La Semana Santa ha muerto

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Por: Doctor Rafael García Sánchez

La intención del presente escrito es compartir en forma sintética una mirada no religiosa basada en los relatos bíblicos acerca de la Semana Santa.

Se trata de un breve paseo por algunos de los pasajes bíblicos que dan origen a esta tradición de fuerte arraigo en el mundo occidental. El texto no tiene fines analíticos, sino descriptivos y hasta cierto nivel (aunque sea en un nivel bajo) podría ser reflexivo. Está elaborado desde una posición militante, por lo que no hay ningún escamoteo para decir puntualmente que el que escribe es un seguidor no religioso del maestro de Galilea, es decir, que no guarda afiliación a denominaciones de ningún tipo, sin adherencias a cultos y prácticas vinculadas a cualquier expresión religiosa.

Esto implica que se busca evitar expresamente el engaño que se esconde cuando se pretende hablar desde un discurso supuestamente neutral.

Dichas las intenciones y aclarada la posición del escribiente, se espera que el texto sirva como motivo de reflexión para quienes, en cualquier momento de la vida, se han tomado el tiempo para cuestionar la importancia que tiene el conocer no sólo las raíces de la celebración de la Semana Santa, sino, sobre todo, asumir las implicaciones que tiene el hecho de identificarse con una pascua en particular.

La fiesta de los panes sin levadura (la pascua judía)

En muchas naciones occidentales se celebra la Semana Santa; como referencia, México es uno de los 10 países con mayor turismo religioso, en los días de la así denominada como Semana Santa sus ganancias anuales pueden alcanzar más de los 10 mil millones de pesos.

La Semana Santa representa hoy en día no sólo en México, sino también en una gran parte del mundo occidental una estrategia económica que contribuye con el flujo del capital, al tiempo en que también favorece la reproducción de la cultura religiosa dominante.

En este sentido, se puede advertir la relación entre economía y cultura religiosa. La época de Semana Santa está plagada de sincretismos, creencias, simbolismos, falsedades y consumos. Se trata de una economía de la cultura religiosa, en donde la mercancía que se explota la constituyen dos acontecimientos de la historia de Israel.

El primero de ellos es la Pésaj o llamada la pascua judía; el segundo de ellos lo constituye la revelación que Jesús hiciera a sus discípulos más cercanos sobre el “Nuevo Pacto”.

La Pésaj es una celebración Israelita derivada de la salida de Egipto del entonces pueblo hebreo bajo la conducción del profeta Moisés. El contexto en el que tiene lugar hace referencia a los últimos días que los Israelitas pasaron en tierras de Egipto, específicamente el tiempo de la última plaga en la que murieron todos los primogénitos de los egipcios; así, la noche en que Yehovah habría de concretar la plaga, les advirtió a los Israelitas que llevaran a cabo una serie de instrucciones para evitar que la muerte llegara a sus casas.

Una de ellas fue el sacrificio de un cordero sin defecto, cuya sangre debía utilizarse para pintar el dintel de la casa, a manera de señal para Yehovah; otra instrucción fue que en la cena de esa noche (la última noche en Egipto) se debía comer panes sin levadura y carne asada. El relato bíblico en Exo. 12:1-13 lo señala de la siguiente manera:

“Habló Jehová a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto, diciendo:
2Este mes os será principio de los meses; para vosotros será éste el primero en los meses del año.
3Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los padres, un cordero por familia.
4Mas si la familia fuere tan pequeña que no baste para comer el cordero, entonces él y su vecino inmediato a su casa tomarán uno según el número de las personas; conforme al comer de cada hombre, haréis la cuenta sobre el cordero.
5El animal será sin defecto, macho de un año; lo tomaréis de las ovejas o de las cabras.
6Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes.
7Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer.
8Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura; con hierbas amargas lo comerán.
9Ninguna cosa comeréis de él cruda, ni cocida en agua, sino asada al fuego; su cabeza con sus pies y sus entrañas.
10Ninguna cosa dejaréis de él hasta la mañana; y lo que quedare hasta la mañana, lo quemaréis en el fuego.
11Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová.
12Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto.
Yo Jehová.
13Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto.”

Existen varios simbolismos presentes en esta conmemoración, por ejemplo, tal como se describe en Exo. 12:5-7, que recuerda la idea del sacrificio, del derramamiento de sangre. Si bien, no se trata de una clara alusión al sacrificio que Jesús realizó el día de su crucifixión, contiene aspectos proto sacrificiales, dado que, como bien es sabido, uno de los rituales del pueblo Israelita es justamente el sacrificio de un cordero, el derramamiento de su sangre para remisión de las transgresiones (gr. Pecados).

Otro de los simbolismos presentes se encuentra en Exo. 15: 8,11 en la que se cena pan sin levadura, tal como se describe: “

8Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura; con hierbas amargas lo comerán” … “
11Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová.”

De esta forma se instituye una conmemoración en la misma noche de la víspera en que el pueblo de Israel habría de salir del yugo egipcio, para nacer como una nueva nación, la cual habría de forjarse durante los próximos 40 años en el desierto. La futura conmemoración que tendría por efecto guardar en la memoria el día en que Yehovah sacó a los Israelitas de Egipto, es decir, la Pascua de Yehovah, quedó establecida de acuerdo a lo reseñado en Exo. 12:14-20:

“14Y este día os será en memoria, y lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraréis.
15Siete días comeréis panes sin levadura; y así el primer día haréis que no haya levadura en vuestras casas; porque cualquiera que comiere leudado desde el primer día hasta el séptimo, será cortado de Israel.
16El primer día habrá santa convocación, y asimismo en el séptimo día tendréis una santa convocación; ninguna obra se hará en ellos, excepto solamente que preparéis lo que cada cual haya de comer.
17 Y guardaréis la fiesta de los panes sin levadura, porque en este mismo día saque vuestras huestes de la tierra de Egipto; por tanto, guardaréis este mandamiento en vuestras generaciones por costumbre perpetua.
18En el mes primero comeréis los panes sin levadura, desde el día catorce del mes por la tarde hasta el veintiuno del mes por la tarde.
19Por siete días no se hallará levadura en vuestras casas; porque cualquiera que comiere leudado, así extranjero como natural del país, será cortado de la congregación de Israel.
20Ninguna cosa leudada comeréis; en todas vuestras habitaciones comeréis panes sin levadura.”

En palabras simples que ofrezcan al lector más elementos de contexto, tal vez resulte conveniente hacer una síntesis bastante apretada de una narrativa épica que cuenta los prolegómenos de la insurrección de los Israelitas; todo inicia cuando Moisés mata a un
egipcio, luego de sorprenderse por el violento trato hacia uno de sus congéneres Israelitas.

Después, el relato transita hacia el proceso de enfrentamiento que Moisés sostuvo con el Faraón y sus sacerdotes, que concluye con las célebres y multicitadas “plagas de Egipto”.

Finalmente, el relato cierra con una persecución a muerte por parte de los soldados del Farón, quienes en su afán por detener el éxodo de Israelitas formarán parte del controvertido acontecimiento de la apertura del mar rojo. Para su mala fortuna, los soldados del Faraón perecerán víctimas del poder de las aguas que se irán cerrando conforme los Israelitas llegan del otro lado del mar rojo. Así, con la mirada desde el otro lado de las aguas, es decir, desde la perspectiva Israelita, se habría consumado la independencia de Israel con respecto del yugo egipcio y el inminente surgimiento de un nuevo pueblo.

La narrativa anterior se convirtió para Israel en una pieza clave para otorgar identidad a su población. Por lo que cada año, se habría de realizar una fiesta que rememorara los acontecimientos que les dieron independencia del poder egipcio.

Para los tiempos de Jesús, centenas de años más tarde, la fiesta de la pascua se había convertido en una tradición, es decir, en una práctica cultural identitaria para el pueblo de Israel. Año con año, e independientemente de que para esos días Israel estuviera ocupada por las fuerzas del Imperio Romano, la celebración se llevaba a cabo con los rituales acostumbrados; y es aquí en donde tiene lugar el surgimiento de una nueva pascua, cuyo autor ya no es Yehovah, sino el primogénito de toda creación, el unigénito, el hijo del hombre, el cordero inmolado o mejor conocido como Jesús el Cristo. De esta manera, en la fiesta de los panes sin levadura o bien, en medio de la así denominada Pascua Judía, es que Jesús instituye una nueva Pascua, con sus propios símbolos y prácticas conmemorativas.

La pascua de Jesús

Es conveniente recordar que pasados tres años en los que Jesús y sus doce discípulos llevaron a cabo una serie viajes en tierras de Judea proclamando una cierta “buena noticia” (gr. Evangelio), los ánimos de una parte muy importante de la élite de los administradores del templo, o lo que se da en llamar como el Sanedrín, se habrían caldeado al punto de procurar a cualquier precio la muerte del Nazareno. Fue precisamente en la víspera de los días de la fiesta de los panes sin levadura cuando dicha élite de sacerdotes del templo llevó a cabo la conspiración para matar a Jesús, tal como lo relata el médico no judío Lucas:

“Estaba cerca la fiesta de los panes sin levadura, que se llama la pascua.
2Y los principales sacerdotes y los escribas buscaban cómo matarle; porque temían al pueblo.” (Luc.22:1-2).

Por su parte, el maestro de Galilea reunió a sus discípulos más cercanos, en una de esas noches de la Pascua Judía para plantearles la idea del Nuevo Pacto. Lucas (22: 7-8,13-19) lo relata de la siguiente manera:

“7Llegó el día de los panes sin levadura, en el cual era necesario sacrificar el cordero de la pascua.
8Y Jesús envió a Pedro y a Juan, diciendo: Id, preparadnos la pascua para que la comamos.
13Fueron, pues, y hallaron como les había dicho; y prepararon la pascua.
14Cuando era la hora, se sentó a la mesa, y con él los apóstoles.
15Y les dijo: !!Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca!
16Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios.
17Y habiendo tomado la copa, dio gracias, y dijo: Tomad esto, y repartidlo entre vosotros;
18 porque os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga.
19Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí.
20De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.”

Horas más tarde sería entregado al Sanedrín al mando del sumo sacerdote del grupo de los Fariseos llamado Caifás. Seguido de esto comparecería ante los representantes del Imperio romano, tales como Herodes y Poncio Pilatos, para posteriormente ser sacrificado en el madero, derramando su sangre.

El pan y el vino

Los símbolos que Jesús introduce en su Pascua son el pan y el vino. A sus discípulos más cercanos, siendo todos ellos Israelitas, Jesús les dio a conocer una resignificación del pan (en el contexto de la fiesta de los panes sin levadura); él mismo les dijo: “Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.” (Juan 6:35). En la noche del nuevo pacto “y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.” (Mateo 26:268). Para comprender un poco más acerca del significado de pan, en el contexto del nuevo pacto, Juan (6:31-33) aclaró que:

“31Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer.
32Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, más mi Padre os da el verdadero pan del cielo.
33Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.»

Jesús dejaría claro el significado profundo, pero a la vez práctico de lo que el pan representa:

“51Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo (Jn.6:51)»

Ahora bien, con respecto al vino, Juan (6:53-56) aclaró que:

“53 Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
54El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.
55Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
56El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.”

Jesús murió en los días de la fiesta de los panes sin levadura. Tres días después resucitó, lo que significa que Jesús sigue siendo el pan y el vino que dan vida en abundancia. Pero, ¿Qué significado tiene “comer y beber” del “cuerpo y de la sangre” de Jesús? ¿A caso se trata de un vulgar acto de antropofagia? ¿Por qué Jesús hace su propio pacto, sabiendo que Yehovah había instituido el suyo? Si el pacto de Yehovah con los Israelitas recuerda el día en que fueron liberados del yugo egipcio, ¿En qué consiste el nuevo pacto que Jesús hizo por su cuenta? ¿Con quién se realizó el nuevo pacto? ¿Qué significado guardan las palabras de Jesús diciendo: “esta copa es el nuevo pacto en mi sangre”? ¿Cuál es la relación que tiene el concepto de “copa” en la institución del nuevo pacto con “las copas” que aparecen en el libro de las revelaciones, las cuales Jesús mismo se las dio a su discípulo Juan? ¿Qué significa anunciar la muerte de Jesús hasta que el venga? ¿Qué relación tiene el nuevo pacto de Jesús, con la vida en abundancia y con la resurrección en el día postrero? ¿De qué le sirve al creyente saber de la existencia del nuevo pacto? ¿Qué sentido tiene para el discípulo (aprendiz) conocer las implicaciones personales y sociales del nuevo pacto? Las respuestas, sin duda alguna, no estarán en la lógica del consumo cultural religioso dominante.

Con el paso del tiempo la Semana Santa, se ha convertido en una mercancía económicoreligiosa, se ha cosificado, es decir, ahora es una cosa carente de vida. La Semana Santa se compra y se vende. Se ha vuelto en un objeto del mercado en el que se compran y se venden ayunos, dietas, plegarias, rituales, sermones y souvenirs.

Los mercaderes de la Semana Santa junto con sus consumidores reproducen la violencia simbólica del poder político económicoreligioso reinante. Recrean la lógica sado-masoquista.

¿Qué ha sido de la Semana Santa?

Desde hace tiempo, la Semana Santa ha muerto. Tal vez necesite ser resucitada.