El espejismo de la plata: El Proyecto Cordero y la hipoteca del futuro de Chihuahua

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(Autora: Laura Verónica Herrera Ramos) Hidalgo del Parral suele ostentar con orgullo su título de «Capital del Mundo de la Plata». Sin embargo, es urgente diseccionar esta identidad: detrás del brillo se esconde una herencia colonial envenenada.

Durante más de tres siglos, esta región ha acumulado pasivos ambientales y una contaminación por metales pesados en los siete depósitos de jales que asfixian a la ciudad. Un ejemplo crítico son los jales de la mina La Prieta, responsables de que el aire en Parral registre una carga de plomo diez veces mayor a lo permitido por las normas ambientales mexicanas.

Hoy, esta crisis no solo persiste, sino que amenaza con escalar a niveles catastróficos mediante el Proyecto Cordero con una mina a cielo abierto que representa un mecanismo de despojo disfrazado de progreso, donde la lógica es clara: mientras que las ganancias se privatizan, las pérdidas se cobran a los habitantes.

Metástasis territorial: De Parral a Delicias

Es fundamental entender que lo que hoy se presenta como Proyecto Cordero es apenas la etapa inicial de un plan corporativo mucho más ambicioso y devastador. Aunque la narrativa oficial se enfoca en las cercanías de Parral, el plan real de la trasnacional canadiense Discovery Silver Corp. y su subsidiaria Minera Titán contempla una expansión progresiva hacia el norte, pretendiendo establecer un corredor extractivo que alcanzaría el municipio de Delicias.

Esta veta, promocionada como el depósito de plata no explotado más grande del mundo, oculta una realidad material alarmante. Solo en su fase de arranque, el proyecto contempla un tajo de 35 hectáreas y la extracción de 302 millones de toneladas de mineral. Lo más grave es la generación de 640 millones de toneladas de residuos tóxicos que permanecerán como una condena perpetua.

Para dimensionar el desastre hay que considerar que los jales de la mina La Prieta, que ya contaminan el aire de forma crítica, suman 21.3 millones de toneladas. Cordero generaría 30 veces más toxicidad del sur al centro del estado.

Filantropía perversa y medicina forense

Lo más alarmante es el evidente contubernio entre las autoridades municipales y la corporación. Para allanar el camino a esta expansión, han desplegado una estrategia de «limpieza de imagen» a través de programas como «Médico en tu casa» y el «Banco rosa de medicamentos».

Pero esto no es filantropía ni compromiso social, sino que más bien debe leerse como medicina forense preventiva, un mecanismo para recolectar datos epidemiológicos para registrar los padecimientos actuales de los parralenses como preexistentes. De este modo, la empresa se vacuna contra futuras demandas legales por contaminación, transfiriendo la responsabilidad de las enfermedades a la genética o los hábitos de la población, ocultando el impacto real de los tóxicos que la mina dispersará desde Parral hasta Delicias.

La trampa hídrica y la responsabilidad de SEMARNAT

Ante las reformas a la Ley Minera de 2023, la empresa propone el uso de «aguas tratadas» de la ciudad, sin embargo, en el ecosistema desértico de Chihuahua, esta es una oferta engañosa. El agua tratada es un recurso vital para la agricultura y la recarga de mantos freáticos, y entregarla a la mina es privatizar el ciclo de vida de una región que ya sufre de estrés hídrico extremo.

La SEMARNAT cometería un error histórico si evalúa el Proyecto Cordero como un punto aislado y no como el inicio de un corredor de destrucción socio ambiental regional.

Ante estas corporaciones salvajes, dice Toledo (2015)”la batalla final es por la vida”. O la sociedad civil se organiza para detener este plan expansivo hoy, o renuncia definitivamente al futuro y la salud de las próximas generaciones chihuahuenses.