Se ha ido un guerrero: Miguel Jiménez

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Por: Profr. José Luis Fernández Madrid

Espero el favor de su dispensa, quienes me hacen el honor de leer lo que escribo, saben que no acostumbro externar cosas personales, hoy, la situación lo amerita.

Tuve el gusto de conocer a Miguel Jiménez hace algunos ayeres en algún momento de nuestro andar por las lides magisteriales, no me acuerdo de la fecha ni el momento preciso, lo que sí recuerdo y recordaré siempre es su forma  de expresar y seguir su filosofía de vida.

Es durísimo saber que repentina e inesperadamente pasó a ocupar su columna en el eterno oriente, ya no tendré la oportunidad de charlar con él a la orilla de un campo de fútbol de la Liga Estatal de Formación en la cual su hijo jugaba representando siempre con honor y entrega los colores de su equipo; virtudes que seguramente le fueron heredadas por su padre, siempre institucional y leal a sus convicciones.

Hace apenas unas semanas, unos días, estuvimos compartiendo ideas, reflexiones y análisis acerca de la sucesión en la Dirigencia de la Sección 42 del SNTE, centrado, ecuánime y con un profundo respeto manifestaba su parecer acerca de lo que debe ser el sindicalismo, se quedó pendiente una plática más para esta semana, los mensajes en mi teléfono celular dan fiel testimonio de que lamentablemente así será.

Precisamente sobre ese tema, su triste pérdida nos da un recordatorio de la fragilidad de esta vida terrenal, de que hay cosas más importantes que estar calumniando, atacando y denostando a quienes no piensan igual que nosotros; que antes que nada está la dignidad y el ser humano por sí mismo, de que nadie tiene el futuro asegurado y menos dejando en el camino perjurios y perjuicios.

El profe Jiménez reiteraba en cada momento su llamado a la cordura, a las buenas formas, al diálogo, a externar con franqueza y sinceridad los puntos de vista, respetando las diferencias y reconociendo las convergencias.

Partió un buen hombre, un gran padre y un excelente compañero de vida para su señora esposa, es inevitable no reconocer su valentía, su honorabilidad, su honestidad.

Estoy convencido de que se imagen y mensaje perdurarán entre quienes tuvimos la dicha de conocerle. Deja un profundo hueco en la vida de muchos. Su familia y personas cercanas deben seguirse sintiendo orgullosos de él, aún a la distancia que nos separa en su nueva dimensión.