Glasgow: COP26

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Por: Rosalío Morales Vargas

Se acaba el tiempo. Nuestro planeta ya no aguanta,
es urgente la acción y cursar otro camino,
la obcecada manía por el lucro y la ganancia,
rapacidad que enferma y nos lanza a los abismos;
es la hora del grito en defensa de la tierra,
antes de que se ponga la proa hacia el vacío.
En el centro escocés de la victoriana Glasgow
están puestos los ojos del mundo compungido,
en el profundo fiordo del Clyde de aguas inquietas
zozobran las palabras, abulia ante el peligro;
si ahora no se lucha por cambios radicales,
después sólo lamentos carentes de sentido.

Sin consecuencia acuerdos y compromisos de humo,
por élites cubiertas con capas de dinero
que alienan el futuro y fabrican las cadenas
para que al fin la gente se hunda en el silencio;
vesania criminal, estas cúpulas promueven
vómitos de carbón en troneras del desprecio,
marejadas humanas de lares devastados,
incendio de las selvas, de polos el deshielo,
el tósigo en los mares, catástrofe en los ríos,
las pandemias del hambre y pobreza de los suelos,
las plagas y sequías, aluviones torrenciales,
¡ destructivo el sistema, engendro del imperio !

Y en este tiempo despedazado por la muerte,
acrecienta el susurro, la convicción se escucha:
habremos de imprecar a emisarios nauseabundos,
y nunca danzaremos al ritmo de la usura;
no existen para el clima fronteras de países,
emergen desde abajo los pueblos que se ayudan,
algarabía de jóvenes, senda irrenunciable
no quieren sociedades corruptas, moribundas,
indígenas del globo exigen contundencia,
no cumbres de palabras, discursos con perjura.
Rayos de sol entibian al Glasgow aterido,
es la marea insurgente que barre la basura.