Por: Rosalío Morales Vargas
En la tierra agrietada lagunera
Ululan los cardenches un lamento
Lanzado en las riberas del Río Nazas
En su fluir por el semidesierto
Los matorrales y ocotillos gimen
Al ser tocados por el aire seco.
Un rincón de Durango y de Coahuila
Es azotado por candente viento
El sol apergamina estos baldíos
Para sus moradores es mal tiempo
Ultrajante el poder del capital
Que ningunea opiniones de los pueblos.
Un vaho terregoso cual fantasma
Envuelve con envenenado aliento
A la inmensa comarca desolada
Que rechaza el cianuro en sus suelos
Y se enfrenta a la insidia de patrones
Defendiendo empeñosa sus derechos.
La represión se desató alevosa
Bajo el atónito sopor del cielo
El valor de Abisinia Dinamita
Desafió los agravios y los miedos
Y por alzarse contra la ignominia
Vecinos del lugar se encuentran presos.
El odio, la calumnia y la mentira
Se confabulan con maligno gesto
Hoy pretenden borrar la resistencia
De recios militantes verdaderos
Con policías, porros y milicos
Acompañados por los leguleyos.
No podrán evadir a la justicia
Los que avientan montones de dinero
Para comprar y retorcer las leyes
Porque la población pone el ejemplo
De ética y decoro agigantados
¡En La Laguna se templó el acero!



