Los olvidados de la guerra contra el narco

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Por: Víctor M. Quintana S.
Con toda seguridad rebasan medio millón de personas y, sin embargo, se habla muy poco de ellos. Se trata de las huérfanas y los huérfanos que ha dejado la infausta guerra contra el narcotráfico de Calderón, continuada por Peña Nieto. Si se tiene en cuenta que de 2007 a 2019 se consumaron en todo el país poco más de 260 mil homicidios dolosos y que, según se ha calculado, cada uno de ellos implicó que un promedio de dos hijos o hijas se quedaban huérfanos, se llega a esa terrible cifra.

Sin embargo, hay esfuerzos por develar esa realidad. Así lo refleja la labor de periodistas y organizaciones de la sociedad civil comprometidas con la verdad, con las mejores causas, surgidos en medio del terror de estos aciagos años. Es el caso del excelente reportaje de Abraham Rubio, del portal La Verdad de Juárez, dirigido por la muy competente periodista Rocío Gallegos, orientado a investigar y difundir las causas de las mujeres fronterizas.

Hay que partir de que de 2008 a la fecha se han perpetrado en Chihuahua alrededor de 27 mil homicidios dolosos. Si en 2012 la Fiscalía General del Estado de Chihuahua calculaba que por cada víctima de homicidio quedaban dos o tres hijos en condición de orfandad, la cifra de éstos a esta fecha y en términos muy conservadores no baja de 50 mil. Hayan sido o no delincuentes sus padres, el hecho es que se trata de víctimas inocentes.

Desde 2010 el gobierno de César Duarte constituyó el Fondo de Atención a Niños y Niñas Hijos de las Víctimas de la Lucha contra el Crimen (Fanvi) y lo dotó de un capital inicial de 100 millones de pesos. Con ellos se brindarían tres tipos de apoyo a las y los huérfanos: educativos (becas, útiles, pago de inscripciones, uniformes, zapatos, etcétera), médicos (atención médica, sicológica y rehabilitación física) y asistenciales (despensas y guarderías). Al llegar al gobierno Javier Corral continuó con el Fanvi ampliándolo a las víctimas de desaparición forzada y privación de libertad personal. Para 2019 el número de beneficiarios inscritos ascendía a 10 mil.

En el caso de Ciudad Juárez, dos organizaciones de la sociedad civil, la Red Mesa de Mujeres y la Organización Popular Independiente, le han dado seguimiento a la operación del Fanvi. Según ellas, la casi totalidad del presupuesto del fondo de 2010 a la fecha se ha ejercido en la entrega de despensas, útiles escolares, calzado y uniformes. O sea, en entregas en especie.

No obstante, el apoyo que más demandan las y los huérfanos y sus familiares son las sicoterapias. Los casos de estrés postraumático, la pérdida de sentido de la vida, el sentimiento de ser desechable, la falta de motivación para los estudios, la ausencia de la figura paterna, todo esto genera reacciones muy negativas en las víctimas: ansiedad, agresividad, inestabilidad emocional, depresión, fracaso escolar, tendencia a las adicciones, etcétera. Las sicoterapias son clave para apoyar la resiliencia de las y los muchachos, para construir seres humanos en las personas vulneradas por las violencias criminal y estructural.

Sin embargo, en este rubro, el servicio del Fanvi ha ido de más a menos. De 2010 a 2016 sólo se dieron 3 mil 96 terapias; en 2017, 619 y en 2019, únicamente 250. La demanda de atención ahí está, manifiestan las víctimas y sus tutores cuando se les entrevista. Pero no se les escucha. Cuando más se ofrecieron las terapias, tenían que recorrer largas distancias para acudir al lugar donde se les citaba o a horarios imposibles de conjugar con los de su trabajo. O se suspendía la atención después de unas cuantas sesiones. Y luego se ha desmontado poco a poco la infraestructura de apoyo sicosocial en las dependencias del gobierno del estado.

En cambio, el presupuesto del Fanvi se va casi todo a las ayudas en especie: de 2017 a 2019 se han gastado 63.8 millones de pesos; 38 por ciento de ellos en uniformes, 23, en despensas; 20 en calzado; 13 en chamarras y 5 por ciento, en lentes. Y siquiera esto fuera eficaz, pero los beneficiarios reportan que las entregas se hacen a destiempo, en horarios muy restringidos y en ubicaciones muy lejanas a sus domicilios, lo que hace imposible para muchos de ellos pasarlos a recoger. Además, en el caso de los proveedores de útiles y uniformes se discrimina a los beneficiarios del Fanvi para atender a los clientes directos que dejan mayor margen de ganancia.

Las deficiencias en el diseño y en la implementación del Fanvi lo que generan no son simples errores prácticos. Desembocan en una revictimización de las víctimas, dada la forma en que se les trata, los incumplimientos, los abandonos, señalan las organizaciones civiles que los apoyan. El gran peligro de esto es que el ciclo de violencia no se cierra mientras no se apoye a las y los huérfanos a reconstruirse como personas.

A esos olvidados de la guerra hay que atenderlos, acompañarlos, de lo contrario la violencia puede estar de nuevo en su camino. Como señala Michel Wieviorka: la violencia es la marca del sujeto contrariado, negado o imposible.