Por: Profr. José Luis Fernández Madrid
En un ambiente político cada vez más polarizado, la arenga es sumar y no dividir.
Sumar para coincidir, para construir proyectos e ideas, para crear planes, para trazar objetivos.
Esa suma no puede ser motivo de división, sean cuales fueren las distintas perspectivas de las metas o propósitos a lograr con quien las quieran alcanzar, la apuesta a la madurez representa una premisa fundamental.
Etiquetar bajo la vieja pero absurda premisa de » si no estás conmigo, estás contra mi» no cabe cuando las definiciones personales son tomadas con base en afinidades, amistades, compromisos morales o hasta por agradecimiento.
Pervertir la inherente naturaleza humana de ser gregario y ser condenado por las filias, es un insulto a la inteligencia, a la prudencia y a la razón.
Es ridículo incluso, atestiguar que alguien se limita hasta para poner un like a publicaciones en redes de ciertos amigos o conocidos solo por temor a que lo «herren», como si eso los definiera como parte de un establo o como si sus afinidades tengan necesariamente que pasar por el escrutinio y el juicio de valor de los demás.
Los agravios en las efímeras contiendas políticas suelen quedar marcados permanentemente; pero la libertad, la conciencia tranquila y el raciocinio difícilmente pueden mermar las conductas.
El problema no es la política, el problema son los radicalismos y los fanatismos.



