Por: Profr. Gerardo Castillo Terrazas
El próximo 9 de abril se cumplen cuatro años de la toma de posesión del Comité Ejecutivo de la Sección 42 del SNTE, encabezado por Manuel Quiroz Carbajal. Una gestión que pasará a la historia como la primera elegida mediante voto universal, rompiendo con el viejo modelo de designación. Sin embargo, cuatro años después, la pregunta que resuena en los pasillos, las escuelas y los planteles educativos es una sola: ¿Se cumplieron las expectativas que generó el cambio?
El sentir de la base
Hay algo que no puede ignorarse: el desencanto. No es un desencanto partidista ni mezquino. Es el desencanto de quienes esperaban que el cambio trajera algo más que gestiones administrativas. Es el desencanto de quienes soñaron con una dirigencia que defendiera al docente antes de ver por intereses propios. Es el desencanto de quienes veían en el nuevo comité una esperanza de transformación profunda, y encuentran en su lugar una administración más del statu quo.
La silla de la Sección 42 desgasta. La prueba está en que hasta 15 titulares salieron del Comité Ejecutivo por diversas razones. ¿Es esta la democracia sindical que soñamos?
Los perfiles que necesitamos
Ante el proceso de renovación que se avecina —aunque sin fecha definida—, es momento de reflexionar sobre qué perfil debe tener quien aspire a dirigir la Sección 42. No basta con haber sido parte de comités anteriores. No basta con conocer los pasillos del sindicato. No basta con tener “experiencia” si esa experiencia se traduce en más de lo mismo.
Los de siempre y los nuevos liderazgos
El tablero político de la Sección 42 se mueve. Viejos conocidos alzan la mano de nuevo. Algunos vienen del actual Comité, otros de comités pasados, otros de grupos que han estado en la periferia… la lista es larga.
Muchos de ellos tienen experiencia. Algunos tienen logros que exhibir. Otros tienen errores que explicar. Pero todos tienen algo en común: han estado ahí. Han sido parte del sistema. Han ocupado cargos, han recibido beneficios, han sido “los de adentro”. Y eso, en este momento histórico, puede ser más un lastre que una virtud.
La base magisterial clama por nuevos liderazgos. Por rostros frescos, por ideas renovadas, por energías que no estén contaminadas por años de disputas internas, de alianzas tácticas, de compromisos con grupos de poder.
Esto no significa que los “viejos” no tengan nada que aportar. Su experiencia puede ser valiosa. Su conocimiento puede ser útil. Pero debe ser eso: aporte, no monopolio. Consejo, no control. Experiencia al servicio de los nuevos liderazgos, no liderazgos eternos que ahogan cualquier intento de renovación.
Los de siempre deben entender que su ciclo puede haber terminado. Que el magisterio necesita oxígeno. Que la democracia sindical significa, precisamente, alternancia. Que el verdadero liderazgo se demuestra también sabiendo ceder el paso cuando el momento lo amerita.
La convocatoria que esperamos
Aún no hay convocatoria. Aún no hay fechas. Todo queda en el terreno de las conjeturas: unos dicen junio-julio, otro septiembre, otros hablan de que el proceso se podría extender. Mientras tanto, las piezas se mueven, las alianzas se tejen, los grupos se posicionan.
Pero más importante que la fecha es el contenido. La convocatoria debe garantizar un proceso democrático, transparente, equitativo. Debe asegurar que todos los aspirantes tengan las mismas oportunidades. Debe establecer reglas claras desde el inicio. Debe ser producto del nuevo Reglamento de Elecciones, no de arreglos bajo la mesa.
La base magisterial debe estar atenta. Debe exigir que el proceso sea limpio. Debe participar, no solo votando, sino vigilando, cuestionando, proponiendo. La democracia sindical no se construye cada cuatro años en las urnas: se construye todos los días con la participación activa de los agremiados.
Un llamado a la reflexión
Cuatro años después de aquella histórica jornada en que el magisterio estatal ejerció libremente su voto por primera vez, la pregunta sigue en el aire: ¿fue el cambio real? La respuesta, como todo en la vida, es compleja. Hubo avances, sí. Hubo logros que reconocer. Pero también hubo decepciones, pendientes, oportunidades perdidas.
El momento actual es de definición. El magisterio de Chihuahua tiene la oportunidad de demostrar que aprendió de la experiencia. Que no se dejará seducir por promesas vacías. Que exigirá perfiles sólidos, propuestas claras, compromisos verificables. Que no votará por el menos peor, sino por quien realmente represente sus intereses.
Los maestros y maestras de Chihuahua merecemos una dirigencia sindical a la altura de nuestra dignidad. Merecemos líderes que nos representen con orgullo, que defiendan nuestros derechos con valentía, que construyan un sindicato del que todos podamos sentirnos orgullosos. El momento de exigirlo es ahora. El lugar es aquí. La voz es la nuestra.
Chihuahua, febrero de 2026
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