Jugar derecho

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Por: Patricio Rodríguez Palma

La detención de César Jáuregui sacude la política de Chihuahua y nos recuerda algo que la historia suele enseñar de la manera más dolorosa: en el poder, las lealtades pueden durar décadas y romperse en un instante. Las acusaciones en su contra deberán probarse ante la justicia, pero el episodio ya abre una discusión sobre la traición, los intereses políticos y el precio de cruzar ciertas líneas.

Hay traiciones que se cometen contra las personas y otras que comprometen algo mucho más grande: la confianza pública, las instituciones y la soberanía de un país. Cuando se ejerce el poder, cada decisión tiene consecuencias que van más allá de los acuerdos entre unos cuantos.

Andrés Manuel López Obrador entendió como pocos que la política también se construye desde la paciencia, la resistencia y la capacidad de leer el momento histórico. Su trayectoria dejó una lección sobre la importancia de mantener principios y construir un proyecto capaz de sobrevivir a sus adversarios. Claudia Sheinbaum enfrenta ahora su propia responsabilidad: ejercer el liderazgo con firmeza, defender la soberanía nacional y demostrar que la transformación también exige instituciones que actúen conforme a la ley.

«Al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie». La frase de López Obrador adquiere especial relevancia cuando quienes deben hacer cumplir la ley quedan bajo investigación. Su sentido exige congruencia, incluso cuando las circunstancias resultan políticamente incómodas.

En Chihuahua hace falta recordar qué significa jugar derecho. La política puede ser competencia, confrontación y diferencias profundas; jamás debería convertirse en una licencia para torcer las reglas según la conveniencia del momento. Quien aspira a servir debe entender que la confianza se construye con hechos y que ninguna posición está garantizada para siempre.

También debemos hablar de reconciliación. Un estado dividido por la desconfianza difícilmente puede construir un futuro compartido. Reconciliarse exige reconocer los errores, asumir responsabilidades y abrir caminos para que las diferencias no terminen destruyendo toda posibilidad de entendimiento. La justicia debe esclarecer los hechos y cada persona debe responder por sus propios actos.

Hay miedo en estos momentos, porque los cambios incomodan y porque quienes han observado la política desde dentro saben cuánto puede costar sostener una convicción. Pero también hay esperanza. Los momentos de incertidumbre permiten reconocer quién actúa por conveniencia y quién está dispuesto a defender sus principios incluso cuando hacerlo tiene consecuencias.

Chihuahua necesita recuperar la confianza en la política. Necesita personas que comprendan que el poder es temporal, que la palabra tiene valor y que la ciudadanía merece algo más que disputas entre grupos.

Las aspiraciones pueden ser legítimas; los caminos para alcanzarlas deben serlo también. Porque, al final, la política termina poniendo a cada quien frente a sus decisiones.

Y cuando llegue el momento de mirar hacia adelante, habrá que elegir entre seguir alimentando las viejas divisiones o construir algo distinto.

La esperanza comienza cuando dejamos de tenerle miedo al cambio. La dignidad comienza cuando aprendemos a jugar derecho.

Siempre el traidor es el vencido y el leal es el que vence
Calderón de la Barca

Tónachi Guachochi Chih a 19 de Octubre del 2026