Icono del sitio

La evaluación en el Plan de Estudios 2022

Por: Abelardo Carro Nava

Esta es la cuarta entrega que comparto sobre el Marco Curricular y Plan de Estudios 2022 de la educación básica que, como sabemos, hoy día se “discute” en diversas “Asambleas” a lo largo y ancho del país. Como parece obvio, le han antecedido a éste tres artículos que usted puede encontrar en la red o en los enlaces que abajo le comparto. Sus títulos “Plan de estudios 2022: primeras impresiones”, “Plan de estudios 2022 de educación básica: fundamentos, diálogos y consignas colectivas” y “Plan de estudios 2022: los contenidos y su abordaje en las aulas” dan cuenta de un análisis sobre los documentos que, partir del 29 de enero comenzaron a circular por las redes sociales y que, hasta el 30 de ese mismo mes, tuvieron un carácter oficial mediante una invitación emitida por la Secretaría de Educación Pública (SEP) dirigida a diversos actores involucrados con la educación básica para que participaran en dichas asambleas a partir del 31 (de ese mismo mes).

Y bueno, el tema de análisis que hoy me ocupa, es de la evaluación que se plantea en el documento Marco Curricular 2022 y, para lo cual, he establecido una comparación con los planes que los antecedieron, es decir, el 2011 y el 2018; esto, con la finalidad de sentar una base que nos permita comprender por qué afirmo, de entrada, que es punto más débil de dicho marco curricular. Veamos.

En el plan 2011, Apartado 1.7 Evaluar para aprender, se menciona que “el docente es el encargado de la evaluación de los aprendizajes de los alumnos y quien realiza el seguimiento, crea oportunidades de aprendizaje y hace modificaciones en su práctica… (por ello) es el proceso que permite obtener evidencias, elaborar juicios y brindar retroalimentación sobre los logros de aprendizaje de los estudiantes a lo largo de su formación… por tanto, en la educación básica el enfoque formativo deberá prevalecer en todas las acciones de evaluación que se realicen” (p. 31).

En este orden de ideas, dicho plan (2011), planteaba que “…una calificación o una descripción sin propuestas de mejora resultan insuficientes e inapropiadas para mejorar su desempeño… (por esta razón) para que el enfoque formativo sea parte del proceso de aprendizaje, el docente debe compartir con los alumnos y sus madres, padres de familia o tutores lo que se espera que aprendan, así como los criterios de evaluación… En educación preescolar los referentes para la evaluación son los aprendizajes esperados establecidos en cada campo formativo, que constituyen la expresión concreta de las competencias… en educación primaria y secundaria, en cada bloque se establecen aprendizajes esperados para las asignaturas, lo que significa que los docentes contarán con referentes de evaluación que permitirán dar seguimiento y apoyo cercano a los logros de los aprendizajes” (p. 31).

Finalmente, este mismo plan (2011), planteaba la realización – en distintos momentos – de diferentes tipos de evaluación como la diagnóstica, formativa, sumativa, autoevaluación, coevaluación y heteroevaluación, así como también, diferentes estrategias e instrumentos para valorar el nivel de desarrollo de los aprendizajes de los estudiantes tales como la rúbrica o matriz de verificación, listas de cotejo o control, registro anecdótico o anecdotario, observación directa, producciones escritas y gráficas, proyectos colectivos de búsqueda de información, registros y cuadros de actitudes observadas en los estudiantes en actividades colectivas, portafolios, entre otros.

Por lo que respecta al plan 2018 (Aprendizajes clave para la educación integral), casi en la misma tesitura se planteaba que “… la evaluación ocupa un lugar protagónico en el proceso educativo para mejorar los aprendizajes de los estudiantes y la práctica pedagógica de los docentes, especialmente cuando se hace de manera sistemática y articulada con la enseñanza y el aprendizaje… evaluar promueve reflexiones y mejores comprensiones del aprendizaje al posibilitar que docentes, estudiantes y comunidad escolar contribuyan activamente a la calidad de la educación. Este es el enfoque formativo de la evaluación y se le considera así, cuando se lleva a cabo el propósito de obtener información para que cada uno de los actores tome decisiones que conduzcan al cumplimiento de los propósitos educativos” (p. 123).

Aunado a lo anterior, en este mismo plan (2018) se especificaba que “… el enfoque formativo de la evaluación les permite conocer sus habilidades para aprender y las dificultades para hacerlo de manera óptima… con los resultados de las evaluaciones, los alumnos obtienen la información necesaria para tomar decisiones acerca de su proceso de aprendizaje para crear – con ayuda de sus profesores, padres o tutores e incluso compañeros – las estrategias que les permitan aprender cada vez más y mejor” (p. 124).

Finalmente, en este mismo plan (2018), al igual que en el 2011, se proponían diferentes momentos y tipos de evaluación que propiciarían una toma de decisiones tales como las diagnósticas, de proceso y sumativas, además de las heteroevaluaciones, coevaluaciones y autoevaluaciones de acuerdo con los aprendizajes y enfoques de cada asignatura, así como con los grados y niveles educativos de que se tratara; y, por lo que se refiere a las diferentes estrategias e instrumentos para dicho propósito evaluativo, por ejemplo, el documento denominado Aprendizajes clave de educación preescolar, señalaba que los que se deberían de emplear tendrían que ser variados con la finalidad de obtener evidencias y, con ello, conocer con precisión los aprendizajes y necesidades de los estudiantes pues, según se decía, no existía un documento que, al mismo tiempo, valorara los conocimientos, habilidades, actitudes y valores y por lo cual, se sugería que la estrategia o instrumento, debería adaptarse al objeto de aprendizaje.

¿Qué es lo que se propone en el Marco Curricular 2022 (plan de estudios) de educación básica?

En el apartado 2.3 del mencionado documento se lee lo siguiente “el énfasis desmedido en la formulación técnica de los objetivos, competencias o aprendizajes clave que se ha promovido desde la SEP y otras instancias a lo largo de los años, está vinculado con una insistente preocupación por medirlos como criterio para evaluar la calidad de la enseñanza o del aprendizaje, así como para determinar la eficiencia del sistema educativo en su conjunto… se dejó de trabajar un paradigma de valoración de los aprendizajes centrado en la concepción formativa de la evaluación, cuyo objetivo sea la mejora in situ de los procesos formativos, del aprendizaje de las y los estudiantes y de la práctica docente de maestras y maestros (p. 47).

Más adelante, de ese mismo documento (plan 2022), en el apartado 3.3 de la función diagnóstica y formativa de la evaluación, se lee “en el plan de estudios se reconoce a la evaluación de los aprendizajes de las y los estudiantes como una actividad dentro del proceso de enseñanza y aprendizaje, ajena a toda forma vertical y autoritaria, que va más allá de la pura recopilación de información para tomar decisiones, y que descansa en la participación activa de las niñas, niños y adolescentes, maestras y maestros… la evaluación de los aprendizajes se construye con el diálogo, la participación, la observación sistemática, personalizada y contextualizada de lo avanzado por los alumnos respecto a los contenidos abordados en los campos de formación… no se evalúa para emitir una calificación, sino para poner en evidencia el trayecto recorrido y el que falta por andar con el fin de emitir una valoración provisional (p. 70).

Y, este mismo documento (plan 2022) sentencia “se reconoce una concepción diagnóstica y formativa de la evaluación, cuyo objetivo sea la mejora in situ de los procesos formativos y su repercusión de la práctica educativa… la evaluación de carácter formativo busca que las maestras y maestros puedan identificar con diversos métodos e instrumentos, qué, cómo y a través de qué, las niñas, niños y adolescentes aprenden… Es fundamental que las niñas, niños y adolescentes participen en la interpretación de sus propios avances, para distinguir qué se ha aprendido y por qué y qué falta por trabajar. Que realicen aportaciones, de manera individual o colectiva, para el mejoramiento de sus acciones, aprendizajes y relaciones” (p. 73). Por cierto, esto último: ¿no es un ejercicio de autoevaluación y coevaluación?

Finalmente, en apartado 5 (del plan 2022), la evaluación de los aprendizajes: progresiones de aprendizaje, se señala: “Los aprendizajes planteados son un referente para organizar el trabajo… el enfoque formativo de evaluación de los aprendizajes implica documentar sistemáticamente información acerca del desenvolvimiento de los alumnos… las estrategias de evaluación que se generen deben ser claras y flexibles… DOCUMENTAR EN LA MEDIDA DE LO POSIBLE LO QUE HACEN LOS ALUMNOS DURANTE LOS PROCESOS FORMATIVOS…” (p.156), además de proponer una retroalimentación de los aprendizajes.

Si partimos de la idea de que hacer un análisis es descomponer el todo en sus partes, con lo expuesto hasta este momento podemos observar con claridad, las diferencias y similitudes que se pueden hallar en los planes de estudios que se han propuesto e implementado, pero también, el que hoy día se propone. Ello permite preguntarnos si acaso estamos ante un esquema diferente que lleva a concebir a la evaluación de los aprendizajes desde otra perspectiva, o bien, a entender que mucho ha cambiado para que todo siga igual. Esto en razón de lo siguiente:

-Los tres planes de estudio consideran una evaluación formativa; es decir, que no hay nada nuevo bajo el sol.

-Dichos documentos también consideran distintos momentos y estrategias de evaluación consistentes en una diagnóstica, autoevaluación, coevaluación, o bien, a la observación para el registro o sistematización del proceso de aprendizaje de los alumnos, sin olvidar la recuperación de evidencias que son parte de dicho proceso.

-La redacción de los verbos escritos y sugeridos en los programas analíticos del plan 2022, específicamente, en el apartado sugerencias para la evaluación, están escritos en singular y presente, pero los verbos establecidos en las progresiones de aprendizaje (y en las espirales) se redactaron en plural y presente, entonces ¿qué es lo que se va a evaluar?, ¿la colectividad o la aptitud o cognición? Pues, tal y como puede leerse en este mismo documento, se parte de la premisa de que se documentará sistemáticamente información sobre el desenvolvimiento de los niños; para ello, se implementarán estrategias para identificar aptitudes, factores cognitivos y socioemocionales. ¿Cuál es la lógica de este embrollo?

-Entonces, si la idea es que el docente documente cada una de esas experiencias, ¿en qué momento hará su quehacer en el aula?, ¿será sometido a más actividades evaluativas a contra turno?, ¿y la descarga administrativa? Por cierto, ¿desaparecerán las boletas de calificaciones?

-En suma: si con los aprendizajes esperados y clave se podían establecer una serie de criterios que le permitirían al docente evaluar esos aprendizajes, ¿cuáles serán los criterios que tendrá que establecer para dicha evaluación de acuerdo a lo que establece el plan 2022?, ¿no hay una total ambigüedad al respecto?

Hasta aquí dejo esta serie de cavilaciones sobre otro de los temas que llamaron mi atención del marco curricular referido.

Como podemos observar, la falta de claridad, visión, pertinencia, consistencia, etcétera, parece que es el común, no solo de este apartado, el evaluativo, sino de todo el documento que, a lo largo de los artículos que he escrito y compartido con ustedes, se percibe.

Ello de nueva cuenta invita a preguntarme, ¿cuál es la prisa por sacar un plan de estudios INACABADO y con tremendas áreas de oportunidad que, dudo mucho, se mejoren en los meses que restan para que inicie el ciclo escolar 2022-2023.

¡Benditos tiempos los que le tocó vivir a la educación de nuestro país!, ¡Benditos tiempos de la cuarta transformación!

Referencias:

Salir de la versión móvil