Por: Hernán Ochoa Tovar
Probablemente les parezca curioso que alguien formado en la Pedagogía Crítica, como lo es un servidor, vaya a tener una opinión positiva de la política educativa de la Sra. Presidenta del Perú. Empero, haciendo una paráfrasis del Dr. Peter McLaren, creo que no hay una forma única de hacer pedagogías críticas. En mi caso, vuelco el radio de acción de la perspectiva en mención en el pensamiento crítico, más que en la politización del derrotero educativo.
Habiendo hecho el preámbulo anterior, diré que tengo la impresión de que doña Keiko Fujimori está comenzando su administración con el pie derecho en el ámbito educativo. Ha roto paradigmas muy arraigados para bien, cosa que celebro. Ejemplo de esto es que nombró a José Antonio Chang, un experto en menesteres educativos, como Ministro de Educación del Perú. Mientras sus antecesores nominaban funcionarios que duraban un santiamén y muchos ni conocían del tema (curiosamente, ni el Profr. Pedro Castillo nominó a buenos ministros en el ramo), doña Keiko nombró al Mtro. Chang, quien, además de ser rector de una connotada universidad peruana, ya había ocupado el mismo cargo en el segundo gobierno de Alan García y había tenido un desempeño exitoso, pues instituyó el equivalente al extinto SPD (Servicio Profesional Docente) en territorio peruano, llevando a que el mérito se tornara en parte fundamental de la formación y trayectoria docentes. Como podemos ver, el Mtro. Chang es un académico y no un político. Quizás por eso tiene una agenda clara y no piensa coyunturalmente y sí a largo plazo, aspecto que se requiere sobremanera en la educación, pero no siempre es atendido por las agendas gubernamentales.
También, por otro lado, el día de hoy doña Keiko dio un sentido discurso donde habló de la revalorización de la profesión docente, apoyando a las y los maestros para que corrijan y le llamen la atención a los chicos «malcriados» (sic), que retornen los reportes de conducta – que, me imagino, habían prohibido los gobiernos progresistas- y haya cero tolerancia hacia el bullying y el ac4s6 s5x7l, permitiendo expulsar a los infractores y llamando a las autoridades (hizo alusión a la policía y al ministerio público) para que los aludidos declaren ante la autoridad correspondiente.
Debo decir, celebro que doña Keiko esté revalorizando el quehacer de los docentes, así como el impacto que tienen en la formación de las y los ciudadanos. Ignoro si su medida vaya a funcionar; empero, como dijo el finado Arturo Castro «nunca hay una segunda vez para una primera gran impresión». Y, francamente, creo que doña Keiko está siendo bien asesorada. Mientras muchos mandatarios de izquierda y derecha dan palos de ciego en la materia, doña Keiko parece actuar con asertividad. Por el bien de las juventudes, que así sea. Parece que quiere lograr lo que hasta ahora ha sido una misión imposible: un equilibrio entre la pedagogía progresista y la educación lancasteriana.
Pd. Por otro lado, siento que en mi país, siento que la izquierda ha tenido claroscuros en la materia. AMLO despreció el mérito y (salvo el caso de Esteban Moctezuma y de Gilberto Guevara Niebla) puso a no pocos incompetentes en áreas clave del quehacer educativo. La Dra. Sheinbaum ha tomado algunas decisiones acertadas. En la estructura de la SEP hay gente valiosa. Pero se ve que Mario Delgado puede tener conocimiento de cuestiones políticas, pero no es el más conocedor en cuanto a cuestiones de educación elemental y superior. La terca realidad está probando que poner a un político gris como jefe máximo de la educación en México fue un craso error. Debería relevarlo con una de las subsecretarias de educación (Tania Rodríguez Mora o Noemí Juárez Pérez) o con el actual director del CONAFE, Gabriel Cámara, uno de los pocos funcionarios nombrados por AMLO -y ratificado por la Doctora- que ha hecho un papel decoroso. Resulta una paradoja que una política profesional (Keiko Fujimori) comprenda mejor la educación, que una académica de cepa como es la Dra. Sheinbaum. Para muestra, un botón.



