La voz no salió desde la rabia, sino desde el dolor. Una habitante de la comunidad de Atascaderos, en el municipio de Guadalupe y Calvo, alzó la voz tras el desplazamiento forzado de al menos 80 familias que el pasado lunes tuvieron que abandonar sus hogares ante la creciente ola de inseguridad que azota la región serrana.
“Hoy no hablo desde el enojo, hablo desde el dolor. Hablo como madre, como hija, como ciudadana de esta tierra que está herida”, expresó en un mensaje dirigido a las autoridades estatales y federales, en particular a la gobernadora Maru Campos y a la presidenta Claudia Sheinbaum, a quienes pidió escuchar el clamor de un pueblo que asegura estar viviendo “días de miedo, días de terror”.
La denunciante describió un panorama desolador: escuelas vacías, comercios cerrados, familias encerradas en sus casas, economía paralizada y una comunidad que, dijo, “se está desmoronando”. Señaló que lo más doloroso es la pérdida de vidas inocentes, de niños y personas trabajadoras que únicamente buscaban vivir en paz en la tierra que aman y que hoy se ven obligadas a dejar.
“Nuetro pueblo no puede convertirse en una estadística más”, advirtió, al tiempo que rechazó acostumbrarse al silencio o a la ausencia de las autoridades. “No pedimos privilegios, pedimos seguridad, pedimos presencia, pedimos que volteen a vernos”, subrayó, remarcando que cuando la autoridad calla, la confianza se rompe.
En su mensaje, insistió en que Atascaderos no es un punto lejano en el mapa, sino un hogar, una historia y una comunidad de gente trabajadora que merece vivir sin miedo. “No queremos discursos, queremos protección real. No permitan que el crimen sea más fuerte que el Estado, ni que nuestros niños crezcan escuchando balas en vez de risas”, reclamó.
La mujer fue contundente: “Gobernar es proteger. Y hoy Atascaderos necesita protección urgente”. Advirtió además que cuando un gobernante hace caso omiso al sufrimiento de su pueblo, “también es cómplice”.



