Por: Mtra. Erika Gabriela González Gaytán
El problema no es que las gestiones sindicales del SNTE se extiendan más allá de su tiempo de vencimiento, como ocurre actualmente con la Sección 42 de Chihuahua, que cabe aclarar, no es la única sección en esta situación.
Reconozco las facultades que corresponden a la dirigencia nacional para conducir y determinar los procesos de renovación de las dirigencias seccionales.
Reconocer esas facultades es reconocer la institucionalidad del SNTE y de nuestro Estatuto, pero cuestionar cómo se ejerce la representación durante ese periodo también es un ejercicio institucional y, además, necesario.
Porque el verdadero problema no es solamente cuánto tiempo más permanece una dirigencia, sino qué ocurre durante ese tiempo.
Y en la Sección 42, junto con la permanencia, se prolonga también el revanchismo político de quienes buscan imponerse.
Niveles y regiones completas en desatención por los caprichos de quienes «se subieron al ladrillo y se marearon».
Malos tratos. Falta de oportunidades de gestión en temas tan delicados como la salud o la crisis por falta de espacios ante la baja matrícula, «puerta cerrada» solamente por tratarse de personas no manipulables o por ser cercanos a ellas. Información oculta para capitalizarla políticamente o para evitar que se proyecte quien no les conviene.
Y cuando la diferencia política determina quién es escuchado, quién recibe información, quién puede gestionar y quién es marginado, ya no estamos hablando simplemente de una diferencia entre grupos.
Estamos hablando de una crisis de gobernabilidad sindical.
Por eso, si institucionalmente se determina extender una dirigencia, hay algo que no puede quedar en segundo plano:
también debe garantizarse la atención, la gestión, la información y la representación de toda la Base, sin distinciones políticas.
Una extensión del periodo de una dirigencia no puede convertirse en un cheque en blanco para excluir, dividir, condicionar la gestión o utilizar la representación sindical como instrumento de control político.
Al contrario: si se extiende el tiempo de una dirigencia, también debe reforzarse su obligación de representar a todos.
En aproximadamente dos semanas, el Consejo Nacional tendrá que valorar los tiempos y condiciones de los procesos de renovación. Y esa discusión no debería considerar únicamente la necesidad de evitar interferencias político-electorales externas.
También debe considerar cómo está viviendo cada sección ese periodo de extensión.
No todas las secciones están viviendo esta situación de la misma manera.
No todas las Bases enfrentan las mismas condiciones.
No todos los niveles y regiones reciben el mismo trato.
Por eso, si se toma una decisión que prolongue los tiempos de renovación, la realidad de cada sección debe ser escuchada y valorada.
La autonomía sindical debe protegerse de la intervención político-electoral externa, con apego al Estatuto y con congruencia, profesor Alfonso Cepeda Salas.
Pero también debe protegerse a la Base de cualquier forma de exclusión, condicionamiento o utilización política de la representación desde dentro.
Entonces la pregunta es inevitable:
Si la renovación se pospone, ¿también se pospone la obligación de representar a todos?
Porque la institucionalidad, reitero, no puede reducirse al cumplimiento de procedimientos.
También significa representar a quienes piensan distinto, atender a quienes no son afines, informar sin administrar políticamente la información y garantizar la gestión sin utilizarla como mecanismo de control.
Y no, compañeros y compañeras —por si acaso lo están pensando—: reflexionar y visibilizar el acontecer actual no es falta de institucionalidad.
Es una simple lectura de la realidad.
No es necesario descalificar personas.
No es necesario inventar historias.
Los hechos hablan por sí mismos.
Y cuando demasiados trabajadores viven las mismas prácticas, deja de ser un asunto personal y se convierte en un problema institucional.
Nos han llamado “disidencia”, incluso con un tono que pretende convertir la palabra en descalificación.
No nos incomoda disentir cuando disentir significa pensar, cuestionar, señalar y exigir que la representación cumpla con su propósito.
Lo que sí rechazamos es que la diferencia de opinión sea utilizada como argumento para excluir, castigar, ocultar información o negar gestión.
No desconocemos la institución. La cuestionamos cuando se aleja de aquello para lo que existe.
Por eso la discusión no debería centrarse únicamente en cuándo se renovará una dirigencia.
También deberíamos preguntarnos cómo se está ejerciendo la representación mientras llega ese momento.
Porque la Base no eligió ser administrada por simpatías.
Eligió ser representada.
**Opinión personal, no representa ni compromete otros ámbitos o representaciones.



