Nos faltan 43… y miles más

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Por: Rosalío Morales Vargas

La sórdida penumbra encubrió la canallada,
con su rictus de hielo apareció la vileza,
que aún ufana merodea
en los salobres insterticios de las abyecciones.

Hacia la nada, dicen, se esfumaron
y desaparecieron en las sombras,
cual polvo negro en la corriente de sucirios;
los engulló la tarja displicente
del cinismo procaz
y el mefítico hedor de la inmundicia
y la concupiscencia obscena.

Con nitidez se manifiesta
que en la terraza de las élites
no se escriben edictos vigorosos
que atiendan las angustias y reclamos;
el impulso vital ha de arribar
con los aires monzónicos
y el vendaval
surgido desde abajo.

En el glacial invierno contrito y desolado
no se aja la esperanza, no declina,
se abre paso entre meandros de mentiras,
hurga en los recovecos de la infamia,
busca en los laberintos soeces del baldón
y atalaya en la lejanía del horizonte
una luz en el tunel del olvido.

Jamás nos cansaremos en la búsqueda
del faro fulgurante de justicia,
por el viento latente que no amaina,
por las voluntades
que no se han corroído con el tiempo,
porque las luchas y el tesón nos vivifican
no cejará la lucha hasta encontrarles.