Accesorios de lujo del gobierno

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Por: Patricio Rodríguez Palma

En Chihuahua aprendimos que la palabra accesorios no tiene nada que ver con aretes ni con cinturones. Aquí significa recargos, multas y gastos de ejecución: un castigo fiscal que crece como bola de nieve y que, en no pocos casos, termina costando más que el adeudo original. Hay historias de pagos que superan los 19 mil pesos solo para poder revalidar un vehículo. Accesorios, pues, de alto calibre.

El detalle es que este cobro no cae del cielo. Tiene nombre, apellido y firma política. María Eugenia Campos, gobernadora del estado, es la responsable última de que este mecanismo siga vigente, afinado y puntualmente cobrado. El Código Fiscal da el marco, sí, pero la voluntad de mantener a Chihuahua como uno de los estados más caros en derecho vehicular es una decisión política. Y se sostiene con una sonrisa administrativa y un portal que te invita a “consultar tu adeudo” como quien revisa la cuenta del restaurante antes del susto.

La pregunta incómoda es inevitable: ¿cuánto de ese dinero regresará a los chihuahuenses en forma de obras reales? No de discursos, no de inauguraciones con listón, sino de carreteras dignas, hospitales que funcionen, agua en la sierra y servicios básicos donde hoy no llegan. Porque los accesorios se cobran con rigor suizo, pero las explicaciones llegan con puntualidad latinoamericana: vagas, tardías y sin desglose claro. Transparencia, esa palabra que siempre está en campaña y nunca en el recibo.

Mientras tanto, la imagen pública es otra. Viajes al extranjero, paseos por el Vaticano, fotos que evocan más turismo de élite que gobierno de territorio. En el imaginario colectivo aparecen bolsas Chanel y Balenciaga —símbolos, al final— que contrastan con caminos de terracería y comunidades serranas olvidadas. No es que viajar sea pecado; es que gobernar desde la comodidad del aeropuerto suele nublar la vista de quienes viven donde ni señal hay.

La sierra y los pueblos indígenas siguen siendo nota al pie. Y las mujeres, paradójicamente, tampoco parecen estar en el centro. La sororidad se invoca en los discursos, pero se diluye cuando se trata de empatía real, de políticas sensibles, de escuchar a quienes cargan con violencia, pobreza y abandono. Ser mujer no garantiza gobernar con perspectiva de género; solo lo vuelve más evidente cuando no ocurre.

A la gobernadora le queda un año. Uno. El reloj corre y el pronóstico político no es optimista para su partido: el PAN parece encaminado a perder la elección. Tal vez por eso el cobro es implacable: hay que exprimir mientras se pueda, no vaya a ser que el próximo gobierno cambie las reglas del juego y quite estos “accesorios” que pesan más que el propio vehículo.

Programas como Borrón y Cuenta Nueva aparecen cada inicio de año como el gesto magnánimo que perdona lo que antes castigó con saña. Una especie de indulgencia fiscal: primero te ahogo, luego te salvo. Eso sí, siempre y cuando pagues.

En Chihuahua, los accesorios no adornan: aprietan. Y mientras al ciudadano se le pide cumplir con puntualidad alemana, la pregunta sigue sin respuesta clara: ¿dónde está el beneficio tangible de tanto cobro? Tal vez esté viajando, tal vez esté guardado en una bolsa muy fina ó en las próxima elecciones.

“Chihuahua, Guachochi decidan bien este 2027”

Tónachi Guachochi Chih a 8 de Febrero del 2026