¿Por qué la furia de las muchachas?

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Por: Víctor M. Quintana S.

Van dos ocasiones en los últimos meses en que diversos colectivos de mujeres jóvenes se manifiestan con furia en el centro de Ciudad Juárez. Sus tajantes denuncias las han expresado en pintas sobre las paredes y el mobiliario del centro histórico –o lo que queda de él- de Ciudad Juárez. El sábado 5 de septiembre por la tarde mientras se manifestaban fueron reprimidas por la policía municipal de esta frontera. Fueron detenidas 28 mujeres, cuatro ellas menores de edad. Se les decomisaron sus teléfonos celulares, se les aisló, durante buen rato se les impidió hablar con su abogada.

De inmediato se organizó una protesta afuera de la Central Universidad, donde estaban detenidas, exigiendo su inmediata liberación y el castigo a quienes las reprimieron salvajemente. Sólo después de la intervención de numerosas personas e instancias de la sociedad civil así como la Comisión Estatal de los Derechos Humanos, se les dejó libres a las 4 de la madrugada mediante el pago de una multa de mil 100 pesos por persona.

Las autoridades municipales argumentan que no se puede permitir el vandalismo sobre el mobiliario urbano y los edificios del Centro Histórico. Eso lo analizaremos enseguida. Luego de muchas condenas instantáneas, facilonas, de bote pronto contra las acciones de las mujeres que se manifestaban, es muy importante preguntarnos: ¿Por qué la furia y la indignación de estas muchachas en sus protestas? ¿Afán destructivo? ¿Moda? ¿Desesperación?

Hay que considerar en primer lugar, que estamos tratando con una nueva generación de activistas feministas. La generación que, desde que tiene uso de razón vive con la realidad de los feminicidios en Ciudad Juárez, que empiezan a denunciarse en 1993. Pero no sólo: son hijas y tal vez nietas de mujeres que a lo largo de dos o tres generaciones han padecido el acoso, , la sobrecarga de trabajo que trae consigo laborar en la industria maquiladora, además de en muchos casos ser madres solteras o abandonadas y o maltratadas por su pareja. Si a esto se agrega que no pocas de ellas son ya estudiantes universitarias, resulta que comprenden mejor su experiencia cotidiana de la opresión sexista y de clase.

Ciertamente, el vigoroso movimiento de mujeres en Ciudad Juárez y en Chihuahua ha efectuado muy importantes denuncias desde 1993 y ha logrado importantes cambios en políticas públicas y en instituciones, pero para estos nuevos colectivos de mujeres, más jóvenes, esto no es suficiente, porque la violencia que padecen en todos los ámbitos las tiene “hasta la madre” a pesar de dichos avances.

Algunos datos:

A enero de este año el número de mujeres asesinadas en Ciudad Juárez y el Valle de Juárez desde 1993, año en que se empezó a documentar el feminicidio suman 2 mil 50. (El Diario, 22 de enero de 2020, nota de Hérika Martínez Prado) A junio de este año sumaban ya 106 mujeres asesinadas en esta frontera.

Pero el feminicidio, es el punto de llegada de una escalada de violencia: por ejemplo, seis de cada diez personas (56 por ciento) de las comunidades de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) y de la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH) han sufrido algún tipo de acoso u hostigamiento sexual en los últimos tres años, concluyó un estudio académico realizado en ambas instituciones. (Nota de Itzel Ramírez en La Verdad de Juárez)

Según el Ichmujeres, durante los primeros cinco meses de pandemia se disparó en un 93% la violencia a mujeres en el estado, en sus diversas formas: violencia psicológica, patrimonial, física, económica y sexual. En el estado los reportes de violencia de género superan 5 veces el promedio nacional. Más de una tercera parte de ellos se dan en Ciudad Juárez.

Según la Encuesta Nacional de la Dinámica de Relaciones en los Hogares (ENDIREH ), realizada por el Inegi en 2016 Chihuahua fue el estado con el más alto índice en violencia contra las mujeres en el ámbito laboral, con un 36.8%, arriba de la media nacional (26.6%). Aquí la participación de Ciudad Juárez es mayor por ser mucho mayor que el promedio estatal el número de mujeres ocupadas.

Las mujeres jóvenes que se manifiestan en Ciudad Juárez están hartas de la violencia hecha sistema que las machaca a ellas, a sus madres, a sus hermanas, a sus hijas todos los días. Seguramente reconocen los logros de las luchas de sus predecesoras, pero se desesperan al ver que con todo y cambios en leyes e instituciones, las violencias siguen ahí, tercas, en el hogar, en la calle, en la fábrica, en la escuela, en el antro. Y la gama de agresores es amplísima: parejas, padres, hermanos, jefes, compañeros de trabajo, operadores de autobuses, simples pasajeros o transeúntes, y, el colmo, elementos de los diversos cuerpos policíacos. Todo esto hace muy comprensibles la furia, la indignación, de las muchachas que se manifiestan.

Las buenas conciencias se rasgan las vestiduras por las pintas que hacen en el ya muy deteriorado Centro Histórico y en su mobiliario urbano…pero, veamos, ¿quiénes son los verdaderos agentes del deterioro de la imagen urbana de Ciudad Juárez? ¿No son acaso los especuladores con bienes raíces que dejan que sus fincas se deterioren al punto del derrumbe para no venderlas al precio inferior al que exageradamente piden? ¿No son los constructores que han edificado decenas de miles de viviendas de pésima calidad y en zonas alejadas y riesgosas? ¿No afean más la ciudad los pulpos del transporte urbano con sus armatostes contaminantes, obsoletos e inadecuados para un traslado digno? ¿O quienes hacen negocio con chatarra y llantas usadas importadas y hacen parecer nuestra ciudad el yonke de México? ¿Los líderes venales y convenencieros que se apropian y venden ilegalmente terrenos para vivienda en medio de arroyos y barrancos? Y detrás de todos ellos está el enorme conjunto de administradores y funcionarios públicos que los han tolerado, apoyado, y beneficiado con sus corruptelas por décadas.

No, las muchachas irreverentes que hacen pintas y gritan por las calles de la ciudad, no son el problema. Su furia puede ser más bien, el principio de la solución. .