Opinión Por: Arturo Medina
Durante años, Chihuahua ha sido sinónimo de trabajo, producción y fortaleza. Nuestro estado no se construyó desde los escritorios ni desde los discursos; se construyó desde los surcos, los establos, los ranchos y las comunidades rurales donde miles de familias han hecho producir la tierra generación tras generación.
Sin embargo, hoy el campo enfrenta una de las etapas más complejas de su historia reciente.
A la sequía que golpea nuestros municipios se han sumado decisiones gubernamentales que han debilitado sistemáticamente a quienes producen los alimentos de México. La desaparición de programas, la reducción de apoyos, el abandono de esquemas de financiamiento, la falta de inversión en infraestructura hidráulica y la creciente centralización de las decisiones han colocado a miles de productores en condiciones de incertidumbre.
Mientras el campo exige soluciones, el gobierno federal ha respondido con indiferencia.
Los resultados están a la vista. Menos herramientas para producir, menos respaldo institucional, menos oportunidades para las nuevas generaciones que desean permanecer en sus comunidades y una sensación cada vez más profunda de abandono entre quienes sostienen una de las actividades más importantes para la economía y la seguridad alimentaria del país.
Por eso asumo con enorme responsabilidad la dirigencia estatal de la Confederación Nacional Campesina.
La CNC no debe ser únicamente una organización que recuerde su historia; debe ser una organización que construya su futuro. Un instrumento de gestión, de representación, de defensa y de organización para las familias rurales de Chihuahua.
Nuestro objetivo es claro: fortalecer la presencia campesina en cada región del estado, escuchar a quienes enfrentan diariamente los desafíos del campo, construir una agenda común y convertir las demandas legítimas de productores, ganaderos y trabajadores rurales en causas que puedan defenderse con firmeza ante cualquier instancia de gobierno.
No se trata solamente de gestionar apoyos. Se trata de recuperar la voz de quienes durante demasiado tiempo han sido ignorados.
Queremos una CNC cercana a la gente, presente en los municipios, activa en los ejidos y comprometida con las causas reales de las familias rurales. Una organización capaz de unir esfuerzos más allá de diferencias políticas o regionales, porque los problemas del campo no distinguen colores partidistas cuando llega la sequía, cuando faltan apoyos o cuando los costos de producción siguen aumentando.
Estoy convencido de que la defensa de Chihuahua comenzará desde sus comunidades rurales.
Porque cuando se afecta al campo, no solamente se perjudica a quienes trabajan la tierra; se lastima una forma de vida, una cultura, una identidad y una economía que forman parte esencial de lo que somos como estado.
Defender al campo es defender a Chihuahua.
Por eso iniciaremos una etapa de fortalecimiento organizativo, de presencia territorial y de lucha permanente por las causas de nuestra gente. Una etapa donde las voces de productores y campesinos vuelvan a ocupar el lugar que merecen en la discusión pública.
Las familias rurales han demostrado una y otra vez que saben resistir. Han enfrentado sequías, crisis económicas, incertidumbre y abandono. Han seguido produciendo incluso cuando las circunstancias parecían estar en contra.
Esa fortaleza será nuestra inspiración.
Desde la CNC trabajaremos para que nadie vuelva a decidir sobre el campo sin escuchar al campo. Para que la dignidad de quienes producen nuestra tierra sea respetada. Y para que Chihuahua encuentre en sus mujeres y hombres del medio rural una de las principales fuerzas para defender su presente y construir su futuro.
Porque el campo chihuahuense no está derrotado.
Está de pie.
Y está listo para dar la batalla.



