¿La educación pública ya está equipada?

Por: Abelardo Carro Nava

Corría el mes de octubre de 2016 y, fiel a su costumbre, Aurelio Nuño anunciaba con bombo y platillo la nueva estrategia digital que sustituiría a las tabletas entregadas durante los primeros meses de la administración peñanietista. A decir de este Secretario, el nuevo programa @prendemx 2.0 buscaría que los alumnos de educación básica consiguieran las habilidades digitales para el Siglo XXI (León, 2016).

Claro, con esta acción, se buscó evadir o enterrar el tema del fallido Programa de Inclusión y Alfabetización Digital (PIAD) con el que el gobierno federal había comprado miles de laptops y tabletas para entregarlos a niños de quinto año de escuelas públicas. De hecho, la inversión, transcurridos tres años de este gobierno, ascendía a poco más de 3,700 millones 869 mil 669 pesos. Sin embargo, después de una revisión realizada por la Auditoría Superior de la Federación (ASF), se detectó una serie de insuficiencias en el “programa” dado que la Secretaría de Educación Pública (SEP) no había otorgado información que demostrara el beneficio que tenías los niños con las computadoras, subrayado que éste carecía de evaluaciones y un plan integral que explicara la razón por la que comenzó su pilotaje en Colima, Tabasco y Sonora, así como también, la cantidad de alumnos que tendrían equipos y la dificultad que tenían sus usuarios para conectarse a internet (Ascención, 2016),

Y bueno, volviendo al tema del programa @aprendemx 2.0 se pensó que, a partir de su puesta en marcha, se equiparían con aulas digitales las escuelas de nivel básico y se capacitaría a los docentes para que enseñaran a sus alumnos (SEP, 2016), hecho que a todas luces no sucedió ni ha sucedido de esta manera. Y es que mire usted, en el portal de la Coordinación General @aprende.mx en mayo de 2018, se publicó un boletín informativo mediante el cual se anunció el inicio de la instalación del aula @prende 2.0 cuyo propósito era enriquecer a las escuelas primarias públicas, a fin de beneficiar a todo el alumnado y personal docente de las mismas, por un servicio administrado a 36 meses (@aprende.mx, 2018); aunado a lo anterior, en ese mismo boletín se dio a conocer un enlace que refiere que, para constatar el avance de las instalación de dichas aulas, se podría al ingresar al mismo: http://aprende-ocst.sep.gob.mx/aulaaprende/instalaciones.html. Si usted realiza este ejercicio (lo invito a hacerlo), podrá observar que ahí aparece la siguiente información: instaladas (64), por instalar (1) y canceladas (761).

¿Cuántas aulas se han instalado entonces hasta el día de hoy? Porque los números que ahí aparecen, así como la búsqueda de datos en medios oficiales de la SEP que pudieran darnos una respuesta es, prácticamente limitada o, para acabar pronto, un misterio. No obstante, parece ser que este proyecto no logró ejecutarse como se tenía pensado en virtud de que la misma Secretaría reportó, en diciembre de 2017, insolventes todas las ofertas para instalar en mil aulas de primarias públicas de 16 estados el nuevo sistema para desarrollar el pensamiento computacional de estudiantes y maestros (El Mundo, 2017). Consecuentemente, no estaría nada mal que la Coordinación General de @prende.mx, vigente con este gobierno autodenominado de la cuarta transformación, diera una explicación al respecto.

Y digo que no estaría nada mal que diera una explicación porque, seguramente fue de su conocimiento que, el aún Secretario de Educación, Esteban Moctezuma Barragán, el pasado 11 de enero afirmó de manera categórica que “sin duda nació en México ya la educación mixta, esto quiere decir que la educación pública ya está equipada para poder trabajar tanto de manera presencial como a distancia” (Rodríguez, 2021). Muchos, me incluyo, después de esta afirmación nos preguntamos varias veces a qué tipo de equipamiento se refería el Sr. Secretario porque, si tal cuestión nos lleva a pensar solamente en el uso de ciertas plataformas para que los profesores y alumnos puedan acceder para que no vean interrumpidos sus procesos formativos, habría que señalar que dichas plataformas son inútiles si la población “beneficiada” no cuenta con dispositivos tecnológicos para tal propósito.

En consecuencia, no estaría de más revisar los datos que la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación (MEJOREDU, 2020) dio a conocer a través del documento titulado “Experiencias de las comunidades educativas durante la contingencia sanitaria por Covid-19 y en los que se destaca que: “casi la totalidad de las y los maestros que contestaron la encuesta señaló haber tenido acceso a internet en casa, ya sea por conexión doméstica o por datos celulares. Sin embargo, el porcentaje fue un poco menor en el caso de docentes de preescolares y primarias indígenas, aunque superior a 90%. Por otra parte, el recurso más reportado por los y las directoras y el personal docente fue el teléfono móvil (94%), seguido por una computadora (más de 90%, aunque se trató de un equipo compartido para aproximadamente la mitad de los informantes”.

Si esto no fuera suficiente, podría recomendar el estudio que la misma MEJOREDU publicó el año pasado denominado “Indicadores nacionales de la mejora continua de la educación 2020” y en el que se señala, en el apartado relacionado con las escuelas y su infraestructura educativa que “en el ciclo 2018-2019, 86.4% de las escuelas primarias, 87.4% de las secundarias y 83.3% de los planteles de educación media superior contaban con electricidad. La proporción de centros escolares que tenían computadoras para propósitos pedagógicos era más heterogénea entre tipos y niveles de la educación obligatoria: 49% de las escuelas primarias, 67.2% de las secundarias y 64.7% de los planteles de educación media superior contaban con este recurso. En el mismo sentido, la proporción de escuelas y planteles con conexión a internet presenta valores diferenciados: 34.6% de las escuelas primarias, 45.3% de las secundarias y 44.1% de los planteles de educación media superior tenían este servicio. La disponibilidad de servicios sanitarios básicos no está presente en todas las escuelas de educación obligatoria: 70.9% de las primarias, 73.5% de las secundarias y 72.3% de los planteles de educación media superior contaban con conexión a la red pública de agua potable; en 65.3, 70.2 y 73%, respectivamente, había servicio de lavado de manos; mientras que 85.3, 86.6 y 80.2%, en ese orden, tenían sanitarios independientes” (MEJOREDU, 2020).

Vistos los datos anteriores valdría la pena preguntarse, a qué tipo de equipamiento se refería el aún Secretario. ¿Acaso a todos los trabajadores de la educación se les ha dotado de un equipo de cómputo, móvil o internet gratuito para que realicen sus actividades desde que comenzó esta contingencia sanitaria?, ¿acaso los padres de familia han recibido algún apoyo gubernamental para la adquisición de los mismos recursos tecnológicos para este propósito? Ahora bien, además de las pocas escuelas que recibieron recursos mediante el programa la Escuela es Nuestra, ¿cuántas más han recibido un apoyo económico para que, al menos, rehabiliten sus espacios físicos con la finalidad de cumplir con las medidas sanitarias que las autoridades han establecido por un posible regreso a clases presenciales?

Las respuestas seguramente usted las conoce y, desde luego, en estas líneas solo expongo una más de las tantas realidades que prevalecen en el Sistema Educativo Nacional (SEN). Insisto, presentar cifras alegres o bien, hacer declaraciones triunfalistas no es otra cosa más que demagogia pura. Quienes conocen y conocemos un poco sobre la realidad de las escuelas, las aulas y sobre el proceso de enseñanza y aprendizaje, tenemos claro que esta pandemia acrecentó la brecha entre los “dichos” de las autoridades educativas y lo que en realidad acontece en estos momentos.

En este sentido, se supondría que la profesora Delfina Gómez, conocedora de las cuestiones referidas, podría emprender un cambio de visión y acciones educativas para aminorar los ya de por sí añejos problemas que aquejan al sector, pero, desafortunadamente, con su más reciente declaración en cuanto a que no cambiará nada cuando ya esté al frente de la SEP creo, nos dispondremos a seguir leyendo más datos como los que ha publicado MEJOREDU, sin soslayar, desde luego, el extraordinario trabajo que han venido realizando maestros, maestras, alumnos y padres de familia.

Es cuanto.

Referencias: