Opinión por: Arturo Medina
La reciente confirmación de la alianza entre Morena, el PT y el Partido Verde rumbo a las elecciones de 2027 marca un capítulo preocupante para Chihuahua. Más allá de las estrategias políticas, este acuerdo refleja una suma de fuerzas que históricamente no han representado los intereses de nuestra gente y que, en lugar de ofrecer soluciones, acumulan errores y desaciertos. Es necesario mirarlo con claridad: esta es la alianza de la derrota para nuestro estado.
En primer lugar, Morena carga con un rechazo profundo en Chihuahua. Su gestión a nivel nacional ha sido señalada por la mala administración, el trato desigual hacia los estados del norte y la falta de inversión que nuestra tierra necesita. El abandono presupuestal, el descuido al campo y la falta de mantenimiento de las carreteras son síntomas de un gobierno que no entiende las prioridades de quienes trabajamos día a día para sacar adelante a nuestras familias. Apoyar a Morena en estas condiciones sería ignorar la voz de la ciudadanía.
El Partido del Trabajo, por su parte, sigue siendo la representación del servilismo político. Siempre ha actuado como satélite de intereses ajenos, beneficiando a unos cuantos en lugar de buscar el bien común. Su participación en esta alianza no fortalece la propuesta electoral; por el contrario, refuerza la percepción de que los pequeños grupos privilegiados siguen marcando la agenda sin rendir cuentas a la sociedad.
El Partido Verde, finalmente, muestra la ausencia de una agenda sólida que conecte con los chihuahuenses. Sus campañas y promesas han carecido de arraigo y visión ciudadana, limitándose a ocupar espacios sin ofrecer alternativas reales para el desarrollo económico, social o ambiental del estado. Esta alianza, entonces, no representa un proyecto integral ni un plan de gobierno para Chihuahua, sino una suma de intereses fragmentados y poco convincentes.
Frente a este panorama, la respuesta de los chihuahuenses debe ser clara: unidad y compromiso con el futuro de nuestra tierra. No podemos permitir que intereses partidistas o ambiciones personales pongan en riesgo la paz, la seguridad y la prosperidad que tanto nos ha costado construir. Chihuahua merece un proyecto que convoque a todos los sectores, desde el campo hasta la industria, desde los municipios urbanos hasta las comunidades rurales.
El llamado es a cerrar filas en torno a la justicia, la transparencia y el crecimiento. Es momento de que empresarios, trabajadores, agricultores, académicos y ciudadanos conscientes se unan para definir un rumbo que priorice el bienestar colectivo y no los caprichos de un partido o de sus aliados oportunistas. La democracia se fortalece con la participación activa y crítica, y hoy Chihuahua necesita precisamente eso.
No se trata de confrontar por confrontar, sino de proteger lo que nos pertenece: la tranquilidad de nuestras familias, la seguridad de nuestras calles y el derecho a un gobierno que gobierne con eficacia y honestidad. La alianza Morena-PT-Verde representa, por sus antecedentes, la puerta abierta a más autoritarismo, más violencia y más corrupción. No podemos darnos ese lujo nuevamente.
Chihuahua tiene la oportunidad histórica de elegir un futuro diferente. Este 2027 no es solo otra elección: es la posibilidad de consolidar un proyecto incluyente, responsable y centrado en las necesidades reales de nuestra gente. Quienes valoramos la paz, el progreso y la justicia debemos levantar la voz, unir esfuerzos y asegurarnos de que la alianza de la derrota no encuentre camino en nuestro estado. El futuro de Chihuahua no se negocia; se defiende con unidad y compromiso.




