Por: Patricio Rodríguez Palma
Hay una paradoja en la historia de Guachochi que merece ser pensada.
El municipio nació en 1962, después de un proceso de organización indígena en el que el Consejo Supremo Tarahumara tuvo un papel fundamental. Aquella lucha buscaba que los pueblos de la Sierra tuvieran voz propia y capacidad para participar en las decisiones sobre su territorio y su futuro.
Por eso resulta inevitable mirar hacia atrás y preguntarnos cuánto de aquella aspiración permanece en la vida política de Guachochi.
Guachochi es un municipio mayoritariamente indígena. Durante décadas, sin embargo, el poder municipal estuvo concentrado principalmente en manos mestizas y bajo el predominio del PRI. La presencia indígena en los espacios de decisión fue durante mucho tiempo reducida frente al peso demográfico y cultural de los pueblos originarios.
Creo que esto debe cambiar.
Los indígenas deben llegar al gobierno de Guachochi porque Guachochi es también suyo. Porque representan a la mayoría de su población. Porque la historia del municipio está profundamente ligada a la organización y a las luchas de los pueblos de la Sierra. Porque ocupar los espacios de decisión también forma parte de la autonomía que durante generaciones se buscó construir.
Y hay algo todavía más importante: hay personas preparadas para hacerlo.
En las comunidades rarámuri existen profesionistas, maestros, abogados, ingenieros, administradores y jóvenes con estudios universitarios que conocen la realidad de la Sierra desde dentro. Personas que conocen las necesidades de sus comunidades y que tienen la preparación necesaria para trabajar dentro de las instituciones.
Muchos están esperando una oportunidad.
Guachochi merece dársela.
También merece una discusión seria sobre la manera en que se ha ejercido el poder. Durante demasiado tiempo, en muchos municipios, la política ha sido utilizada como una vía de enriquecimiento personal. Hay quienes llegan al gobierno pensando en contratos, proveedores, obras y recursos que terminan beneficiando a unos cuantos.
El dinero del municipio pertenece a la gente.
Cada peso que se desvía es una carretera que no se construye, una comunidad que permanece incomunicada, un servicio que no llega, una oportunidad que se pierde.
Guachochi tiene una historia política particular. Surgió de una demanda de organización y representación indígena, y hoy cuenta con una población en la que los pueblos originarios son mayoría.
Por eso resulta profundamente significativo que los indígenas vuelvan a ocupar el gobierno municipal.
Que lleguen más.
Que se preparen.
Que participen.
Que gobiernen.
Que demuestren que la Sierra también tiene hombres y mujeres capaces de administrar sus propios destinos.
Quizá esa sea una de las tareas pendientes de aquella vieja lucha por la autonomía: que la mayoría indígena de Guachochi pueda verse reflejada, plenamente, en quienes toman las decisiones en su nombre.
Guachochi debe ser gobernado también por los suyos
Tónachi Guachochi Chih a 17 de Agosto del 2026



