Un país que se conoce caminando

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Por: Patricio Rodríguez Palma

Andrés Manuel López Obrador nació en Tepetitán, una comunidad rural de Macuspana, Tabasco. Desde aquella tierra comenzó un recorrido político que lo llevaría a gobernar la Ciudad de México y, años después, a convertirse en presidente de la República. Su historia está marcada por décadas de recorridos, encuentros con campesinos, asambleas en plazas públicas y visitas a comunidades que durante mucho tiempo permanecieron lejos de las prioridades del poder.

Conoció la capital y sus contradicciones, pero también los caminos de tierra, las plazas de los pueblos y las necesidades de quienes viven lejos de las grandes ciudades. Recorrió el país durante años, incluso municipio por municipio, construyendo una relación política que no dependía únicamente de los periódicos o la televisión. En muchos lugares, la gente lo conocía porque había estado ahí, porque lo había escuchado hablar y porque había podido mirarlo de frente.

De alguna manera, México entero se convirtió en su casa.

Esa cercanía ayuda a entender una parte importante del movimiento que encabezó. La Cuarta Transformación encontró reconocimiento en lugares donde la política nacional parecía una conversación lejana, ajena a la vida cotidiana. El compañero presidente llegó a comunidades donde pocas veces se detenían a escuchar a sus habitantes y consiguió que muchas personas sintieran que también formaban parte de la historia del país.

En Guachochi, donde la memoria de las comunidades indígenas conserva una relación profunda con el territorio, esa historia tiene un significado particular. La 4T es reconocida por muchas personas que identifican en López Obrador una figura cercana al pueblo y una forma distinta de entender la responsabilidad pública.

Sin embargo, esa confianza también representa una responsabilidad.

Los ideales de un movimiento se ponen a prueba en los municipios, en las decisiones cotidianas, en el uso del presupuesto y en la conducta de quienes ocupan los cargos públicos. Por eso debemos apostar por perfiles intachables, personas sin escándalos de corrupción ni antecedentes de malos manejos, capaces de honrar la confianza que reciben.

El pueblo sabe observar. Tiene memoria y conoce a quienes han estado cerca de él, pero también recuerda las promesas incumplidas y las oportunidades desperdiciadas.

Guachochi necesita un cambio profundo. Necesita nuevas generaciones, perfiles preparados y una manera distinta de ejercer la política municipal. Un cambio que permita abrir espacios a quienes conocen las comunidades, entienden sus necesidades y están dispuestos a asumir responsabilidades con honestidad.

La transformación debe sentirse en la vida de la gente. Debe verse en los caminos, en los servicios, en las oportunidades para los jóvenes y en la atención que reciben las comunidades más alejadas.

López Obrador construyó una parte fundamental de su historia recorriendo México. Guachochi también tiene la oportunidad de escribir una historia distinta, con personas que conozcan su tierra, respeten a su gente y comprendan que gobernar es una responsabilidad que se demuestra todos los días.

Porque la confianza del pueblo se hereda como una responsabilidad, nunca como un privilegio.

Bora, Bora y Bora Patricio

Tónachi Guachochi Chih a 26 de Octubre del 2026