La violencia de pruebas estandarizadas y el desconocimiento de La SEyD. Un comentario desde la pedagogía crítica

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Por: Profr. Andrés Varela

En el Artículo Tercero, se entiende a la “excelencia” como un atributo que tendrá la educación y que se enfoca en el “mejoramiento integral constante” para el desarrollo del “pensamiento crítico” de las y los alumnos y el fortalecimiento de los lazos entre la escuela y la comunidad.

Dejemos para después del debate existente sobre la palabra “excelencia” y enfoquémonos en el pensamiento crítico como uno de los asuntos que debe perseguir la educación.

Teóricamente, el “pensamiento crítico” encuentra su soporte en la Teoría Crítica: en los trabajos de intelectuales e investigadores/as que constituyeron la Escuela de Frankfurt y sus generaciones. Desde luego que la producción teórica de la Escuela de Frankfurt resulta insuficiente para interpretar las realidades que estamos viviendo y que sólo pueden describirse a partir de la locación de cada individuo en su experiencia: El pensamiento crítico latinoamericano es fundamental.

De la Teoría Crítica y el pensamiento crítico latinoamericano se desprende la “Pedagogía Crítica”, que ha sido una práctica contestataria al sistema de dominación que extiende sus redes en, prácticamente, todas las formas de vida Moderna y, desde luego, en el contexto pedagógico y/o educativo.

Dentro de la pedagogía crítica, se propone una forma de evaluación “auténtica”, que encuentra sus raíces en los procesos reales que viven las y los estudiantes y se aleja de la estandarización, simulación, discriminación y enculturación que representan las evaluaciones estandarizadas externas y neocoloniales que regularmente promueven las Autoridades Educativas: PLANEA y PISA, por ejemplo.

Esta “evaluación auténtica”, encuentra su legitimidad en el momento en que es utilizada por el/la mismo/a estudiante para valorarse a sí mismo/a y con base en su aprendizaje. Contra la violencia de las pruebas estandarizadas que suponen que todxs lxs estudiantes son iguales y deben aprender lo mismo, al mismo tiempo y de la misma forma, la evaluación auténtica está enfocada en la realidad social y en el multiculturalismo: en la pluralidad, no en la universalidad.

Esta forma de entender la pedagogía, soportada por grandes pensadores -como Pulo Freire- es incompatible con los exámenes estandarizados. Si la educación es una herramienta que persigue la liberación de lxs oprimidxs, no puede ser un examen tradicional y estandarizado el parámetro que nos diga el éxito o el fracaso de la misma. Si la educación es una posibilidad de resolver nuestros problemas inmediatos y comunitarios, las pruebas estandarizadas no pueden dar cuenta de ello pues ningún problema de la vida real se resuelve en un examen de opción múltiple, de manera individual, de forma descontextualizada, sin poder preguntarle a nadie y en un límite de tiempo arbitrario.

Por eso, estimado maestro/a, cuando lleguen a tu escuela a decirte que la Universidad Iberoamericana está coordinando una ventajosa investigación con la Secretaría de Educación y Deporte, porque según ellxs “se desconoce el logro de aprendizajes durante el tiempo de confinamiento” y que por ello están proponiendo evaluar a lxs estudiantes con una prueba parecida a PLANEA, porque el gobierno “desapareció al INEE”, podemos preguntarles lo siguiente: ¿Será necesario el examen estandarizado, externo y discriminatorio para saber «cómo están los niños y las niñas» de nuestras escuelas en condiciones de pandemia? ¿Este examen describe realmente la realidad de las y los estudiantes? ¿De qué se trataron, entonces, todas las reuniones de CTE en las que nos enfocamos a valorar los aprendizajes de las y los estudiantes en esta contingencia? ¿Qué finalidad tiene utilizar un examen estandarizado para valorar las condiciones de aprendizaje en las que están las y los estudiantes respecto a un currículo educativo rebasado por la realidad y por qué ahorita? ¿De qué sirve, entonces, el esfuerzo que hicimos por adecuar, modificar y ajustar el currículo a la educación a distancia si pretenden evaluar a la comunidad educativa con un referente curricular descontextualizado? ¿Qué relación tiene esto con el desarrollo del pensamiento crítico establecido en el artículo tercero? Y lo más importante y ante el insulto a nuestro trabajo: ¿Cómo de que “nadie sabe” qué está pasando con los aprendizajes, acaso pintados?