La reforma electoral y la deuda con los pueblos originarios de Chihuahua

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Por: Patricio Rodríguez Palma

En Chihuahua, hablar de reforma electoral sin mencionar a los pueblos originarios es repetir la historia de siempre: decidir sobre territorios y personas que casi nunca son tomadas en cuenta. No es una cuestión simbólica ni cultural; es una realidad política y demográfica que se ha ignorado por demasiado tiempo.

La mayor concentración de población originaria del estado se encuentra en la Sierra Tarahumara, particularmente en municipios como Guachochi, Guadalupe y Calvo, Balleza, Urique y Bocoyna. No es menor que el Distrito Federal 9, con cabecera en Parral, sea el que registra mayor presencia indígena, ni que en el ámbito local destaquen el Distrito 22 de Guachochi y el 13 de Guerrero. Ahí, donde la población originaria es mayoría, la representación sigue siendo insuficiente.

Por eso, frente a la reforma electoral propuesta por la Dra. Claudia Sheinbaum, la expectativa es clara: que no sea una reforma ciega a esta realidad. No se pide trato preferencial ni concesiones especiales. Lo que se exige es el reconocimiento político de comunidades que históricamente han sido contadas, pero no escuchadas; medidas, pero no consideradas.

Conviene no olvidar por qué estas comunidades viven hoy en la sierra. No fue una elección romántica ni una herencia natural. Los pueblos originarios de Chihuahua habitaban la llanura y los valles; fueron desplazados, arrinconados y empujados hacia las zonas más agrestes conforme avanzó la colonización, el despojo y la apropiación del territorio. La sierra fue refugio, no punto de partida.

Hoy, esas mismas regiones concentran población, identidad y resistencia, pero no poder político. La reforma electoral tiene la oportunidad —y la responsabilidad— de corregir esa omisión histórica, sobre todo en los municipios, distritos federales y locales donde la mayoría de la población es originaria.

Una democracia que no refleja a quienes la habitan es una democracia incompleta. Si la reforma no reconoce a los pueblos originarios de Chihuahua, no estará transformando nada: solo estará maquillando el mismo abandono de siempre.

Tónachi Guachochi Chih a 1 de Febrero del 2026