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In memoriam del periodista Ignacio Rodríguez Terrazas a 41 años de su fallecimiento

Texto por: Rogelio Luna Jurado

Tu no supiste mi andar
por las esquinas de Managua
ni el sol de las mujeres en los ojos
ni los murmullos que pensaba de pensarte
ni mis artículos sobre la guerra
del amor que anduve dejándote en las calles
por esa Nicaragua clandestina
que por mí te conoció aunque no estuvieras
Ignacio Rodríguez Terrazas

…y afrontó las consecuencias de la derrota.
El fue consecuente con el papel que siempre se
asignó: el papel del
más difícil para negociar.
David Hernández El Búho (1949-2002)

IN MEMORIAM

RECORDAMOS AL PERIODISTA IGNACIO RODRÍGUEZ TERRAZAS EN EL XLI ANIVERSARIO DE SU FALLECIMIENTO (8 DE AGOSTO DE 2021)

IGNACIO RODRÍGUEZ TERRAZAS (1952-1980)

Datos Biográficos (2020)

IGNACIO RODRIGUEZ TERRAZAS nació en la ciudad de Chihuahua, Chih., el 16 de noviembre de 1952, habiendo sido sus padres Ignacio Rodríguez Rascón (fallecido el  22 de abril de 2007) y Bertha Terrazas de Rodríguez (fallecida el  28 de diciembre de 2010). Inició sus estudios superiores en la desaparecida Escuela Preparatoria de la Universidad Autónoma de Chihuahua en 1970, en donde fue Vicepresidente del Círculo Fraternal del Instituto, la organización estudiantil de aquella etapa, todavía con el sabor tradicional heredado del formato porfiriano del Instituto Científico y Literario de Chihuahua. Ahí trabó sus primeras relaciones políticas que condujeron a la primera reforma de la estructura estudiantil para fundar los Comités de Lucha que recogían la influencia del movimiento de 1968. Participó desde entonces en una amplia tendencia estudiantil influida a la vez por el marxismo tradicional, por la nueva literatura latinoamericana y europea, tanto narrativa como de tipo filosófico y político y por una naciente síntesis critica del movimiento intelectual y político fraguado en el extenso eje formado entre el 68 francés y el 64-68 mexicano. De acuerdo a los abundantes testimonios de quienes compartimos de cerca esa etapa de la vida de Ignacio Rodríguez Terrazas, su persona se distinguió por una clara inteligencia crítica y una intensa participación en todas las actividades estudiantiles de la época, en las que destacó como orador y como hábil, incisivo y tenaz propagandista.     La formación estudiantil de Ignacio, su misma persona y su intelecto, resumen nítidamente la transición teórico-política de los años 60-70 , uno de cuyos ramales desprendido del nudo formado por la Escuela de Francfort y el 68 francés y europeo en general, fue a dar a la falsa teoría democrática que se realizó de la mano de Wojtyla para instalar el amplio capitalismo tardío en los países del Este. Como es sabido, ese historial no concluyó con una negación dialéctica del socialismo realmente existente, sino en una salvaje y vasta liberación de mano de obra barata para los imperios. Los dramáticos efectos podría haberlos estudiado Nacho en la crisis griega y en la ya muy larga descomposición representada por el Brexit y ahora en el renovado movimiento latinoamericano, posterior a las etapas de las revoluciones centroamericanas, que puntualmente reportó Ignacio. Es muy importante ahora hacer notar que en sus acuciosas observaciones in situ, Ignacio no registró la presencia del sistema imperial para desestabilizar a las sociedades en movimiento natural hacia su liberación en la búsqueda de mejores condiciones de vida y de reparto de la riqueza. Bien porque fueran sofisticadamente clandestinas o bien porque el imperio no había desplegado aún su “teoría del caos” desestabilizador, o por ambas razones, la puntual agudeza periodística y analítica de Nacho no advirtió la presencia de este método, hoy por hoy de absoluto y sistemático uso cotidiano en cuanta sociedad despierta al movimiento liberador en sus diversas formas. Los síntomas que sí registró Nacho se referían al caldo social de cultivo de los “contras” en Nicaragua, merced a la observación y registro de caracteres conflictivos y ambiciosos.  Por lo demás, es deducible que la secuencia de su activismo como periodista y militante hoy lo habría conducido a radicar en Venezuela, en Brasil, en Ecuador y de nuevo con nosotros, y estaríamos viviendo sus extraordinarios reportajes que ensayó en Nicaragua y el Salvador.

Cuando era estudiante de preparatoria, intervino activamente en el movimiento popular generado por la fundación de las primeras colonias populares en la ciudad de Chihuahua, en particular de la Colonia Francisco Villa en 1968. En el año de 1972 ingresó a la Escuela de Derecho de la UACH que dirigía el Lic. Augusto Martínez Gil (+) ya en la vía de un proceso democratizador con la influencia del movimiento nacional de 1968. Ahí se afilió a la Sociedad Ignacio Ramírez, una de las agrupaciones políticas estudiantiles fundamentales en la historia política de Chihuahua. Participó en la fundación del Comité de Defensa Popular, organismo surgido de las movilizaciones populares que desataron los acontecimientos guerrilleros del 15 de enero de aquel año y la represión que le siguió. Nacho conservaba una estrecha amistad con algunos de los militantes del movimiento armado, pues habían sido compañeros en más de una lucha estudiantil universitaria.

Nacho Rodríguez (de espaldas) interviene en un mitin del movimiento estudiantil-popular en la Plaza de Armas

de la ciudad de Chihuahua en febrero de 1973. (Foto publicada por

El Martillo número 21 de 21 de febrero de 1973)

Conjuntamente con representantes de la Colonia Francisco Villa, de la Sociedad Ignacio Ramírez, del Grupo Ricardo Flores Magón del Instituto Tecnológico y del Movimiento Sindical Ferrocarrilero (Sección 5 del STFRM), contribuyó a fundar el periódico El Martillo, en julio de 1972, en el seno de un importante movimiento de masas. Al lado de David Hernández, El Búho, formó parte de un trascendente pilar juvenil del periódico y del grupo político que lo sostuvo.

Fue protagonista, como uno de sus principales dirigentes e impulsores, del movimiento estudiantil que se desarrolló en la UACH de febrero de 1973 a mayo de 1974. Gran parte del trabajo organizativo y de propaganda de este  movimiento descansó en el dinamismo de Rodríguez Terrazas. Especialmente se le recuerda por su tenaz custodia y eficaz defensa de las instalaciones universitarias, mientras permanecieron a cargo del movimiento universitario. Es memorable su rigurosa y puntual ronda nocturna por todo el campus, conduciendo un autobús urbano que otras brigadas tomaban unas horas antes, lleno de militantes cuyos debates continuaban abordo. Tras la derrota del movimiento de 1973-74 en la universidad, intentó regresar como estudiante a la propia UACH, pero fue rechazado, por evidentes razones políticas, tanto en la Escuela de Derecho como en la de Filosofía y Letras.

Desde fines de 1973 participaba con otros jóvenes estudiantes en el círculo de estudios que lo llevó a profundizar en la crítica del marxismo dogmatizado, del socialismo realmente existente, de los partidos políticos tradicionales y de las burocracias gobernantes en los países socialistas, a partir del estudio de los textos directos, llamados «clásicos», del marxismo, entre ellos el primer tomo de El Capital. En este círculo intelectual, conocido como «El Círculo de la Calle 19» (por su lugar de ubicación en la ciudad de Chihuahua) destacaron como grandes amigos y compañeros de lucha de Ignacio el excelente dibujante, escultor, crítico de arte y editor David Hernández, El Búho, fallecido el 16 de marzo de 2002 y Luis K. Fong Fierro, tenaz e infatigable combatiente por el socialismo y al final de su vida editor de la Revista La Gota y creador de las Kaminatas de protesta contra la violencia y la presencia militar en Chihuahua, también fallecido el 3 de mayo de 2011. De toda la formación intelectual de Rodríguez se considera esta etapa como fundamental para su labor posterior que realizaba en el momento de su muerte, según lo recuerdan sus compañeros más directamente involucrados en las sesiones de aquel inolvidable grupo de trabajo. En aquel círculo se concretó la asimilación crítica de la transición teórica referida antes y la revisión y balance de la experiencia propia que condujo a Ignacio y a sus compañeros a nuevas formas de militancia, siempre bajo un inventario crítico permanente. No es exagerado plantear que aquel grupo de reflexión generó de manera autónoma un importante fragmento de lo que ahora se estima como la «teoría crítica», sin catedrales ni «gurúes«.

En los años de 1974 y 1975 Ignacio Rodríguez se dedicó al trabajo político y periodístico en El Martillo y a la propagandización entre los obreros de la ciudad de Chihuahua, en donde a puerta de fábrica promocionaba aquel periódico y una hoja volante semanal denominada La Hoja Obrera, labor que combinaba con los estudios que se mencionaron antes. En 1975 inició su oficio como periodista al servicio del diario local Norte, hoy desaparecido y que por entonces aún dirigía su fundador Don Luis Fuentes Saucedo, notable periodista chihuahuense. Poco tiempo después atendía también el reporte de noticias para la organización de radio Radiorama, en donde trabó una profunda relación profesional y de amistad con Marco Antonio Guevara, otro importante periodista de la entidad. Por esos días, la radio noticiosa de Chihuahua difundía reportajes directos de verdadero privilegio, en la voz de un acucioso corresponsal de guerra en las calles de Managua y San Salvador. En medio de esas tareas también formó un círculo natural de periodistas que compartían el trabajo en reuniones cotidianas en el centro histórico de la ciudad de Chihuahua, en intensas discusiones políticas del quehacer periodístico.

En abril de 1979 viajó a Nicaragua como corresponsal de los medios mencionados. Regresó unos cuantos días antes de la caída de Anastacio Somoza y de inmediato trabajó activamente para un segundo viaje. Obtuvo nuevas corresponsalías y apoyos como los de la revista Proceso y el periódico Unomásuno y realizó el segundo viaje en marzo de 1980. En esta ocasión visitó también El Salvador. Es memorable el reportaje trasmitido por Rodríguez directamente para el mitin independiente del 1o. de Mayo de 1980 en la ciudad de Chihuahua, que contenía un saludo fraternal de la principal organización obrera salvadoreña. En innumerables notas periodísticas dejó su huella como investigador acucioso.

A su regreso realizó algunos de sus análisis más importantes, producto de  la observación de los procesos revolucionarios de esos países centroamericanos. Uno de estos trabajos fue publicado por La cultura en México (No. 962 agosto de 1980) de la revista Siempre!  y otro –un informe político de su viaje, pronunciado en la ciudad de Torreón, Coah., el 28 de junio de 1980– fue incluido por Tomás Oropeza Berumen como complemento de un ensayo biográfico (Ignacio Rodríguez Terrazas. Un periodista en el movimiento obrero. TADET-UNAM, agosto de 1993). En esa ocasión y en otros intercambios, Ignacio informó de su adhesión militante al Frente de Acción Popular Unificada salvadoreño, FAPU (integrante del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, FMLN) y del encargo que a la sazón cumplía para contribuir a la formación marxista y para fundar y dirigir un periódico político de masas de la organización, en donde invertiría su vasta experiencia adquirida en El Martillo y en su labor profesional. Por esos días Ignacio también trabajaba en un primer libro, cuyo borrador, luego de un largo tiempo de incertidumbre sobre su suerte, ha sido ya ubicado por sus amigos y compañeros. Quienes conocimos parte del original de esa obra en vida de Ignacio, entre quienes estuvo María Cristina Almeida Ontiveros, su camarada y amiga entrañable, recién fallecida el 28 de junio de 2019, sabemos que se trata de un intento de análisis político de la situación revolucionaria en Centroamérica, con abundante información de primera mano y con opiniones y crítica política propias.

Nacho volvió de inmediato a San Salvador y el 8 de agosto de 1980, cuando se dirigía a cubrir un acontecimiento en las calles de la ciudad, en compañía de John Hoagland, corresponsal de la revista Newsweek y del periodista salvadoreño Raúl Beltrán, fue abatido a balazos por un francotirador, al cuarto para las siete de la tarde, en un espacio abierto localizado frente al edificio que entonces ocupaba el Ministerio de Justicia. Hasta la fecha, ni la identidad del asesino ni el motivo del crimen han sido establecidos por el gobierno salvadoreño, pese a la solicitud formal formulada el 21 de junio de 2010 por un numeroso grupo de personas amigas que hemos refrendado. Más tarde su querido amigo Hoagland fue también muerto a balazos el 16 de marzo de 1984, cuando cubría una acción de guerra cerca de la población de Suchitoto en El Salvador.

Luego del crimen hubo gran número de protestas, entre ellas un desplegado en San Salvador, el 10 de agosto, de periodistas de Unomásuno, Proceso y el periódico salvadoreño El Independiente, así como un mitin en México el día 11 de agosto, frente a la embajada salvadoreña, en el que entre otros habló el periodista Manuel Buendía y se exigió la ruptura de relaciones diplomáticas con la junta militar salvadoreña. El 23 de agosto, unomásuno publicó el último artículo que escribió Ignacio Rodríguez Terrazas y que envió a El Martillo. Los restos de Nacho fueron trasladados a Chihuahua y reposan en el Panteón de Dolores de esta ciudad. Entre otros homenajes, el nombre de Ignacio Rodríguez Terrazas ha sido asignado al sindicato del diario Unomásuno de la ciudad de México, a una Escuela Primaria y a la avenida principal de la Colonia Diego Lucero de esta ciudad, así como a una calle de la Colonia Revolución, al Auditorio Nacho Rodríguez de una colonia del sur, a una colonia del norte de la ciudad, aledaña al Panteón de la Colina y a un jardín de niños del sur de la ciudad. Su nombre fue grabado en una placa conmemorativa del asesinato del arzobispo Oscar Arnulfo Romero en San Salvador y fue originalmente instalada en la catedral de esa ciudad. En la placa figuraban otros nombres que incluían el de Nacho, si bien con sus apellidos en el orden invertido. Hay una excelente fotografía que certifica la existencia y los datos de la placa, pues a su lado aparece la compañera Irma Campos Madrigal, fallecida el 22 de noviembre de 2009, gran amiga y correligionaria de Ignacio. Gracias a la investigación de dos testigos directos que viajaron en fechas distintas a San salvador, sabemos que la placa ya no se encuentra instalada ni fue posible ubicarla.

Monumento a la Memoria y la Verdad en el Parque Cuscatlán de San Salvador (Fotos AGC)

Así mismo, el nombre de Nacho está grabado en el Monumento a la Memoria y la Verdad levantado en el Parque Cuscatlán de San Salvador, en memoria de más de 25 mil personas civiles que fueron asesinadas o desaparecidas durante el conflicto armado de El Salvador; la referencia a Nacho en el muro de homenaje se registra en una inscripción cuyos datos se refieren en el documento http://www.unesco.org/new/fileadmin/MULTIMEDIA/HQ/CLT/pdf/ELS-Monumentos_a_la_memoria_y_verdad.pdf. En el muro relativo el nombre de Ignacio se consigna así: “25392 RODRIGUEZ TERRAZAS, N. ASESINADO(A) 1980-08-31”, en donde pueden apreciarse evidentes errores en el nombre y en la fecha del crimen (solo hay un cambio en el número, que antes era 21458). Por otra parte, el 29 de noviembre de 2005, el Congreso del Estado de Chihuahua decretó la presea «Laurel de Oro Ignacio Rodríguez Terrazas» para reconocer a periodistas. El 21 de junio de 2010, un grupo de amigos y compañeros interpusimos una solicitud de investigación y justicia por el asesinato de Ignacio, ante el Presidente Mauricio Funes de la República de El Salvador, sin respuesta alguna hasta la fecha. La petición se refrendó con fecha 6 de agosto de 2014 en escrito dirigido al Presidente de la república, C. Salvador Sánchez Cerén.

La obra periodística, literaria y política de Ignacio está dispersa en diversas publicaciones y en abundante material sonoro que reclaman una recopilación que seguramente contribuirá a comprender el papel y la influencia de los movimientos centroamericanos en nuestra realidad actual. La escritora Flor María Vargas, amiga y compañera de lucha de Ignacio, ha publicado el ensayo Letras de Emergencia 1980-1989, contenido en el tomo II de la obra Chihuahua, horizontes de su historia y su cultura (Milenio Multimedios, México, 2010), coordinada por Jesús Vargas Valdez, en donde se aborda la obra poética de Nacho Rodríguez.

El Contexto social y político en el que se desarrollaron Ignacio y sus amigos y compañeros ha sido esbozado en la presentación de la edición digital del periódico El Martillo:

«La generación que fundó en todas partes la tendencia paralela a la burocracia que se hizo con el Estado de la revolución, había sido formada por una vasta generación de profesores ya muy distintos a los preceptores de los liceos porfirianos, pues en lugar del positivismo y la lectura de los griegos, estos maestros ahora recibían y daban desde la primaria una mezcla de juarismo radical y marxismo en su versión entre soviética y cardenista. Por ello, no es exagerado decir que el normalismo es la correa de transmisión que une todo el proceso desde sus arranques a principios del siglo XX  hasta su fusión con la generación formada en la nueva universidad. Esto es exactamente lo que sucedió entre 1960 y 1975 en Chihuahua y esa fusión renovadora es lo que representaron quienes llegaron hasta Madera y ése es, en género, el mismo ramal que entró de lleno a la revuelta estudiantil en los centros de estudio y después fundó el movimiento popular de la región. Quizás como un símbolo fundatorio es importante decir que la nueva generación universitaria se incubó en la Escuela Preparatoria de la universidad, que era directamente heredera del Instituto Científico y Literario, la institución porfirista de excelencia en la región. En la biblioteca de aquella preparatoria comenzaron a mezclarse los elegantes tomos de la literatura griega y la filosofía de Platón y Aristóteles, con la literatura del boom latinoamericano y la producción marxista anterior y posterior al 68, todo en medio de discusiones interminables que desbordaban horarios y aulas. La lógica de Porfirio Parra convivía ahí con la de Elí de Gortari y la poesía barroca porfiriana tuvo que tolerar los versos llanos de Renato Leduc y acostumbrase al sonido de Neruda. Pero la «fusión» no es un recurso retórico, sino rigurosamente real: la generación que abordó la táctica que llegó a Madera en 1965 provenía directa del normalismo crítico procesado al interior del Partido Comunista o del Partido Popular de Lombardo; pero la generación que reeditó la vía en 1972 era ya hija de la preparatoria, en donde enseñaban muchos profesores normalistas de la generación original o formados por ella. Por todo ello, cuando los militantes guerrilleros del 72 cayeron abatidos por la represión criminal el hecho se fundió instantáneamente con el movimiento popular, promovido y dirigido por la tendencia post-65 alojada en la universidad, que había refundado en su versión de izquierda marxista la Sociedad Ignacio Ramírez en la Escuela de Derecho a partir de su antecedente priísta y liberal de viejo cuño. Al movimiento de protesta acudió también la Sección 8a. del SNTE que agrupaba a varias generaciones de normalistas que cubrían todo el espectro del desarrollo, desde cardenistas vivos –algunos estalinistas irredentos–, hasta jóvenes recién egresados de las normales rurales, todavía relucientes y peleadoras. La convocatoria autoritaria la oyeron también los herederos regionales del movimiento vallejista de ferrocarriles, que sobrevivían organizados en la sección 5 del sindicato y los electricistas de la Tendencia Democrática del legendario Rafael Galván. Y para ese tiempo, las grandes fábricas de aceros y cementos, que colindaban con las colonias populares fundadas por invasiones dirigidas por los mismos universitarios, recibían la mano de obra de estos colonos, quienes a su manera y con sus límites, formaron parte también del proceso. Por su parte, los mismos vectores llevaron la inquietud al interior del Instituto Tecnológico Regional, en donde enseñaban un buen número de normalistas de la misma Sección 8a. del SNTE lo que contribuyó a fraguar una tendencia, de inspiración magonista, que acudió al llamado de la comunidad. Esa fusión y ese movimiento es lo que se plasmó en la generosa fotografía que ilustra la portada del número 1 de El Martillo. Las grandes manifestaciones de enero de 1972 continuaron hasta fundar el Comité de Defensa Popular, una alianza comunitaria plena en su origen; llegaron hasta el 1o. de Mayo de ese año, al que pertenece la fotografía de Saqueo Villegas, un tenaz militante del Partido Comunista, ya fallecido, y continuaron hasta principios de 1975, cuando aparecieron los primeros síntomas del final de la riquísima etapa. Todo el desarrollo del movimiento, sus triunfos y derrotas, y la suerte final de todos los ramales y componentes está consignado, criticado, balanceado e ilustrado en El Martillo, que trascendió a su matriz y vivió para compartir, contar, criticar, analizar e ilustrar otras batallas hasta 1986.

Chihuahua, Chih., a 7 de agosto de 2021. (Por la recopilación y la caracterización intelectual y política de Ignacio: Rogelio Luna J.)

Escrito de Rogelio Luna a la memoria de Nacho Rodríguez, el periodista chihuahuense asesinado en San Salvador hace 40 años.

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