Por: Felipe Villa
Este 8 de marzo de 2026, las calles de México, desde el Paseo de la Reforma en la capital hasta la Plaza del Ángel aquí en Chihuahua, vuelven a teñirse de morado y, a primera hora, muchas mujeres habrán recibido ya las clásicas felicitaciones o flores, pero en un país donde ser víctimas de la violencia y la desigualdad tienen el rostro de mujer, detenernos en la celebración pasiva no solo es insuficiente, es una omisión a la realidad y el Día Internacional de la Mujer no es una celebración, es un recordatorio de una deuda histórica y una agenda urgente que el Estado y la sociedad mexicana aún no han saldado.
Acoger el discurso de la “esencia femenina” o de la “abnegación” es cómodo, pero las cifras oficiales nos obligan a salir de esa zona de confort y, para comprender por qué el 8M es sinónimo de furia, exigencia y memoria en México, basta mirar los datos de frente.
1.La irrupción de la violencia feminicida
«Ni una más» no es un grito vano. Es la respuesta directa a una crisis de inseguridad que no da tregua.
*En promedio, en México asesinan a más de 10 mujeres por día.
2.El trabajo invisible que sostiene al país
Muchas veces se habla del aporte de las mujeres a la economía, pero pocas veces se habla de la cantidad de trabajo no remunerado que ellas realizan.
3.La brecha salarial: ganar menos por ser mujer
Y es que, incluso cuando logran insertarse en el mercado laboral formal, el piso no está parejo.
*En México, la exigencia del 8 de marzo no es por privilegios. Busca, simplemente, que el género no sea una condena a la precariedad económica, a la impunidad o, en el peor de los casos, a la muerte.
De la ira a la reestructuración
Sentir empatía al ver las noticias es un primer paso, pero la empatía sin políticas públicas eficaces es letra muerta porque no se demuestra el verdadero respeto con campañas de marketing en marzo, sino con presupuestos asignados a refugios de víctimas de violencia extrema, con sistemas nacionales de cuidados y con auditorías para garantizar la equidad salarial en las empresas. También exige un cambio profundo en el pacto social y exige corresponsabilidad masculina en las tareas del hogar y romper el silencio sobre la violencia machista que se normaliza en la vida cotidiana.
Llegará el día en que el 8 de marzo sea, por fin, una conmemoración histórica del pasado superado. Sin embargo, en nuestro México de 2026, ese horizonte todavía se percibe lejano.
Hoy marchan y alzan la voz, no por gusto a la confrontación, sino por la urgencia de sobrevivir y prosperar. El ocho de marzo seguirá siendo una jornada innegociable de resistencia y exigencia hasta que ser mujer en México no implique luchar el doble por obtener la mitad, o vivir con el miedo constante a no regresar a casa.
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