Son nuestro relevo magisterial

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Por: Arturo Limón

Dedicado a las jóvenes de la Escuela Normal Ricardo Flores Magón de Saucillo Chihuahua, que luchan por la recuperación de plazas que les brinden al mayor numero de personas condiciones estables de trabajo, que afrontan situaciones que nos deberían de dar pena en estos tiempos a los ciudadanos todos, como lo es la restricción del acceso a los servicios sanitarios en los edificios gubernamentales aledaños al espacio de su movimiento lo cual no ennoblece a quienes haciendo uso de su poder dictan tales medidas, ya que no obstante ser de momento un puñado a juicio de algunos que intentan provocarles con una persona que va a su espacio de lucha y les insulte quizás por pago, sin saber que estan hechos de esa templanza que se adquiere cuando la razón asiste al que lucha, cumpliendo a cabalidad la frase célebre del escritor y político cubano José Martí que señala; «un principio justo, desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército» coincido con él en que esta poderosa idea, resume su visión sobre la fuerza moral de la razón frente a la opresión.

Es de valorarse esta lucha que emprenden los jóvenes normalistas que a su vez coincide como lo dicho por Salvador de Madariaga, al expresar que; “El abuso del poder es una enfermedad, al parecer incurable del ser humano y, claro, que produce desorden. “El dinero no lleva más que al egoísmo, y conduce irremediablemente al abuso. “ los hombres, al obtener poder, a menudo lo utilizan para cometer injusticias, incluso después de haber criticado la injusticia cuando eran más débiles”.

Es claro qí que cuando hablamos de hombre nos referimos al humano en su conjunto sea varón o hembra, que cuando llegan al poder gustan más de servirse de él que de servir con él.

Pero como no hay mucho tiempo para precisar esto a detalle hoy, empleare un cuento del escritor ruso Aleksandr Nikolaievich Afanasiev cuyo título es; El campesino, el oso y la zorra,

El cual ilustra lo que sucede en las historias de vida, como la de este campesino que tiene momentos de triunfo y derrota para los victimarios que se llegan a convertir en víctimas.

Aquí el relato

“Un día un campesino estaba labrando su campo, cuando se acercó a él un Oso y le gritó:

-¡Campesino, te voy a matar!

-¡No me mates! -suplicó éste-. Yo sembraré los nabos y luego los repartiremos entre los dos; yo me quedaré con las raíces y te daré a ti las hojas.

Consintió el Oso y se marchó al bosque.

Llegó el tiempo de la recolección. El campesino empezó a escarbar la tierra y a sacar los nabos, y el Oso salió del bosque para recibir su parte.

-¡Hola, campesino! Ha llegado el tiempo de recoger la cosecha y cumplir tu promesa -le dijo el Oso.

-Con mucho gusto, amigo. Si quieres, yo mismo te llevaré tu parte -le contestó el campesino.

Y después de haber recogido todo, le llevó al bosque un carro cargado de hojas de nabo. El Oso quedó muy satisfecho de lo que él creía un honrado reparto.

Un día el aldeano cargó su carro con los nabos y se dirigió a la ciudad para venderlos; pero en el camino tropezó con el Oso, que le dijo:

-¡Hola, campesino! ¿Adónde vas?

-Pues, amigo -le contestó el aldeano-, voy a la ciudad a vender las raíces de los nabos.

-Muy bien, pero déjame probar qué tal saben.

No hubo más remedio que darle un nabo para que lo probase. Apenas el Oso acabó de comerlo, rugió furioso:

-¡Ah, miserable! ¡Cómo me has engañado! ¡Las raíces saben mucho mejor que las hojas! Cuando siembres otra vez, me darás las raíces y tú te quedarás con las hojas.

-Bien -contestó el campesino, y en vez de sembrar nabos sembró trigo.

Llegó el tiempo de la recolección y tomó para sí las espigas, las desgranó, las molió y de la harina amasó y coció ricos panes, mientras que al Oso le dio las raíces del trigo.

Viendo el Oso que otra vez el campesino se había burlado de él, rugió:

-¡Campesino! ¡Estoy muy enfadado contigo! ¡No te atrevas a ir al bosque por leña, porque te mataré en cuanto te vea!

El campesino volvió a su casa, y a pesar de que la leña le hacía mucha falta, no se atrevió a ir al bosque por ella; consumió la madera de los bancos y de todos sus toneles; pero al fin no tuvo más remedio que ir al bosque.

Entró sigilosamente en él y salió a su encuentro una Zorra.

-¿Qué te pasa? -le preguntó ésta-. ¿Por qué andas tan despacito?

-Tengo miedo de encontrar al Oso, que se ha enfadado conmigo, amenazándome con matarme si me atrevo a entrar en el bosque.

-No te apures, yo te salvaré; pero dime lo que me darás en cambio.

El campesino hizo una reverencia a la Zorra y le dijo:

-No seré avaro: si me ayudas, te daré una docena de gallinas.

-Conforme. No temas al Oso; corta la leña que quieras y entretanto yo daré gritos fingiendo que han venido cazadores. Si el Oso te pregunta qué significa ese ruido dile que corren los cazadores por el bosque persiguiendo a los lobos y a los osos.

El campesino se puso a cortar leña y pronto llegó el Oso corriendo a todo correr.

-¡Eh, viejo amigo! ¿Qué significan esos gritos? -le preguntó el Oso.

-Son los cazadores que persiguen a los lobos y a los osos.

-¡Oh, amigo! ¡No me denuncies a ellos! Protégeme y escóndeme debajo de tu carro -le suplicó el Oso, todo asustado.

Entretanto la Zorra, que gritaba escondiéndose detrás de los zarzales, preguntó:

-¡Hola, campesino! ¿Has visto por aquí a algún oso?

-No he visto nada -dijo el campesino.

-¿Qué es lo que tienes debajo del carro?

-Es un tronco de árbol.

-Si fuese un tronco no estaría debajo del carro, sino en él y atado con una cuerda.

Entonces el Oso dijo en voz baja al campesino:

-Ponme lo más pronto posible en el carro y átame con una cuerda.

El campesino no se lo hizo repetir. Puso al Oso en el carro, lo ató con una cuerda y empezó a darle golpes en la cabeza con el hacha hasta que lo mató.

Pronto acudió la Zorra y dijo al campesino:

-¿Dónde está el Oso?

-Ya está muerto.

-Está bien. Ahora, amigo mío, tienes que cumplir lo que me prometiste.

-Con mucho gusto, amiguita; vamos a mi casa y allí te daré las gallinas.

El campesino se sentó en el carro y se dirigió a su casa, y la Zorra iba corriendo delante.

Al acercarse a su cabaña, el campesino silbó a sus perros azuzándolos para que cogiesen a la Zorra. Ésta echó a correr hacia el bosque, y una vez allí se escondió en su cueva. Después de tomar aliento empezó a preguntar:

-¡Hola, mis ojos! ¿Qué han hecho mientras yo corría?

-¡Hemos mirado el camino para que no dieses un tropezón!

-¿Y ustedes, mis oídos?

-¡Hemos escuchado si los perros se iban acercando!

-¿Y ustedes, mis pies?

-¡Hemos corrido a todo correr para que no te alcanzaran los perros!

-Y tú, rabo, ¿qué has hecho?

-Yo -dijo el rabo- me metía entre tus piernas para que tropezases conmigo, te cayeses y los perros te mordiesen con sus dientes.

-¡Ah, canalla! -gritó la Zorra-. ¡Pues recibirás lo que mereces! -y sacando el rabo fuera de la cueva, exclamó-: ¡Cómanselo, perros!

Éstos cogieron con sus dientes el rabo, tiraron, sacaron a la Zorra de su cueva y la hicieron pedazos.”

EL MENSAJE DE LOS JOVENES

Por favor entiéndanlos autoridades y sociedad atendámoslos, son nuestro relevo magisterial,ellos educaran a lsa próximas generaciones,

Por una educación de calidad: transparencia y justicia en la asignación de plazas

El movimiento que actualmente mantenemos en el edificio Héroes de la Revolución surge de una exigencia legítima: transparencia, claridad y justicia en la asignación de plazas dentro del proceso USICAMM.

No estamos aquí únicamente para defender un puesto de trabajo. Estamos aquí porque detrás de cada plaza existe una escuela, un grupo y, sobre todo, niñas, niños y adolescentes que tienen derecho a recibir una educación de calidad.

Consideramos preocupante que, en muchas ocasiones, al docente se le vea únicamente como un recurso que debe justificarse mediante cifras de matrícula ante la Federación. Cuando la educación se reduce a números, se corre el riesgo de perder de vista lo verdaderamente importante: las necesidades de cada estudiante y las condiciones en las que aprende.

Tener grupos de 40 alumnos dentro de un mismo salón no significa necesariamente brindar una mejor educación. Por el contrario, grupos numerosos dificultan que el docente pueda conocer las necesidades particulares de cada estudiante, detectar oportunamente sus dificultades, acompañar sus procesos y brindar una atención verdaderamente individualizada. Y cuando la atención disminuye, el aprendizaje también puede verse afectado.

Por eso nuestra lucha no debe entenderse como una lucha exclusiva de los maestros. Es una lucha que involucra a toda la sociedad. Porque cuando exigimos más docentes, mejores condiciones y procesos transparentes, también estamos exigiendo mejores condiciones para que nuestros hijos, hermanos, sobrinos y comunidades puedan aprender.

No queremos que se nos otorguen plazas por privilegio. Queremos que se respeten los procesos, que las vacantes sean transparentes y que las decisiones educativas se tomen pensando primero en las necesidades de las escuelas y de los estudiantes.

Seguiremos alzando la voz de manera firme y organizada porque creemos que permanecer callados ante lo que consideramos injusto no es una opción.

Hoy estamos defendiendo nuestras plazas, pero también estamos defendiendo algo mucho más grande: el derecho de cada estudiante a tener un maestro que pueda atenderlo, acompañarlo y enseñarle en condiciones dignas.

Nuestra exigencia es clara: transparencia para los docentes, justicia en los procesos y calidad educativa para nuestros estudiantes.

Porque los maestros no somos números ni recursos que simplemente deben cuadrar en una estadística. Somos quienes estamos frente al aula, quienes conocemos las necesidades de nuestras comunidades y quienes todos los días ponemos nuestro trabajo al servicio de la educación.

Y por eso, nuestra lucha continúa.*

REFLEXION AL CIERRE.

“Los abusos, aun en el estado más sólido, son minas sordas que tarde o temprano estallan.”
Joseph Sanial-Duba