un acto de violencia por parte de un compañero intendente Martin N con quien había trabajado durante cuatro años. Al enterarse los directivos de lo sucedido, considero que actuaron de manera inadecuada en mi
contra, por lo que me sentí desprotegida y me vi en la necesidad de solicitar la intervención de la policía.
Presenté una denuncia ante, SNTE, la Fiscalía y ante SEECH; sin embargo, al no recibir una pronta resolución, comenzó una situación de persecución en mi contra que ha derivado en un presunto caso de asedio psicológico laboral. Considero que esta situación ha sido promovida por diversas personas del colectivo escolar, presuntamente influenciadas por la subdirectora del plantel y Supervisora escolar, Patricia N y Mireya N.
El acoso laboral puede manifestarse de diferentes formas. La violencia grupal es una de ellas y, desde mi experiencia, constituye una forma de represalia derivada de la denuncia presentada contra una persona que goza del aprecio y respaldo de algunos integrantes del personal.
Es preocupante observar que existen numerosas denuncias presentadas por trabajadores de la educación y que, en muchos casos, no se perciben acciones efectivas por parte de las autoridades correspondientes. Además, la exigencia de evidencias fotográficas ha generado prácticas que considero perjudiciales para el ambiente laboral del Sector.
En la escuela, los escritorios del personal docente se encuentran orientados hacia la puerta y las ventanas permanecen abiertas, mientras algunas personas permanecen atentas con sus teléfonos celulares para tomar fotografías de los trabajadores. Estas acciones generan un ambiente de vigilancia constante que provoca desgaste emocional y afecta la salud mental de quienes son objeto de estas prácticas.
La institución cuenta con cámaras de seguridad; sin embargo, además de estas, se toman fotografías desde computadoras o dispositivos personales dirigidos a los monitores de vigilancia. Considero que algunas personas dedican parte de su jornada a observar y documentar las actividades de determinados trabajadores, en lugar de concentrarse plenamente en sus responsabilidades educativas.
Tengo conocimiento de que existe la recomendación de documentar mediante cámaras y fotografías el desempeño laboral de los trabajadores de intendencia. No obstante, el trabajo realizado puede quedar desvirtuado por una imagen tomada fuera de contexto, por ejemplo, durante un descanso o al momento de consumir alimentos. Aunque puedan parecer detalles insignificantes, estas acciones generan afectaciones emocionales cuando ocurren de manera constante.
En algunas ocasiones me he visto en la necesidad de evitar tomar alimentos durante la jornada laboral o incluso de no resguardarme del sol ni ingresar a un salón para tomar agua, debido al temor de que cualquier acción sea fotografiada e interpretada de forma negativa. Esta situación genera impotencia y preocupación, especialmente al pensar en cuántas personas podrían estar viviendo experiencias similares o incluso haber perdido su empleo debido a fotografías sacadas de contexto o acusaciones infundadas.
También considero preocupante que los trabajadores de intendencia no cuenten con un espacio adecuado para resguardarse durante su jornada laboral. Cuando existen diferencias con directivos, algunos trabajadores permanecen expuestos durante
horas a las condiciones climáticas extremas que caracterizan al estado de Chihuahua, afectando su salud e integridad física.
Asimismo, la ausencia de un manual claro de funciones y actividades específicas para el personal de intendencia nos expone a realizar tareas que pueden ocasionar lesiones en rodillas, espalda y columna vertebral. Conozco diversos compañeros que padecen problemas de salud derivados de actividades físicas exigentes, como cargar objetos pesados, subir a techos o realizar labores que exceden las funciones habituales del puesto.
Otro aspecto que considero necesario señalar es la existencia de diversas denuncias que, según mi conocimiento, involucran a personal directivo y de supervisión educativa por presuntos actos de violencia de género, discriminación, acoso laboral, despido injustificado y otras conductas contrarias a la dignidad de los trabajadores.
Considero importante que todas estas denuncias sean investigadas en todo el Sector N de manera imparcial y conforme a derecho.
Me preocupa que pueda existir un patrón de actuación que favorezca prácticas de presión, intimidación o represalias contra trabajadores que presentan inconformidades o denuncias. Quienes ocupan cargos de autoridad tienen la responsabilidad de actuar conforme al Código de Conducta aplicable a los servidores públicos y garantizar un ambiente laboral libre de violencia.
Las afectaciones psicológicas son una consecuencia frecuente de los procesos sistemáticos de violencia laboral. El acoso puede ser individual, grupal o colectivo. En mi percepción, los hechos descritos reflejan prácticas que afectan a distintos trabajadores mediante mecanismos similares.
La manipulación psicológica en el trabajo suele manifestarse mediante la transferencia de la culpa hacia quien establece límites, denuncia irregularidades o ejerce su derecho a expresar inconformidades. Esto genera miedo a perder el empleo y una sensación de indefensión frente a autoridades que ejercen su poder de manera autoritaria.
Por todo lo anterior, solicito que se analicen y atiendan estas situaciones, con el fin de proteger los derechos, la integridad y la dignidad de todos los trabajadores de la educación.
Atentamente,
Susana N.
Trabajadora de Intendencia.



