







En el marco del Día Internacional de la Lengua Materna, la Escuela Primaria Indígena Kali Rosakame, ubicada al interior del asentamiento Oasis en la ciudad de Chihuahua, conmemoró este sábado 21 de febrero con un programa cultural que reunió a distintas generaciones en torno a la defensa y preservación del rarámuri y las lenguas originarias.
La celebración contó con la visita especial de niñas, niños, docentes y familias de la Escuela Primaria Indígena Clemente Cruz Huahuichi, proveniente de Tónachi, en el municipio de Guachochi, quienes compartieron danzas tradicionales, vestimenta típica y costumbres que, como destacaron los anfitriones, se mantienen “intactas” en su comunidad.
Durante el evento, realizado en las propias instalaciones de la Primaria Kali Rosakame, Patricio Rodríguez Palma subrayó que en Chihuahua existen cuatro pueblos originarios y que uno de ellos es el rarámuri, al cual pertenecen las comunidades participantes.
“Estamos aquí conmemorando la lengua materna de nuestros pueblos originales. Queremos hacer las cosas como se debe y dar a conocer lo que nos distingue, que es la lengua”, expresó, al agradecer la presencia de la escuela invitada del medio rural.
Rodríguez Palma reconoció que, si bien la pérdida de la lengua materna no puede atribuirse únicamente a las comunidades, sí existe una corresponsabilidad tanto de los pueblos como de las autoridades de los distintos niveles de gobierno. Señaló que muchas veces el discurso oficial no se traduce en acciones concretas para fortalecer la educación indígena.
Como parte de la jornada, tras las presentaciones de baile se llevó a cabo una mesa de análisis y reflexión en tres ejes. Un maestro de educación indígena abordó desde una perspectiva lingüística cómo se está perdiendo la lengua materna incluso dentro de las propias escuelas; la maestra Elena Rojo habló sobre la formación docente y la construcción de ciudadanía en educación indígena; y la jefa de departamento propició un diálogo entre una niña del Oasis y un alumno de la escuela de Tónachi, para evidenciar en la práctica la esencia cultural que los distingue.
El llamado fue claro: reorganizarse como pueblos y reforzar el orgullo por la identidad. Rodríguez Palma consideró que actualmente hay una mayor conciencia sobre la necesidad de rescatar la lengua, y destacó la participación de madres de familia, niñas y jóvenes en las danzas como un mensaje de responsabilidad para las nuevas generaciones.
Pateicio dirigió un mensaje tanto a la comunidad indígena como a las autoridades: “Sigamos sintiéndonos orgullosos de nuestra lengua y nuestras costumbres. Hagamos todo lo posible por organizarnos, tocar puertas y exigir a las instituciones que cumplan. Y si no lo hacen, como pueblo somos responsables de seguir adelante para que esto se conserve”.








