La atención médica en el ISSSTE Chihuahua debe de ser un derecho, no un golpe de suerte

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Por: Nohemí Domínguez

Entre enfermos que no son atendidos a tiempo, doctores de guardia sin experiencia y enfermeros que no han aprendido a canalizar o a encontrar una vena o arteria y dejan al paciente con los brazos morados —un verdadero calvario para muchos—, así transcurre la mañana, la tarde, la noche y lo que le sigue en el hospital Lázaro Cárdenas del ISSSTE en Chihuahua.

Soy una persona que lo visita seguido pues, desafortunadamente, en mi casa la salud ha faltado (no para mí, es lo bueno). A mí me toca presenciar todo este circo llamado «atención médica», que lejos de ser un derecho se convierte en un privilegio para quienes sí corren con la suerte de ser efectivamente atendidos.

Cada cambio de turno implica empezar de nuevo. Aunque se la pasan escribiendo y escribiendo cada que cambia el turno, uno debe estar atento para decirles por qué vino a solicitar atención médica y empezar desde cero. Venir al ISSSTE es enfrentarte a un sinfín de obstáculos que cansan, desaniman y, por si fuera poco, te hacen sentir que vienes a que te regalen algo. Los médicos y enfermeras se encierran en sus cubículos y solo uno que otro se ve atendiendo; bueno, tomando signos y entregando medicamentos.

Lo que sí se puede observar es que hay festejos con pizza, refrescos, papas fritas y pasteles. Mientras algunos pueden meter aparatos eléctricos y comida, aquí pasamos las horas sin comer y solo seguimos indicaciones esperando a que se dignen a salir a darnos el diagnóstico que ha mantenido a nuestro paciente internado desde hace varias horas y que, «según esto», están estudiando.

Digo «según» porque le preguntas a quienes supuestamente están valorando los resultados y no saben ni de qué les habla uno; la manera más fácil de zafarse es decir: «Déjeme le mando a hacer otros estudios». Aquí es el punto de quiebre para cualquiera: ves a tu familiar sin mejoría, solo más decaído por la falta de comida, por el cansancio y el estrés de estar recostado en una cama recibiendo únicamente paracetamol con tramadol y varios piquetes de gente que aún no sabe encontrar venas. La tos con la que entró ya se complicó, está escupiendo más sangre y se ve claramente desmejorado.

Mientras tanto, se libra una pelea con uñas y dientes con los guardias porque no quieren dejarte estar presente. No creo que sea por sanidad, sino porque uno ve cómo se juntan a chacotear en el módulo de enfermeras y los dejan ahí bastante tiempo sin decirles nada. Hoy hubo un padre de familia que llegó a la desesperación al traer a su niña de unos dos años y, por supuesto, no la atendieron porque «no había médico». ¡Ah, chingado! ¿Dónde están? De seguro comiendo o durmiendo, porque para tener dos horas de espera sin recibir atención debe ser porque están demasiado ocupados. Y si están en una urgencia con código rojo, debería haber otro médico que atienda a los pacientes con código amarillo o verde, según su TRIAGE. Claro que el señor se paró a exigir atención y, lejos de brindarle calma, el enfermero (como muchos aquí) le respondió de manera prepotente y burlona. El padre explotó de manera violenta, ¿y quién no lo haría al ver a su hija sin reaccionar?

Por más que se dice que el ISSSTE ha mejorado, he de reconocer que solo ha mejorado la limpieza en esta clínica. Me ha tocado ver que los baños están limpios; claro, no sirven, se están cayendo las paredes, tienen batas como cortinas de baño, alambres en las puertas y los lavabos tienen solo una llave, pero limpios al menos. Hasta papel hubo en un tiempo que me tocó entrar.

Lo que no mejora es el trato hacia las personas que traemos pacientes, ni a los enfermos que tienen esperando una eternidad porque «hay mucha gente». Y sí, hay mucha afluencia, pero se les acumula más porque no hay atención rápida ni atinada. Ahí andan dice y dice lo mismo, pregunte y pregunte lo que ya se les dijo en el turno anterior, perdiendo exámenes de laboratorio y haciendo nuevos. En fin, parece que no trabajan en equipo y que el que llega no continúa con el tratamiento ya iniciado. Eso, obviamente, hace que se junten más pacientes y familiares haciendo bola, al punto en que ya no cabemos ni adentro ni afuera.
Entonces ¿Quién nos hará valer nuestros derechos como pacientes del ISSSTE? Porque puntualmente realizamos quincenalmente el pago
para recibir un servicio digno.