La Facultad de Filosofía y Letras, un espacio para que Susana continúe sus sueños

0

De Pawichiki en el municipio de Guachochi, a las aulas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Chihuahua, el camino de Susana Luisa Benjamín Espino, joven rarámuri, está marcado por la perseverancia, el amor por la educación y el deseo de servir a su comunidad.

Susana ingresó a la Licenciatura en Filosofía con el objetivo de fortalecer su formación académica y ampliar su labor de acompañamiento a población indígena migrante, como intérprete, promotora educativa y gestora de proyectos comunitarios.

En 2024 concluyó la preparatoria en modalidad abierta y, en noviembre del mismo año, comenzó a trabajar como maestra de CONAFE en comunidades de Guachochi, donde atendió a niñas, niños y adolescentes de primaria y secundaria, además de mantener contacto cercano con las familias.

Su historia escolar inició en la escuela local de Pabucheque, donde aprendió a leer gracias a la maestra Rosa Moreno. Más tarde, fue enviada a un internado en Guachochi, espacio donde enfrentó una de sus mayores barreras: el idioma español. Con esfuerzo y constancia logró dominarlo, experiencia que fortaleció su sensibilidad hacia los retos educativos de la niñez indígena.

Desde los 13 años comenzó a colaborar como voluntaria impartiendo clases en su comunidad, labor que confirmó su vocación docente. A pesar de pausas ocasionadas por situaciones personales y de salud, Susana nunca abandonó su formación: retomó sus estudios mediante educación para adultos, concluyó la secundaria por nivelación y continuó avanzando hasta lograr el ingreso a la universidad.

Además de su labor educativa, ha colaborado como intérprete rarámuri y participa en el grupo Rarámuri Boom, iniciativa comunitaria que brinda acompañamiento a familias indígenas migrantes, proyecto que busca formalizar como asociación civil.

Hoy, Susana construye su camino desde la Facultad de Filosofía y Letras, con el sueño de escribir un libro sobre la historia rarámuri en general además de impulsar proyectos educativos en la Sierra Tarahumara.

Su historia es testimonio de que la educación transforma vidas y de que la universidad pública, es incluyente y humanista, se convierte en un puente real hacia un futuro con más justicia y dignidad.