Por: Luis Andrés Rivera Levario, vocero de Salvemos los Cerros de Chihuahua
Una de las justificaciones más recurrentes para permitir desarrollos urbanos sobre cerros, laderas y áreas naturales de Chihuahua es la idea de que “ya no hay espacio”. Sin embargo, al observar los datos duros, esta afirmación se derrumba fácilmente.
Actualmente, la mancha urbana de Chihuahua abarca más de 17 mil hectáreas, mientras que su población no llega al millón de habitantes. Esto da como resultado una densidad promedio de 52 habitantes por hectárea, una de las más bajas entre ciudades mexicanas grandes.
Al comparar, encontramos que colonias céntricas como Santo Niño, Villa Juárez o Cerro de la Cruz alcanzan densidades de más de 100 habitantes por hectárea sin necesidad de edificios de gran altura ni condiciones de hacinamiento. Por otro lado, zonas como Riberas de Sacramento superan incluso los 200 habitantes por hectárea, y pese a sus carencias, no se trata de viviendas en vertical ni torres, sino de viviendas pequeñas en lotes compactos.
Si tomáramos como base una densidad razonable de 150 habitantes por hectárea, bastarían 6,666 hectáreas para albergar a un millón de personas. Es decir, con la mitad del suelo actualmente urbanizado, Chihuahua podría albergar a toda su población sin expandirse más.
Y si proyectamos un crecimiento de 100 mil personas por década, como ha sido en los últimos años, la ciudad podría seguir creciendo por más de 30 años sin tocar los cerros, simplemente redensificando y aprovechando el suelo ocioso y subutilizado dentro de la mancha urbana.
No estamos hablando de utopías. Basta recorrer zonas céntricas para ver terrenos baldíos, viviendas abandonadas, y corredores de vialidad en donde sería viable densificar con servicios, transporte y equipamiento ya existentes. Sin embargo, la expansión ha seguido impulsándose hacia el poniente de la ciudad, en fraccionamientos de “plusvalía” que destruyen laderas, cerros y zonas de valor ambiental, como ha ocurrido con desarrollos recientes en las cercanías del Cerro Grande, el Cerro del Caballo y Laderas de San Guillermo.
La expansión horizontal tiene costos enormes: más gasto público para extender servicios, más autos, más contaminación, más fragmentación social y más riesgo para las pocas áreas naturales que aún rodean a la ciudad.
Es momento de dejar de justificar la destrucción del entorno con el falso argumento de que “ya no cabemos”. Chihuahua sí tiene espacio: lo que falta es voluntad política y regulación inteligente para usarlo de forma más justa, densa y ordenada.
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