En la era de los derechos humanos, las niñas, niños y adolescentes tienen derecho a una educación sexual integral

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Por: Aleida García Aguirre

Saludamos que la iniciativa presentada por la diputada Marisela Sáenz reconozca la existencia de un marco universal de derechos humanos al citar la Asamblea General de las naciones Unidas de 1948.

Efectivamente, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, formulada en un contexto de postguerra abrió la era del reconocimiento pleno a los derechos humanos. Esta Declaración fue clave para que los gobiernos nacionales iniciaran rutas legislativas y de política pública para garantizar el reconocimiento “de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”. La Declaración fue un acuerdo general para luchar globalmente contra las desigualdades, discriminaciones y deshumanización de las personas y comunidades basadas en su pertenencia étnica, religiosa, nacional, de género, por su opinión política, posición económica, o cualquier otra condición.

Queremos, en el mismo tono propuesto por la iniciativa que aquí nos convoca, señalar cuatro cuestiones.

1.En la era de los derechos humanos, inaugurada en 1948, los gobiernos están obligados a promover “mediante la enseñanza y la educación, el respeto a los derechos y libertades” de la persona. La obligación de los gobiernos está establecida dialógicamente con la comunidad internacional y está planteada en beneficio de personas (ciudadanas y no) que habitan su territorio. Esta es la primera cosa que queremos destacar, los derechos humanos son propios de cada persona y son inalienables. Esto quiere decir que, aunque haya instituciones obligadas a garantizar la protección y ejercicio de estos derechos, ninguna institución tiene prerrogativas para determinar cuáles derechos, en qué extensión o cualidad, deben ser ejercidos plenamente por cada persona.

2.En la era de los derechos humanos, la comunidad internacional ha redoblado esfuerzos para garantizar que ninguna condición cercenara la dignidad e igualdad de toda persona. Desde 1948 hasta la fecha, se han formulado nuevos acuerdos, convenciones y tratados internacionales para garantizar plenamente los derechos humanos de todas las personas. De esta manera, por ejemplo, la persistencia de formas de desigualdad y discriminación contra las mujeres, convocó a la comunidad internacional a ampliar la igualdad de condición de las mujeres en la “Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer”, ratificada por México en 1981. En esta misma tesitura, los niños, como individuos, fueron reconocidos como sujetos plenos de derechos humanos en la Declaración de derechos de los niños de 1959 y la Convención sobre los derechos del niño de 1989, ratificadas por México. Estos dos documentos señalan que los derechos son propios de cada niño o niña, pero deben ser garantizados por instituciones del estado y la institución familiar. Esta es la segunda cuestión que queremos señalar, los Estados deben velar siempre por el interés superior de las niñas, niños y adolescentes; deben llevar adelante legislación y políticas públicas dirigidas a garantizar que cada niña o niño ejerza plenamente sus derechos; entre estos, el derecho a la identidad y la vida libre de violencia.

3.La tercera cuestión que queremos señalar es que para que cada niño y niña ejerza sus derechos a la identidad y a una vida plena libre de violencia, es necesario establecer garantías sociales y construir contextos educativos apropiados para su formación individual y en colectivo. Un consenso internacional, es que la educación sexual integral en manos de profesionales de la educación es una herramienta más para que las niñas y niños tengan herramientas para vivir una vida saludable en el pleno reconocimiento de su cuerpo, libre de los tabús que alimentan la violencia contra ellos, bien en la infancia o la adolescencia. Una niña, un niño que, desde la más temprana edad, reconoce su cuerpo como propio, tiene más posibilidad de reconocer situaciones de riesgo en su relación con los mayores a su alrededor. Una niña, un niño que reconoce su cuerpo como plenamente propio, tiene más herramientas para cuidarse a sí mismo, especialmente en situaciones de riesgo en la infancia y a lo largo de su vida. Es por esto que la educación sexual integral ha demostrado ser una ruta efectiva para reducir el embarazo y las violencias de género durante la adolescencia. Pero también, y esto nos parece igualmente valioso, una niña, un niño que reconoce su cuerpo como propio, que reconoce su autonomía desde la infancia, tiene mayores herramientas para vivir una vida adulta plena, con placer, con relaciones de amistad, afectivas y sexuales respetuosas.

4.En cuarto lugar, queremos señalar que cada niña, cada niño tiene derecho a la identidad: identidad nacional, étnica, religiosa, sexo-genérica. Nuestras sociedades están desbordadas de mandatos sociales que jerarquizan a las personas y los grupos sociales; por ejemplo, las niñas crecen en una sociedad que las bombardea con la noción de que las labores de cuidado colectivo son naturales a las personas que nacen con útero, vagina. Esto, en la práctica, coarta el derecho a que cada niña a construir una identidad propia, que dialogue con las posiciones socialmente tradicionales y el ejercicio pleno de su potencialidad. La educación sexual integral, dirigida por profesionales, está encaminada a que cada niña, niño, reconozca lo que socialmente se espera de ella, él, pero también reconozca sus deseos, aspiraciones, anhelos.

5.Finalmente, queremos destacar lo que ya hemos señalado implícitamente: la educación sexual integral, en manos de profesionales, es una constelación de saberes, reflexiones, prácticas que coadyuvan para que cada niña, cada niño, como sujetos de derechos, vivan una vida plena en su infancia, adolescencia y en la vida adulta. Es una herramienta clave para vivir una vida libre de violencia por razones de identidad de sexo o género. No se reduce a educación para la sexualidad plena y responsable, tampoco se reduce a la educación sobre reproducción, aunque estas dos sean clave.

Educación sexual integral para vivir una vida libre de violencia. Educación sexual integral para vivir una vida plena y saludable. Educación sexual integral para fomentar relaciones basadas en el respeto y el cuidado.

Alianza Opositoria al Pin Parental

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